Hombres de verdad y hombrecillos
Los hombres de ahora no son como los de antes. Parece una frase de abuela pero es mía. Es que es verdad: del hombre bien plantado de antes, de esos que llevaban sombrero y gabardina y bebían whisky a pelo, y separaban la silla a las mujeres, hemos pasado al hombre -nenaza, es decir metrosexual o ubersexual (ya es que me pierdo), esos hombres que ya no fuman, que parecen mujeres, nos hacen pagar en los restaurantes y nos llaman tía, se echan cremas, se tiran horas arreglándose y le roban la espuma del pelo a su novia..¿a donde vamos a ir a parar.? Ya no hay tipos como Cary Grant, Gregory Peck o Gary Cooper...

Y eso que Cary Grant era gay, pero vete tú a comparar. Ahora los gays tienen una pluma que te cagas y van marcando paquete y antes, pues eran como Cary Grant. Cuando me enteré que era homosexual de niña me quedé traumatizada. Siempre fue para mi el más guapo. En vez de andar, se desliza, parece que va flotando. Nunca ha habido ni habrá un tipo más elegante. Eso por no hablar de Gary Cooper, que era guapísimo pero tenía un pequeño handicap: se le daba por denunciar a sus compis de izquierdas en la Caza de Brujas allá en el Hollywood de los años 50, pero bueno, le perdono....Esos hombres, jamás se pondrían un chándal y por supuesto, jamás le robarían el contorno de ojos a sus mujeres. La verdad no encuentro ningún equivalente en nuestros días.
Ahora preferimos tipos como Bradd Pitt o Tom Cruise, hombres-yogur que parece que están a medio hacer, vamos que les falta un hervor. El encanto de esos hombres es tan superficial que ellos sí que necesitan enseñar músculos y culos para resultar atractivos. Los únicos sex-symbols oficiales que me convencen hoy son George Clooney y Harrison Ford. Clooney precisamente porque me recuerda a los de antes y Harrison sólo me gusta de Indiana: es decir, guarro, sudado y con la ropa hecha girones...(es que Indiana Jones es uno de mis mitos sexuales).

Pero claro, estamos hablando de actores. La vida real es mucho más dramática. En nuestro día a día estamos rodeadas de Hommer Simpsons camuflados. Esos que aparentemente parece que son normales pero luego ven la tele en calzoncillos tirados en el sofá, con las patatas fritas sobre la tripa, una lata de cerveza en una mano y el mando en la otra, mientras se tiran eructos y pedos sin parar. Esos sí son hombres y lo demás son tonterías.