Por fin playa
Después del episodio de la bruja Eclipse y de sumirme en el dulce trance del Lexatín, le dije a Iván: “Oye mi amor. Me parece que lo que yo necesito es, como decían los antiguos, unos baños de mar. Vayámonos lejos, concretamente a la casa que tienen tus padres en la Costa del Sol”. Y dicho y hecho. Hicimos las maletas, cogimos a los niños y nos plantamos en el apartamento de Marbella. En realidad no es en Marbella, sino a unos 12 kilómetros de la Ciudad sin Ley, en medio de la enorme urbanización que va de Málaga a la Línea de la Concepción, básicamente. La Costa del Sol es un sitio verdaderamente muy feo, me recuerda a Los Ángeles pero en cutre, pero se está como Dios, hace un tiempo estupendo y las playas en esta época del año todavía están vacías
Además, hay ciertas cosas que hacen que la Costa del Sol sea un sitio único, como por ejemplo que debe ser de los pocos sitios de España en donde el español no te lo entienden. Te lo entienden más en LA. Tu vas a un centro comercial de los que hay por allí en las urbanizaciones y ni dios sabe español, y vas a un bar y le tienes que pedir al menda las cervezas en inglés, porque el español no lo controlan. “Menos mal que esto es Málaga, que si no”. Así que tiene la ventaja que se aprenden idiomas, quieras o no quieras. Y el pobre Iván lo pasa muy mal, porque por más que habla en español vocalizando todo muy bien, las gentes le responden en inglés y por mucho que dice que es español, las gentes no se lo creen y le hablan en alemán o en francés. Es que Iván es rubio y de ojos azules y claro los habitantes de la Costa del Sol no entienden que un individuo así pueda ser español. Solo cuando vamos todos juntos y nos ven a los niños y mi chillando detrás y armando jaleo le toman por ciudadano de este país.
Nosotros vamos a una playa secreta en la que no hay mucha gente y en la que se está muy bien. Allí nos encadenamos a las hamacas y les damos a cada niño una botella de litro de agua, un bote de crema protección 50 y 3 euros y les decimos: “Ahora os podéis ir y volvéis 7 horas más tarde. Preferiblemente no os metáis en el agua no vaya a ser que os ahoguéis”…pero nunca funciona y los niños vuelven al cuarto de hora, especialmente el bebé, que todavía no tiene dos años, el pobre y ya lo quiero independizar. Y es que yo a la playa o voy 6 horas mínimo o no voy porque me gusta mucho y menos me sabe a poco. Necesito pasar todo el día “vuelta y vuelta”. Lo que no comprendo es como alguna vez pude extender mi toalla en la arena y tumbarme en el suelo con la de arena que hay y lo duro que está el suelo y con lo bien que se está en la hamaca, con el colchoncito y la sombrilla de pajas…Y cuando estás durmiendo la siesta o en lo mejor de tu libro, cuando van a matar al malo, viene uno de esos seres que nunca duermen y te dice: “mamá. Quiero hacer caca”. Y tú miras a tu alrededor y solo ves el mar y unas dunas detrás y entonces le dices al ser pequeñito: “Mamá está de vacaciones. ¿Entiendes? VA-CA-CI-O-NES. ¿Puedes resolver tu el tema de la caca? “Vale pero es que me voy a hacer caca ahora mismo". Y tú tienes que levantarte de tu sagrada hamaca e irte a las dunas como si estuvieras en un camping cualquiera (o peor). “Mira, niño. Hoy vamos a hacer una excepción pero que sepas que nunca jamás en tu vida debes hacer tus necesidades al aire libre, más que las sexuales., que eso ya te lo explicaré cuando seas mayor. 
Otro momentazo estelar es cuando se acerca Iván a mi toalla y me espeta: “Hoy no ha venido la mamá cañón de ayer”…y yo le digo “¿Te refieres a mi? Yo si he venido. No te capto””No, no me refería a ti, Carlota, mi amor” y yo: “Ya se a quien te referías pedazo de salido, a la tía esa que llevaba las tetas de silicona, extensiones hasta la cintura y lentillas de color azul…Creía que tú te fijabas en otras cosas pero veo que no. Pues nada, mi vida, me das 9000 euros, me dejas en la puerta de Corporación Dermoestética y me vienes a buscar 48 horas más tarde a ver qué tal o “quítate la parte de arriba del bikini, que no me gusta que te queden marcas” “Ni a mi quemarme las tetas mi vida, pero nada eh…”
Otra de mis cosas favoritas de la playa es ir a comer al chiringuito todos los días. Jamás hay que llevar bocadillos y mucho menos nevera. Eso nunca. Las bebidas que te las sirvan en tus hamacas o como mucho, vas a buscarlas para tomarlas en tu sitio. Hay que evitar la barra del chiringo como sea, que está llena de extraños seres. Te pones el pareo, o los shorts, la pamela de paja, las gafas extra-large y hala, ya estamos listas así de sofisticadas para meter los dedazos en el “adobo”, los boquerones o los chopitos y a plinplar el tinto de verano. El ambiente chiringuitero es todo menos sofisticado y chic. No puedo dejar de comparar la Costa del Sol con las playas de Mikonos en Grecia o de Santorini, donde las hamacas de diseño te costaban 20 pavos, te traian cocktails a la arena y en vez de chopitos y adobo te traían sushi en unas monísimas bandejitas, mientras sonaba en chunda chunda de alguna canciocilla chill out de moda. ..Aun así prefiero el chiringuito.
Mi playa perfecta y no creo que se pueda superar es Cayo Largo en Cuba. Recuerdo la arena blanquísima que no quema, el agua verde, la playa desierta…solo nosotros y allí muy lejos, un chiringuito donde comer langosta a la plancha y cerveza helada.
Pero lamentablemente, la Costa del Sol no es así. La arena es marrón oscuro, tirando a chocolate, quema que te mueres de dolor y aún encima me picó una Medusa. Además, no paraban de pasar señores más negros que la tiña vendiendo bolsos falsificados. Pero no pasaba uno, sino 150. Si aún fueran en taparrabos y sirvieran para disparar mi líbido, pero ni eso…
Y ahora ya estoy en Madrid, de Rodríguez, mientras los otros se han quedado allí tostántose al sol. Un consuelo me queda: estoy muy morena, muy morena y nadie que pise el asfalto de esta abrasadora cuidad, puede llegar a estar si quiera la mitad de morena que yo. Ese es mi consuelo. Y ahora me voy de compras. Para una vez que estoy sola y no tengo que esconder las bolsas, habrá que aprovechar.