Día lluvioso
Javier salió de la oficina y llovía a cántaros, acababa de terminar su turno y le quedaba una media hora larga de camino hasta su casa, el coche había escogido un mal dia para estropearse, mientras caminaba la lluvia se hizo más intensa, se acurrucó en su abrigo de cuero y buscó la entrada de un portal para esperar a que escampase un poco, llevaba unos minutos esperando cuando apareció una chica que había tenido la misma idea que él.
- Parece que está diluviando eh? – comentó la chica
- Pues sí, yo llevo un rato aquí esperando y nada, no escampa.
Se dio cuenta de que la chica estaba calada hasta los huesos, llevaba los tacones manchados de barro y estaba completamente mojada, de su cabello rizado chorreaban gotitas de agua que le mojaban aún más si cabe las medias, estaba sentada en el escalón medio temblando. Decidió quitarse la chaqueta porque él no estaba muy mojado para dársela, y casi le da un escalofrío al quitársela del frío que hacía, eso de ser caballero tendría como consecuencia un buen resfriado.
- Toma, póntela, parece que has salido de una piscina eh? Jajaja
- Ah, muchas gracias, la verdad es que parece que me ha caído un cubo de agua encima, gracias.
Ella se quitó su chaqueta mojada y Javier pudo ver que a través de su blusa de raso se transparentaba el sujetador negro que llevaba puesto, sus pezones estaban erectos del frío y el sintió que se estaba excitando.
- Siéntate aquí al lado- dijo ella- no estés ahí de pie, te está salpicando la lluvia.
- Pues si, voy a sentarme porque esto parece que va para rato-contestó el –
- Pudo notar como ella se le acercaba, como queriendo acurrucarse, lo cierto es que casi tenía los labios morados del frío.
- Vives lejos de por aquí? –preguntó el intentando entablar conversación, pues el silencio se le hacía muy incómodo-
- Sí, normalmente cojo el autobús pero hoy lo he perdido, he estado esperándolo como media hora y no venía y me he puesto echo una sopa, al final he decidido ir andando porque el transporte público en esta ciudad es un autentica mierda.
- Pues..si, Eres de por aquí?- siguió el, quería saber más de ella, le gustaba el modo en que ella movía las manos al hablar, le pareció que hablaba con mucha sinceridad, normalmente una chica de las que él conocía en su oficina nunca hubiera utilizado la palabra ‘’mierda’’, era demasiado insultante, a él le molestaba la gente que usaba eufemismos, le parecía gente que no hablaba claro y disfrazaba las cosas, pero así era el círculo de amigos de su oficina, todos eran demasiado ‘’finos’’.
- No, yo soy de Málaga pero vine aquí hará cerca de un año, comparto piso con una compañera de universidad, pero voy a tener que buscarme otra cosa porque ahora ella tiene novio y no es plan de hacer de vela, ya sabes, tres son multitud.
- Vaya, la verdad es que se te nota el acento, yo nunca he estado allí, pero amigos mios que han estado dicen que es una ciudad muy chula, el ambiente por la noche está bien, sobre todo en la feria. Y…bueno, dónde vas a mirar piso?
- Lo del piso la verdad todavía no lo he pensado, el problema es que el alquiler aquí es carísimo, así que tendré que ir un poco más lejos del centro. Málaga es preciosa la echo de menos, en realidad echo de menos muchas cosas de allí, el calor, mi familia, la gente, las playas, me encantaba pasear los domingos por la tarde por esas playas, pero la vida de uno está donde está el trabajo, no queda otro remedio.
- Pues si, a mi también me encantaría saber lo que es pasar calor, aquí solo hace sol algun que otro mes y allí es prácticamente continuo. Es una faena lo de tu amiga, eh?
- Si, bueno, no la culpo, el hecho de que yo no tenga novio no quiere decir que ella tampoco tenga que tener, el problema es cuando compartes piso, y te levantas una mañana y los ves ahí en el sofa, pues te da un poco de envidia, sobre todo a mí que no tengo mucha suerte en eso....
- Pues ya somos dos, yo no se puede decir que haya tenido mucha suerte tampoco, no. Soy la excepción de mis tres hermanos, todos casados y yo en casa de mis padres, ya ves. La única que me acompaña es mi Harley….mi moto, suelo ir en ella de pueblo en pueblo los fines de semana, pero a veces se me hace aburrido ir solo….
Javier también se sonrojó, se estaba abriendo demasiado a una desconocida y quizá se estaba notando que ambos estaban hablando de sus vidas solitarias como almas errantes y era extraño tanta confianza en unos minutos con alguien que no conoces de nada.
- Parece que sigue sin parar de llover, joder y yo sin comer todavía, y sin poder cambiarme, vuelvo a entrar dentro de 3 horas y estoy hecha un asco-dijo ella-. – Javier recordó que conocía un bar cercano por allí donde no se comía nada mal, y decidió invitarla.
- Oye si te apetece podemos ir a comer a un bar que conozco, pero con una condición.
