De Navaleno hacia Soria encontraréis un camino hacia Talveila (o también otro desvío pasada la iglesia hacia Muriel). Este camino discurre entre pinares y podremos ir hacia La Fuentona. Os recomiendo que os llevéis unos prismáticos para ver los buitres posados en la roca caliza.
La Fuentona tiene un punto mágico y misterioso y si queréis ver lo que se esconde en su interior podréis ir al centro de interpretación de la Naturaleza, camino hacia Calatañazor.
Ya hemos pasado de los pinares a los campos. Llegamos al Sabinar de Calatañazor y un poco más adelante llegamos a Calatañazor (pueblo excesivamente turístico, para mi gusto).
Os invito a llegar a Rio Seco de Soria, más tranquilo y con mayor esencia de pueblo soriano.
Entre las vías crece ahora la hierba y las antiguas estaciones rezan mensajes de los nuevos tiempos, pintados con spray.
Piso con mi coche los antiguos raíles cuando vuelvo de Calatañazor, a través de la venta nueva y voy a salir de nuevo a la N-234.
Quén sabe qué aventuras y desventuras contarían las personas que iban en ese tren.
Quizás, como en regreso al futuro, hubiera estado muy bien poder pasar un tiempo en esa antigua Soria.

Todos somos hijos del vaivén, cazador cazado,...
Las mañanas sorianas hacen pensar en el descanso del guerrero. La bruma se disipa sobre la tierra con la presencia del primer sol.
Correr entre los campos, caminar por los senderos prácticamente sin encontrar otras huellas, rodar por los ríos en los que en algún otro tiempo había más agua.
Campos de Almanzor, si hubiéramos nacido en otra época, pensaríamos lo mismo que ahora. Todo cuesta.
Por eso volveré a Soria, a reposar, después de librar las batallas de mi día a día.

Las fiestas sorianas basan actualmente su diversión en bailar, reír, beber,... al ritmo de una orquesta que cada ayuntamiento contrata...
En aquél verano me invitaron a una fiesta, en un pueblo que no recuerdo... lo que sí recuerdo es que aquél pueblo no debía tener más de doscientos habitantes durante el año y tuve que dejar mi coche a las afueras del pueblo, en una cuneta, casi casi encima del campo.
En aquél pueblo las casetas, a lado y lado, daban de beber a todos, las peñas iban a tope... y la orquesta tocaba una canción del último de la fila de los 90.
Bebí bastante y al día siguiente me desperté con los disparos de los cazadores de perdices...
Me gustaría recordar el nombre de aquél pueblo de soria... ¿o era ya de Burgos?
El café con leche me espabiló y me recordó que al día siguiente había que volver al trabajo... en la vieja fábrica me esperaban.

Ya no entraré más por aquella puerta vieja. Ya no oleré más a serrín ni veré más aquellas viejas máquinas amortizadas sobradamente que han ayudado a alimentar a generaciones y han hecho saltar algún que otro dedo.
Ahora todo es automático. Seguro que han eliminado puestos de trabajo. La gente del pueblo dice que ya nada será igual. Ha perdido su encanto, la vieja fábrica. El frío invierno y el frío matutino que se colaba por las ventanas. Ahora hay calefacción en toda la nave. Pero también menos calor humano.
Todo se rinde a la productividad de las multinacionales. Y la gente del pueblo no lo entiende. Aquellos tiempos eran otros. Más sencillos.

Triste y cansado, con los viejos amigos.... el vino y el cantar....
Fue este verano, tuve el honor de enseñar a unos buenos amigos las tierras de Soria.
Las excursiones típicas: Cañón Río Lobos, San Leonardo, Navaleno, Vinuesa, Canicosa de la Sierra, La Fuentona, Calatañazor, Rio Seco de Soria, parada obligada en El Burgo de Osma, Muriel Viejo, Muriel de la Fuente, el Amogable, Salduero, Duruelo, Ucero y su Castillo....
Gastronómicamente hablando, allí donde voy siempre: el Hachero, Alvargonzález, en el Burgo también hicimos fonda, morcillitas de arroz, torreznos, salchichas trufadas y otros manjares...

