El timador de la silicona

Sus colaboradores le apodaban el profesor Nimbus, en referencia al sabio despistado y excéntrico protagonista de un cómic francés. Aunque la historia de Jean-Claude Mas fundador de la empresa fraudulenta de implantes mamarios PIP, nada tiene de divertida. La Policía gala detuvo ayer al empresario de 72 años en el marco de la investigación abierta hace un mes por homicidio involuntario y lesiones.

El francés fue interrogado por los investigadores antes de ser trasladado a Marsella para comparecer ante la jueza de instrucción que lleva el caso, Annaïck Le Goff. Se le acusa de haber utilizado un gel no homologado para fabricar implantes de pecho. Junto al empresario los gendarmes también detuvieron al anterior responsable ejecutivo de la compañía, Claude Couty.

Más un doctor Bacterio con olfato de negocio que un científico despistado, el empresario engañó durante años a miles de mujeres y les vendió sus implantes defectuosos, consciente de la trampa y el peligro de sus experimentos. Un engaño que ahora podría costarle cinco años de cárcel y 75.000 euros de multa.

«Soy un jugador, pero también soy un ganador», declaró en 2001 en su mayor momento de gloria. Este francés de pérfida barba blanca y aspecto de profesor chiflado es, ante todo, un jugador nato, incluso compulsivo, según han declarado a los medios franceses algunos de sus colaboradores cercanos. Incluso su abogado, Yves Haddad, reconoce que «siempre se interesó por los juegos y los inventos». Su órdago fue el de crear un gel casero con el que rellenar sus peligrosos implantes. No le importó que sus productos contuvieran elementos irritantes o que no estuvieran homologados, sólo valoró que su artículo «era más barato (...) y de mejor calidad».

De hecho, el francés nunca ha negado la trampa de su jugada. «Escondíamos los productos utilizados para fabricar el gel. Yo no tenía derecho a comprar estos productos puesto que no estaban homologados. Todo estaba organizado para escapar a los controles», reconoció a los investigadores cuando estalló el escándalo hace un mes.

De tanto apostar a la ruleta rusa, Mas se ha dejado su fortuna y la salud de sus víctimas en la mesa de juego. Comerciante nato, desde joven al falso doctor se le dio bien el negocio de vender humo. Su imperio, hoy caído, lo construyó a base de palabras y buen comercio. Sin formación médica, tras estudiar un primer año de Universidad abandonó los libros para empezar a ganar dinero. Su entorno destaca la habilidad que siempre tuvo para los negocios. Durante los años 70 vendió vino, salchichón y coñac, además de trabajar en una tienda, en una compañía de seguros y en el grupo farmacéutico americano Bristol-Myers. En 1980, ingresó en el departamento comercial de una sociedad de prótesis mamarias y a partir de ahí todo fue un ascenso.

Tras conocer al cirujano francés Henri Arion crearon juntos una primera sociedad de implantes, de la que sería presidente, hasta que en noviembre de 1991 fundó la tristemente conocida PIP. Durante años fue símbolo del éxito, un vendedor fuera de serie, a pesar de que sus prótesis, ya sospechosas, le costaron varios procesos en Gran Bretaña y EEUU. El rey de los implantes (su empresa se convirtió en la tercera del sector) «hablaba de su gel como si fuera su hijo», ha relatado su antiguo director técnico, Thierry Brinon, a los investigadores. Su semilla del diablo ya se ha vinculado a 20 casos de cáncer en algunas de las miles de mujeres que portan su criatura, aunque aún no se ha podido establecer una relación directa entre las prótesis y la enfermedad. Más de 400.000 mujeres en todo el mundo llevan sus implantes fraudulentos.

No es la primera vez que la Policía persigue al creador de PIP por burlar la ley, pues en Costa Rica la Interpol emitió una orden de arresto contra él por conducir ebrio. Cazado de nuevo, esta vez en la Costa Azul en casa de su novia, ahora sí podría recibir castigo. Aunque, si se prueban los hechos, tardará en pagar por sus fechorías. El proceso podría durar años, pues cada caso tendrá que analizarse individualmente y sólo en Francia ya le han denunciado más 24.000 mujeres.

De su castillo de naipes ya no queda nada. Se esfumó como el humo que comercializaba cuando la Justicia gala desmanteló su empresa en 2010. Desde entonces, Mas vivía con una pensión de 1.600 euros al mes. Antes ganaba 15.000 euros, según el diario Le Figaro. «Sólo sobrevivo», dijo el doctor a los agentes. «No soy un hombre de dinero, pues tenía un hijo y empleados», corrigió a la Policía cuando le preguntaron por sus ingresos. Ahora, con miles de denuncias y un complejo proceso judicial como futuro próximo, al jugador ya no le quedan más ases en la manga.
Publicado viernes, 27 de enero de 2012 15:50 por elpadrino8

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