- Ah, si? Cual?
- Tienes que dejarme que te invite, porque no creo que acepten billetes mojados allí. (Javier sonrió con esos hoyuelos a los que no hay quien se le resista mientras clavaba su mirada el los ojos de ella que le devolvió la sonrisa pero además con un brillo que hacía tiempo que la monotonía y la soledad le habían arrebatado y ahora volvía a resurgir.
- Jaja que gracioso, por esta vez te dejo, total, lo que tenía en casa no era muy agradable, lasaña congelada y algún yogur, tengo que ir a hacer la compra, con tanto trabajo no tengo ni tiempo…
- Vamos anda, - Javier la abrazó a modo de paraguas, y ella pudo notar el calor de su cuerpo junto al de ella, estrechándola con más fuerza de lo normal como para que ella no pudiera (y lo cierto es que tampoco quería) escapar, pudo reconocer la colonia de él –contradiction de Calvin Klein,- y deseo por un momento chuparle el cuello y devorar aquel olor que la estaba excitando cada vez más.
Ella se acurrucó debajo de él ayudándole en su afán de sujetarla para pegarla lo máximo posible a su torso, cultivado por largas horas de gimnasio y respiró profundamente su aroma, como queriéndolo aspirar todo. Llegaron al bar y entraron, al hacerlo él tuvo que soltarla cosa que pareció molestarles a ambos ya que parecían no querer separarse de aquel calor que se habían transmitido, el local era una tasca con lo típico, platos combinados, tapas y cañas. Se sentaron en una mesa de madera con unos bancos pegados a la pared. Era agradable el calor de la gente en aquel sitio, aunque ellos preferían el suyo propio. Durante la comida el cruce de miradas, sonrisas y tonteo era más que evidente, Javier se sorprendió a si mismo de su espontaneidad, con ella podía hablar de cualquier cosa, estaban intimando de un modo increíble, prácticamente estaban conectados y parecía que antes de hablar ya sabían lo que pensaba el otro, normalmente era bastante tímido con las chicas y no había llegado a congeniar con muchas, pero ella era distinta, le encantaba su forma de hablar de mover sus labios, era extremadamente femenina, cosa que le encantaba en una mujer, a pesar de estar mojada fue al baño y salió hecha una belleza otra vez, sus labios pintados, su pelo recogido con un moño que dejaba al descubierto su cuello en el que puso algo del perfume que tenía en el bolso, era ‘’Carmen’’ de Vitorio y Lucchino, era el que ella siempre usaba y ya tenía casi gastado, sus andares tan sensuales, su falda que mojada se pegaba más a sus caderas y sobre todo su sonrisa, que llenaba de color aquel lugar lleno de grasa con olor a fritanga.
- Que miras? Le preguntaba ella al verle que la miraba con una cara de ‘’quiero comerte’’
- Nada, me gustan tus piernas.
- Sólo las piernas? -Decía ella con sonrisa picarona
- Entre otras cosas….-la cosa se estaba empezando a poner interesante, habían tonteado pero no hasta el punto de tirarse los tejos directamente.
- Como cuáles? –preguntó ella ansiosa, mientras jugueteaba con uno de sus dedos a desabrocharse el botón de su camisa-
- Me estás poniendo malo lo sabes? – Javier miraba deseoso su escote prominente, ese sujetador negro que le estaba volviendo loco, si había algo que le gustara que llevara puesto una mujer era lencería de color negro, le ponía a 100, de todos modos él estaba ya un poco achispado con el vino que habían tomado en la comida y ella también, además, antes, mientras esperaban la comida se habían tomado un par de cervezas.
- Sí
Javier echó su cabeza atrás con una sonrisa como en un gesto de ‘’esta quiere guerra’’ y miró como por debajo de la mesa aparecía un pie que se acercaba a su polla más que empalmada y empezó a juguetear con su entrepierna.
- Como sigas así después no vas a poder pararme. –dijo Javier.
- Es lo que quiero. – decía ella mordiéndose el labio inferior.
En esto apareció el camarero con unas croquetas que habían pedido, ella bajó el pie y Javier estaba histérico. Ya se habían hartado de comer, que si calamares, lomo, puntillitas, ensalada de pulpo… pero Javier seguía con hambre, en realidad era ansiedad, estaba nervioso y comía para no acabar frenético y tirársela allí mismo.
- Espero que no sea así de pequeña. –dijo ella con una sonrisa mientras le daba mordisquitos a la croqueta.
Javier casi se atranganta de la risa y con un tono esperanzador para ella a modo de machote ibérico le dijo.
- No te precocupes, que hacen falta unas cuantas de esta juntas para parecérsela.
- Eso habrá que verlo, contestó ella desafiante.
- No comes más? Preguntó él ansioso al ver que ella con una ya tenía suficiente.
- En realidad si pero me estoy guardando el hambre para el postre.
- Ah…. Tengo un brazo de gitano que puede que te guste.