Decía que no había bebido vino hasta sus 60 y 5 y es que este hombre de gran corazón explica historias de su juventud mucho mejor con una copita de vino.
Su purito después de la comida le ayudaba a explicar historietas por esas tierras frías en invierno.
El tiempo modifica las historias y a ciencia cierta las historias de Jesús parecen increíbles pero las escuchas con cariño y son sorprendentes.
Jesús vuelve a media tarde a echar el vino y atiende los movimientos de ficha de dominó de sus colegas de setenta y tantos a los cuales conoce bien porque en un pueblo de no más de 2.000 habitantes se sabe todo de todos.
Nos vemos una vez al año y allí le encuentras, en el mismo sitio, igual, con su andar cansado. Te saluda como si le hubieras visto ayer y vuelve a rememorar sus viejos tiempos.
Dice que un día de estos dejará de beber, pero entonces ya no será el mismo.
Qué grandeza del destino haberte conocido !

Volvíamos tarde... de una senda antigua de un pasado remoto anhelando escaparnos
Otoño. Esa fantástica sensación de las primeras tardes grises y frescas que invitan a compartir ratos con amigos y reflexionar sobre los meses del año ya pasados, con la vista hacia el fin de año.
Viajé a la parte este de Soria y encontré huellas de Ignitas, sentí ese frescor en el cuerpo y pisé hojas de Otoño, como las de la foto.

Después, de vuelta al asfalto no recuerdo más que en mi mente ese olor de esos chopos mojados, de la bruma del despertar y de los campos húmedos por el rocío.
Sensaciones únicas, momentos únicos. El otoño me recordará el camino recorrido y dará paso a nuevas estaciones. Quizás ahora entiendo qué es el otoño para algunas personas a las que su senda cada vez se hace más estrecha y que esperan el invierno, que está muy cerca.
"Llévame esta noche a San Leonardo, iremos un ratito a pie y otro caminando..."
La canción no era exactamente así, pero una vez que empiezas a conducir por la N-234 desde Soria a Burgos parece como si el tiempo se detuviera. Atrás dejas la ciudad, el asfalto, ¿dónde aparco?, las zonas azules y verdes, el bullicio, la suciedad, la mezquindad y otros atributos urbanos.
Es a partir de la rotonda que indica la N-234 cuando dejamos atrás trajes, corbatas, directores de empresa, tecnología y nos encontramos pinos, riachuelos, buitres, setas (cuando es temporada), álamos, sabinas y otras especies autóctonas.
Allí encontramos gentes que salen a tomar su vino por la tarde, como de costumbre, sus torreznos y charlan de antiguas costumbres. Ese olor a madera es el que más me recuerda que efectivamente ya estás en la zona de Pinares de Soria.

En aquel verano el pueblo de San Leonardo recuerdo que estaba bastante lleno.
Después del trabajo recorría los alrededores con mi viejo Ford y los fines de semana me mezclaba con los jóvenes del pueblo, que iban de discoteca (o disco-pub) en bar.
Eso sí era una juerga (basada en rondas). Eso sí era beber...
También recuerdo la antigua fábrica de puertas (ahora ya nueva) y su olor característico al entrar, ese olor a madera que comentaba. Tenía un aire, cómo decirlo, rancio, pero lo digo cariñosamente... allí mucha gente pasaba su vida en su puesto de trabajo, ocho horas al día por lo menos haciendo las mismas tareas...
Yo iba de espectador como aquél que dice, mi historia fue de 3 meses, lo que duró el verano. Suficiente para recordar con cierta nostalgia aquellos días del 98.
El mundo es muy pequeño.- de la bajada del Cañon Río Lobos nos encontramos un viajero con su hija en el castillo de Ucero.- Resultó que el viajero era de nuestra ciudad (Barcelona) y entablamos una conversación única e irrepetible. Nos recomendó ir a los pueblos colindantes de Ucero. Adjunto una imagen de Ucero, desde el Cañón Río Lobos.

Nos comentó la necesidad de que los jóvenes tenemos que asegurar la continuidad de muchos pueblos de Soria, prácticamente deshabitados ya. Sólo quedan ancianos y jubilados. Los jóvenes marchan.
Este Blog acaba de empezar. A todos aquellas personas que quieran enviarme sus experiencias por tierras sorianas, no duden en hacerlo.
Podéis usar mi correo electrónico, sergipena@terra.es
Salud y alegría para todos.
Sergio
