En la nueva Fábrica
Ya no entraré más por aquella puerta vieja. Ya no oleré más a serrín ni veré más aquellas viejas máquinas amortizadas sobradamente que han ayudado a alimentar a generaciones y han hecho saltar algún que otro dedo.
Ahora todo es automático. Seguro que han eliminado puestos de trabajo. La gente del pueblo dice que ya nada será igual. Ha perdido su encanto, la vieja fábrica. El frío invierno y el frío matutino que se colaba por las ventanas. Ahora hay calefacción en toda la nave. Pero también menos calor humano.
Todo se rinde a la productividad de las multinacionales. Y la gente del pueblo no lo entiende. Aquellos tiempos eran otros. Más sencillos.

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