Jesús y el vino
Decía que no había bebido vino hasta sus 60 y 5 y es que este hombre de gran corazón explica historias de su juventud mucho mejor con una copita de vino.
Su purito después de la comida le ayudaba a explicar historietas por esas tierras frías en invierno.
El tiempo modifica las historias y a ciencia cierta las historias de Jesús parecen increíbles pero las escuchas con cariño y son sorprendentes.
Jesús vuelve a media tarde a echar el vino y atiende los movimientos de ficha de dominó de sus colegas de setenta y tantos a los cuales conoce bien porque en un pueblo de no más de 2.000 habitantes se sabe todo de todos.
Nos vemos una vez al año y allí le encuentras, en el mismo sitio, igual, con su andar cansado. Te saluda como si le hubieras visto ayer y vuelve a rememorar sus viejos tiempos.
Dice que un día de estos dejará de beber, pero entonces ya no será el mismo.
Qué grandeza del destino haberte conocido !

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