Vecinos
Los vecinos son seres extraños, que convendría eliminar de nuestras vidas. Y sin embargo
lo saben todo de nosotros, aunque no lo parezca y pongan cara de tontos. Para empezar, hacen ruido. Escuchan nuestras broncas, oyen nuestros portazos y nuestros orgasmos, taconean encima de nuestras cabezas, nos salpican la ropa, nos hacen goteras en el baño, nos tiran colillas al patio y nos joden con sus obras y sus martillazos (y viceversa)..... Son como micro-organismos raros que viven en nuestras casas. Yo nunca me he querido relacionar con ellos, más allá del “buenos días”, “hola” y “adiós”. Como he vivido en tantas casas, tengo que reconocer que he tenido todo tipo de vecinos. Algunos muy raros...
En mi casa primera, como tenía 13 metros cuadrados y estaba como excavada en un patio interior, pues claro, no tenía vecinos. Era en “Estrecho”. Nunca mejor dicho. Mi única compañía era una gato que se llemaba “Siete” y que a duras penas cabía en la casa conmigo, como no fuera encima. Mi casa segunda fue en Lavapiés y allí tuve unos cuantos vecinos pintorescos. Las vecinas del bajo tenían un loro que se llamaba “Lara”, y entonces el loro se pasaba el día gritando por el patio de luces en plan “Gruak, gruak, lorito real, lorito real” y así todo el puto día y ellas dos, que eran madre e hija se pasaban todo el rato día haciendo callar al loro” Calla, Lara” y el loro: “Grak, grak, lorito real” y luego “calla, Lara” y así sucesivamente. Un día Lara calló para siempre, creemos que asesinada. La madre y la hija siempre estaban en el patio discutiendo y se decían cosas que me desconcertaban como, por ejemplo: “Me has tirado el desodorante. Me vas a arruinar la vida. Yo no puedo seguir viviendo sin desodorante...” . Raro, raro, como diría el otro.
Luego estaba el vecino follador, que viví justo al lado y que era un melenas de unos 17 años que se pasaba el día copulando con la novia cuando su madre se iba a currar. No era una vez si no varias veces al día. Seguro que de éstos habeís tenido alguno. Estabas viendo la tele o haciendo cualquier cosa, a veces con invitados y de pronto empezabas a oír los golpetazos del somier “pum, pum, pum” y los “ah ah ah ah ah” y una de dos: o lo aceptabas o te ponías tú a ello. Allí no había más solución que esa. Lo que pasa es que lo nuestro, en comparación, siempre nos parecía poco.
Y después estaba una vecina que parecía sacada de una peli de Almodóvar. Tenía una niña que se llamaba Paloma y un bebé que se llamaba “Palomita”. Es decir, le había puesto a sus dos hijas el mismo nombre. Recuerdo cuando le pregunté: ¿Cómo se se llama la niña? “Paloma” ¿Y la otra? “Palomita” “¿Y eso? “Es que son de distinto padre y a los dos les gustaba el nombre”. Ese día comprendí que Lavapiés era un micro-cosmos.
Las de la urba eran unas vecinas del tipo pijo que no vale la pena comentar,porque se pasaban el día en las piscina hablando de bizcochos y de cacas y pañales y me aburrían mogollón. Hasta que tuve niños, ni las hablaba, pero luego, tuve que tragar y yo misma acabé hablando de bizcochos y de cacas y casi votando al PP. Una vez, recién llegada a la urba, me puse en top less en la pisci y casi ardió Troya. Me obligaron a ponerme la parte de arriba porque decían que había niños y yo: “Y qué pasa, que los niños nunca han visto unas tetas o que? Y ellas: pues, no. Nunca ha visto unas tetas. Y Yo: “pues vaya educación que les dan a sus hijos”.
Y mi mami en La Coruña tenía por vecinos a los de la Orquesta Municipal y claro, los pobres se pasaban el día ensayando. Estos no tocaban el violín o la flauta.No,no. Eran los de los trombones y los platillos. Todo el día haciendo escalas con el trombón y haciendo sonar los platillos. Era de ataque de nervios. Así quedó mi madre, la pobre, que oye orquestas por todas partes.
Y lo último que me pasó así pintoresco con un vecino es que la noche de de Fin de Año, que estaba cocinando me quedé sin harina y subí al vecino del tercero (que no le conocía) a pedirle un poco. Y entonces va y me abre la puerta un hombre en silla de ruedas como de 60 años y yo:
-“Hola, Feliz Fin de Año y tal...¿Tiene harina?...es que soy la vecina del primero...pero ya veo que no debe de tener. Casi que me voy”
-“Pasa , pasa....” (y me hace pasar a una cocina que parecía mismamente de Torrente)
-“Busca por ahí a ver si encuentras algo, es que aquí no se cocina desde hace muchos muchos años...”
-“No, ya” decía yo mientras iba abriendo botes rancios de un montón de cosas no identificables”
Al final me llevé un tarro de Maicena porque tenía que salir de allí viva o muerta, preferiblemente viva. Cuando me vi caminando por un pasillo angosto y oscuro perseguida por la silla de ruedas y con el tarro de maicena pocho en la mano creí que no vería el 2007.
Algunas cosas que no soporto de los vecinos:
-Los taconeos de los zapatos yendo y viniendo furiosamente
-Oirles hacer pis y tirar de la cadena
-Oirles ducharse y cantar en la ducha
-Oír sus broncas y discusiones
-El arrastrar de los muebles. ¿qué hacen los vecinos que no hacen más que arrastrar muebles y abrir y cerrar cajones todo el tiempo? A no ser que quieras esconder un cadáver no veo para qué alguien va a querer mover un mueble a las 2 de la mañana.
-Los ruidos de las lavadoras y los lavaplatos a horas intempestivas me ponen especialmente nerviosa.
-Las músicas de los vecinos, que nunca oyen música excepto los domingos que te ponen “Los mejores momentos de la música clásica” a toda caña.
-Los olores de las sardinas y del sofrito de cebolla en la escalera
-Ese momento ascensor, en el que tienes que mirar para todos los lados y hacerte la loca hasta que el ascensor llega a tu piso .
Dicen que un 10% de inquilinos se mudan de casa porque les molestan sus vecinos. Y vosotros ¿tenéis alguna historia de terror con algún vecino? ¿os molestan? ¿os lleváis bien con ellos u os gustaría expulsarlos a todos del edificio como a mi?