Celebran el santo de la UGT con jamones

Una muchedumbre de brazos estirados y manos abiertas se agolpa a los pies de un balcón. Tan sólo unos segundos antes un cohete ha rasgado el aire hasta estallar en un ensordecedor jolgorio. Panes, chacinas y jamones vuelan por el cielo. San Antonio Abad espera para poder seguir su camino... En Trigueros, un pueblo de Huelva, el ritual se repetirá en apenas siete días. El único santo en España con carné de la UGT desfilará por sus calles y a su paso lloverán jamones para dar de comer a los más pobres. Hubo un tiempo, en los años no lejanos del milagro español, en que desde los balcones caían hasta billetes de mil duros (5.000 pesetas). Este año la tirada también estará de crisis: sólo volarán 200 patas de cerdo. Nadie aventura cuántos necesitados se arremolinarán para hacerse con un botín en la recolecta.
Trigueros es un pueblo de apenas 7.500 habitantes donde un día al año nunca hay crisis, incluso donde en los tiempos de más intensa hambruna nunca ha faltado al menos un trozo de pan en la mesa de sus habitantes. Desde el siglo XVIII -según queda constancia documental-, los vecinos más pudientes arrojan desde sus balcones cientos de hogazas, chorizos y piezas de jamón al paso del santo, patrón del municipio, que durante más de 30 horas visita, una a una, las 2.800 casas de la localidad. Ocurre cada último domingo de enero. Ese día, la población se triplica.
Con estos lanzamientos de viandas, llamadas tiradas [una tirada cuesta, como mínimo, 1.500 euros, y para sufragarla, peñas de amigos o familias enteras establecen una cuota al mes que ronda los 30 euros], Trigueros hace suya la generosidad y el desprendimiento que caracterizó al monje cristiano: vivió entre los siglos III y IV, vendió todas sus tierras y bienes, repartió el dinero entre los pobres y se retiró al desierto de Egipto para hacer vida de ermitaño. La esplendidez del monje le salvó de la quema en la II República por parte de extremistas de uno y otro bando. Para proteger su imagen, el ingenio del pueblo ideó un peculiar salvoconducto: sacarle el carné de la UGT. A la vuelta de la esquina de su capilla, en un centro obrero adscrito al sindicato socialista, un grupo de ugetistas decidió en 1932 afiliar al santo. Y desde entonces San Antonio Abad es el único santo sindicalista, llegando, incluso, a salir en procesión durante los años de la bandera tricolor con su carné de la UGT cogido en sus ropas con un alfiler. Decía: «Antonio Abad. Edad, 101 años. Profesión: santo. Vecino de Trigueros».
El próximo domingo, 29, el pueblo cumplirá de nuevo con la tradición. Lo que en tiempos de bonanza económica había derivado en una costumbre pintoresca, la de tirar panes y jamones de los balcones, en los últimos años ha recuperado su sentido original a causa de los malos tiempos. Ya el año pasado, familias que están pasando apuros en un país con cinco millones de parados e inmigrantes llegados a Huelva para buscarse la vida participaron en la batalla humana por hacerse con lo que cae del cielo. Un maná exquisito que alivia despensas vacías y que da para unos días de estómagos llenos.