20 razones para amar la Navidad
Los langostinos. Una navidad sin langostinos es muy triste y no puede ser.
Las gulas del norte. Este tema me fascina bastante. Me imagino la fábrica de gulas y me pregunto ¿de qué estarán hechas? ¿Os habéis fijado en que hasta les ponen los dos ojitos de mentira?
Los árboles artificiales de los chinos (este año me he comprado uno guay por 9 €) las guirnaldas del 20 duros y los Belenes de plástico. También la decoración tan chic que ponen los bares en Navidad.
Los Villancicos ¿puede haber una música más horrenda? Si fuera el niño Jesús, yo protestaría.
La Lotería de Navidad, que NUNCA; NUNCA toca y cuesta una pasta. Estará muy repartida, pero entre los otros.
El champán Freixenet. . Ese brebaje que reaparece en nuestras vidas sólo en Navidad. y la Sidra El Gaitero, para la abuela…
Los papás noeles y reyes falsos. Antes se lo curraban un poco pero ahora van de cualquier forma: con los pelucones mal colocados, los ropajes hechos una mierda, el rey negro va marrón, contestan mal a los niños. El año pasado fui con mi hijo mayor y el pobre le empieza decir al papá Noel falso los regalos que había pedido y el papá Noel le dijo: A ver, vete acabando, bonito. “Siguiente niño”…como en la cola del pescado.
La Navidad con los padres y el Fin de Año con los suegros ¿qué os gusta más?
Las cenas de empresa en donde todos los compañeros de oficina se ponen a ligar unos con otros y a despellejar a las jefes y luego se arrepienten.
Las tardes de compras infernales,en La Fnac, El Corte Inglés…. El los stands de Tous (ya sabéis, el Oso del Infierno) de El Corte Inglés han puesto números como en las carnicerías. Es tanta la multitud que quiere comprar Osos, que hay que encauzarla un poco.
Esos momentos mágicos en Cortilandia, rodeada de gente con pelucas plateadas y globos gigantes.
Ver como todos los ateos de este país celebran el nacimiento del Niño Dios.
Las cenas y comidas eternas donde sale lo mejor de cada casa y se junta gente que a veces no se soporta. La paz y el amor a veces desembocan en broncas familiares.
Las discusiones interminables para decidir quién es mejor, si los Reyes o Papá Noel. (que vengan los dos, hombre)
El estrés de las cenas navideñas. Aún recuerdo vivamente a mi abuela a las 9:45 de un Día de Nochebuena dándole machetazos a un besugo congelado para meterle el limón y ponerlo al horno y yo: “Que abuela, que hay que descongelarlo primero”. Y como no teníamos nada para cenar, acabamos con una tortilla.
Los estilismos festivaleros de Fin de año. Moños encopetados con tirabuzones, guantes en plan gilda con vestidos chachones, purpurina en la cara y demás horteradas
Las campanadas en la Puerta del Sol. Mi Iván y yo pasamos una Nochevieja en la Puerta del Sol y no me quiero ni acordar. Nos caían los cascos de botellas alrededor como si fueran misiles. Salimos de allí acojonados.
Los programas de variedades de Fin de Año, que se graban en agosto con todo el elenco de nuestro flocrore.
Comprarle regalos a gente que no quieres, pero al final se nota bastante porque si no quieres a la persona le acabas comprado cosas feas, como zapatillas y si la quieres, le compras cosas mejores, como pijamas.
La comida fatídica del día de Año Nuevo, con una resaca que te quieres morir y aún encima, comiendo sobras.
El turrón, los polvorones y los mazapanes (diosss. Por qué después de comerme un polvorón tengo que beber medio litro de agua y tomame un Almax???)
¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!
PD/ Y no comáis mucho turrón que se os pueden caer los dientes. Y no bebáis mucho que os podís emborrachar. (¿Os acordáis de este tipo de cosas que poníamos en nuestras postales navideñas cuando éramos niños? ¿O era yo sola?)