La vida en las ciudades dispara las alergias

Publicado 21 abril 07 07:47 | todosunidos1 

Ocho de cada 10 enfermos vive en urbes - La contaminación y la higiene, claves del aumento

Marta Borcha

Madrid- Los expertos en alergia prevén este año una primavera «muy intensa». Los alérgicos al polen ya han empezado a sufrir las consecuencias, pero quienes peor lo pasarán serán los residentes en ciudades. Cuanto mayores son los índices de contaminación en las urbes, más casos de alergias respiratorias se producen en los ciudadanos. Una realidad que causa la muerte de 16.000 españoles al año, según fuentes del Ministerio de Medio Ambiente, una cifra que supera la de los fallecidos en accidentes laborales o de tráfico.
Sólo en la capital, desvelan desde Ecologistas en acción, 2.000 madrileños mueren cada año de manera prematura por la contaminación atmosférica producida fundamentalmente por los coches. «La situación se ha ido agravando desde 1999 y podría ser alarmante. El fenómeno que afecta en mayor medida a los niños menores de 10 años, que han tenido un aumento en la mortalidad y en ingresos hospitalarios», lamenta el portavoz de transportes de este organismo, Paco Segura.
Los pueblos, casi a salvo
Tal y como revela el informe de Alergológica 2005, elaborado por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) y basado en la información de los pacientes atendidos en las consultas, el lugar de residencia determina la predisposición a sufrir un cuadro alérgico. El 82 por ciento de los enfermos que padece algún tipo de alergia procede de entornos urbanos, frente al 18 por ciento de los alérgicos que vive en ambientes rurales.
Picor en los ojos, congestión nasal, lagrimeo y estornudos son los síntomas de la rinitis, una patología que, como aseguran los expertos, se desvincula poco a poco de la primavera para juntarse con los usos y costumbres del mundo occidental. «Estudios clínicos han demostrado que la incidencia de este trastorno va de la mano de la contaminación ambiental y el crecimiento del nivel higiénico y sanitario de las ciudades», explica el jefe del servicio de Alergología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Moisés Sánchez Cano. El primero de estos factores guarda relación con la popularización de los motores diesel y la emisión de hidrocarburos poliaromáticos de las grandes factorías industriales: «Las partículas procedentes de su combustión se asocian al polen, aumentando la agresividad de este alérgeno». Por otra parte, el exceso de la higiene «contribuye a que el sistema inmunológico se haga perezoso y produzca anticuerpos que propician las alergias».
No es de extrañar, por ello, que uno de cada dos pacientes que acude por primera vez a una consulta de alergología sufra rinitis alérgica, según el informe de la Seaic. La rinitis, con un 55,5 por ciento es el diagnóstico más frecuente en las consultas de los alergólogos, seguido del asma bronquial (28 por ciento), la alergia a medicamentos (14,7 por ciento), la urticaria (11), alergia a alimentos ( 7,4 ), la dermatitis de contacto (4,2) y la atópica (3,4 por ciento). En el último puesto se encuentra la alergia por picadura de abejas y avispas, (1,5 por ciento).
En los últimos años, el número de pacientes ha aumentado. La alergia a alimentos, por ejemplo, se incrementa a pasos agigantados. En nuestro país, casi uno de cada 10 menores de cuatro años y el 2 por ciento de los adultos sufre alguna reacción alérgica a alimentos. Tamim Malek, jefe de la unidad de alergología del Hospital general de Castellón, explica las causas: «Este incremento avanza en la misma progresión que lo hace el número de alérgicos al polen debido a que la alergia alimentaria está estrechamente ligada a la sensibilización a ciertos pólenes ya que comparten alérgenos comunes. Es lo que denominamos reacción cruzada.
Junto a pérdida de calidad de vida, la alergia es una patología que está cada vez más relacionada con los accidentes de tráfico. Según los especialistas, se estima que el 2 por ciento de los accidentes mortales al volante y el 5 por ciento de los siniestros con heridos están relacionados con alguna alergia. «Los síntomas alérgicos y muchos tratamientos que se emplean para controlar la enfermedad disminuyen la capacidad de conducción», explica el doctor Ignacio Jáuregui, médico del servicio de alergología del Hospital de Basurto de Bilbao.
La rinitis alérgica implica con frecuencia dificultades para la visibilidad y pérdida del control del vehículo. «El picor o cosquilleo en la nariz produce estornudos y suelen ser más de cinco por minuto. Se estima que un único estornudo en un conductor que circula a 90 kilómetros hora le impide controlar su coche durante 25 metros. Si el coche circula a 120 kilómetros por hora, una sucesión de 15 estornudos impediría su manejo durante más de 650 metros», destaca el alergólogo.
Otras patologías alérgicas como la urticaria o la dermatitis atópica, caracterizadas por el picor de la piel, también pueden ser peligrosas a la hora de conducir. «Los picores se intentan aliviar con el rascado, lo que puede obligar a movimientos anormales de pies con pérdida de control de los pedales». Junto a todo ello, matiza Jáuregui, está el riesgo añadido de la toma de antihistamínicos para controlar los síntomas. Muchos de estos medicamentos inducen al sueño y alteran las funciones psicomotoras.

http://www.larazon.es/noticias/noti_soc3457.htm

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