Domingo en el Rastro
Me sorprende no haber sacado antes el tema del Rastro ya que, de todas las cosas que se pueden hacer un domingo en Madrid esta es sin dudarlo la que más me gusta.
No hay momento en el que más me chifle Madrid que la vista del gentío en la Plaza de Rivera de Curtidores desde la calle Mira el Río Baja (esa que parece que si te caes, la has cagado porque tiene una pendiente que parece un tobogán)
Soy una fanática del Rastro desde hace muchos muchos años. Suelo ir una o dos veces al mes. Me encanta el ambiente ese entre cañí, gitanesco y de barrio que le hace tener un encanto especial. Esos bares con caracoles grasientos, esa gente trapicheando en las esquinas, esos manguis al acecho, los puestos de berenjenas en vinagre y aceitunas, los gitanos vendedores, los puestos de tangas y bragas de putón, el regateo...
El pasado domingo fui con un presupuesto de 20 euros y creo que lo estiré bastante. Estas fueron las cosas que me compré en un par de horas.
Vestido amarillo y negro: me chifla. Es igualito a los que arrasarán este verano. Ya lo tengo lavadito y planchado. Tiene además un cinturón a juego para marcar la cintura y una falda plisada ideal
Vestido sesentero: Me queda un poco grande pero es bastante mono para llevar por ejemplo encima de unos vaqueros.

Vestido-no se cómo llamarlo: No se si me lo pondré porque lo veo un poco años 50 y las mangas me quedan algo grandes. Quizás con una rebeca verde y unas plataformas quede bien. A mi marido le espantó. Entonces estará bien.
Falda de cuero roja: me gustó porque era en forma de A, como de los años 60 y no en plan “loba herida”. Tiene un color precioso pero me queda grande así que acabará en el cubo. No se si arreglarla porque el arreglo me costaría más que la propia falda y eso no puede ser.

Blusa amarilla: No tengo muy claro si se trata o no de una cosa de ropa interior pero me chifla el color y las mangas tan vaporosas.
Camisa de cuadros. No me gusta ponerme cuadros escoceses porque me recuerda al cole pero esta me gustó porque los cuadros eran diferentes. 
Bolso bandolera de piel: me recordó vagamente al Gaucho de Dior (jajaja) y por eso lo compré. La piel estaba bien pero por dentro estaba algo más machacado. Con un forro bastante asqueroso que arranqué. Por cierto que en el forro ponía un nombre (Isabel) y un número de teléfono. Estuve por llamar para conocer a la anterior propietaria (jejeje)
Bolso tipo Chanel con cadena: antes eran de vieja pero ahora se llevan así que me avanlancé sobre él. Estaba impecable, sin estrenar. Y por supuesto de piel.
Camafeo kitcsh y boche de rana: Para encontrar estos estuve como 20 minutos agachada entre un montón de quincalla dándolo todo pero al final me fui contenta con mis “joyas” horteras.
¡Y todo esto por 20 euros! que es más o menos lo que cuesta cualquier camiseta cutre en cualquier tienda. Ahora comprenderéis por qué me gusta tanto el Rastro.
Cuando llego a una ciudad, busco su Rastro. Sí. Yo soy la única persona que ha ido al Rastro en Berlín (no se me ocurre nada más alejado al carácter alemán que un mercadillo, así era el pobre rastro berlinés) Y de todos los que he visto, el de Madrid es sin dudarlo mi preferido porque es auténtico . Me gusta ir siempre sola y nunca a la parte de “lo nuevo”. Siempre a donde están las cosas de segunda mano, las baratijas y las cutreces. Y es que entre la mierda se encuentran los mejores tesoros.
Manual del rastrero
Al Rastro hay que ir cuanto antes mejor porque si no te quitan todo lo bueno. Los verdaderos profesionales están a las 8 de la mañana rebuscando como locos. El plan perfecto es empezar desayunando por ejemplo en alguno de los bares de la Plaza de Tirso de Molina. Después de los churros y las porras ya estamos listos para la buscar las gangas. Hay que pasar de la avenida principal (Cascorro y demás) que no hay nada interesante y hay ordas de gente. Yo voy directamente a la Plaza de Vara del Rey, que es donde está todo lo usado. Y una vez allí, cada uno tiene sus trucos, pero una cosa está clara: hay que currárselo: arremangarse y darse de codazos para poder encontrar cosas en medio de los revoltijos de ropa y los gitanos diciendo “A euroauroauro. Vamos guapaaaas”.
Hay a gente que lo de “revolver” le pone enferma. A mi justamente es lo que me gusta. Encontrar algo decente entre un montón de basura es una alegría. Y más si te cuesta 1 euro claro. Lo jodido es cuando alguien te coge algo que tú quieres. Entonces yo lo que hago es perseguir a la persona. Me pego a ella porque igual lo suelta. Y si lo suelta,allí estoy yo: lista para pillarlo, como una aguililla. Yo es que cuando voy al baratillo me vuelvo muy ansiosa. Lo quiero todo para mi.
A mucha gente le da asco la ropa de segunda mano. A mi no. Es más. Me gusta más que la nueva porque son cosas “con historia” (sabe Dios qué historia, pero bueno). Es verdad que se compra mucha mierda y que la mayoría la acabas tirando pero ¡qué más da si a lo mejor te has gastado 4 euros!. En este caso el objetivo no es la prenda sino lo bien que te lo has pasado buscándola. También es verdad es que con suerte se encuentran tesoros: yo me he comprado un abrigo de Loewe por 700 pelas y bastantes gabardinas de Burberrys, por ejemplo.
¿Qué pensáis del Rastro? ¿Sois como yo adictos a los mercadillos? ¿Os importa llevar encima ropa usada?¿alguien me descubre algún mercadillo maravilloso que no conozca?