Crónica - Escuela de Verano 2009 - Tenerife
ESCUELA DE VERANO DE AIKIDO 2009
Este año hemos asistido a la celebración en Puerto de la Cruz de la Escuela de verano de Aikido, los días 31, 1 y 2 de agosto, impartida por sensei Eduardo Hdez. 4º Dan de la A.E.T.aiki. Como su propio nombre indica, se ha tratado de dar un enfoque pedagógico del Aikido a través del estudio detallado de las técnicas (waza), desglosándose a través del calentamiento (aikitaiso) los elementos que a posteriori se iban a desarrollar en la misma, siendo una secuenciación continuada y progresiva de la enseñanza a impartir.
La enseñanza de las bases técnicas, partiendo del correcto desarrollo de los desplazamientos (taisabaki) para una mejor aplicación de las mismas, constituyó el hilo conductor de esta Escuela, incidiendo en la base esencial de que en cualquier área de conocimiento, la humildad o disposición del principiante, acompañada de una actitud receptiva, se convierten en las mejores herramientas pedagógicas para aprender. Si a estos elementos añadimos la cooperación mutua entre tori y uke, y viceversa, que se establece, descubrimos paulatinamente como nuestra receptividad y consideración hacia nosotros mismos y los demás aumenta progresivamente.
Durante todo el curso, sensei Eduardo insistió en la importancia de la actitud correcta para la práctica, basada en la esencia propia de este arte, la armonía, que debe llevarse a cabo constantemente, y que, como trabajo individual, debe ser extrapolado a la vida diaria.
En sus explicaciones, también nos señaló que el desarrollo del aikido se basa esencialmente en el movimiento, y para ello, la aplicación correcta del tai sabaki y del te sabaki, siendo ambos una prolongación de koshi sabaki, deben ser un trabajo constante en la práctica, formando un puzzle donde cada pieza va adquiriendo su importancia en relación con las demás.
Importante fue desde un principio el que sensei Eduardo insistiera en lo que llamó “conciencia de la protección” de uno mismo desde el inicio de la aplicación de las técnicas, para que la misma genere un estado de atención propio para la evolución del arte.
En líneas generales, el curso fue un disfrute en todos los sentidos no solo por lo expuesto anteriormente sino también por la entrega que los practicantes en el mismo tuvieron, contribuyendo a crear un ambiente en el que las altas temperaturas no fueron un obstáculo para la práctica, sino más bien, un incentivo para realizar un mayor esfuerzo y entrega.
Tomás Pérez Hernández