- Me da igual si es como un tigretón, lo importante es ….que sepa jugar.
- Contigo juego a lo que tu quieras.
Javier pidió la cuenta y le agarró la mano a ella mientras la miraba fijamente, sus dedos eran tan suaves, sus uñas perfectas. –quieres jugar?
- Prueba a ver. –contestó ella.
Se dieron un morreo de esos que le dejan a uno sin respiración, de esos que te ponen a mil con el más mínimo roce de la lengua, aquellos que se dan cuando la atracción es inminente y los cuerpos buscan salvajemente fundirse de alguna manera. El camarero dejó la cuenta a un lado, como con miedo de interrumpir el momento. Cuando terminaron Javier dejó el dinero en la mesa y al levantarse ella, inmediatamente él la rodeo por la cintura para no dejarla escapar. A ella le encantaba que la dominaran, había ansiado tantos años encontrar un hombre fuerte, caballero, potente que le llamara la atención que casi ni se creía lo que le estaba pasando.
Salieron de aquel lugar, seguía lloviendo a cántaros, y en la misma puerta se volvieron a besar, él le apretaba la nuca suave pero firmemente mientras ella prácticamente se dejaba hacer, le encantaba el contacto y la presión que le hacía él con sus manos grandes.
- Podemos llamar a un taxi e ir a mi casa si quieres. –preguntó él. Ella miró alrededor como buscando algo y encontró la respuesta al mirar el portal dónde habían estado antes, la puerta estaba abierta…..y esperar un taxi era demasiado tiempo.
- Ven.-dijo ella con esa mirada a la que él no podía resistirse.
Entraron y bajaron donde normalmente está el cuarto de contadores de un piso, en la planta más baja donde casi nunca hay luz. El cuarto estaba abierto y entraron, dejaron la puerta entreabierta para no cerrarla del todo y ella se sentó en una especie de poyete en aquel cuarto lleno de polvo. Él la siguió y nada más sentarse le rompió la blusa, deseaba hacerlo desde que la vio por primera vez mojada y transparente. Se comió cada centímetro de sus pechos que le volvían loco y le mordia aquellos pezones duros, como pequeños chupetes entre gemidos de placer de ella, le encantaba que un hombre la devorara de esa manera, en realidad estaba necesitada, un año sin comerse un rosco y satisfaciéndose en soledad eran suficiente para excitarse con el leve roce del sexo de el duro bajo sus pantalones vaqueros. Él continuó lamiéndola, hundió su lengua en cada pliegue de su sexo y ella estaba a punto de explotar cuando le quitó la cabeza bruscamente y le echó contra la pared de enfrente, lamió en su cuello el perfume de él con una avidez extrema, pellizcó sus pezoncillos y él gritó de placer, liberó su verga presa de aquella cárcel con cremallera y se lo metió en la boca, lo chupó de arriba abajo, estrujó los huevos entre sus manos y le echaba saliva al capullo casi de color lila ya de tan tremenda excitación. Él la apartó y cogiéndola de nuevo la sentó en el poyete otra vez, la penetró con tanta fuerza que ella casi se corre con aquella primera envestida pero aguantó, una y otra vez, ella estrujaba la cabeza de él contra su pecho y él seguía entrando, seguía saliendo, lamiendo entre tanto sus pechos y ella gemía cada vez con más intensidad en los oídos de él, esos grititos a él le estaban poniendo cada vez más cachondo aún si cabía. Cambiaron de postura, él se tumbó en el suelo y ella le cabalgó, mientras lo hacía él la miraba como si fuera una diosa, una preciosa ninfa que había salido de la nada para poseerle y hacerle suyo, ella le miraba a él, como el hombre que siempre había soñado y al que ahora le estaba haciendo el amor, aunque pareciera sólo sexo, terminaron entre gritos de placer, ella no se contuvo y el último gemido fue el más desgarrador que emitió y cayó rendida encima de él, que la esperaba con los brazos abiertos, se besaron una y otra vez aunque notaron algo extraño en la habitación, miraron atrás y en la puerta estaba con la boca abierta un hombre menudo y viejo con una gorra de sevillana endesa y un mono azul, al lado de él había una llave inglesa en el suelo.
- Ve……ve..ve..ve……yo yo venia a arreglar el corte de luz del bloque pero ya he visto la avería…….
Javier se dio cuenta de que con los golpes había descolocado de sitio una caja con cables y varios fusibles estaban en el suelo. Rápidos se vistieron como pudieron y salieron de allí enrojecidos disculpándose con el hombre que parecía haberse quedado en estado de shock.
Traviesos salieron del portal corriendo y ella aguantándose la camisa con las manos pues estaba sin botones, se puso de nuevo la chaqueta de él y mirándose mientras caminaban hacia la casa de él, la preguntó;
- Por cierto como te llamas?
- Sara.- y con una carcajada ella le preguntó. - y tú? .- Yo, Javier, encantado de follar con usted señorita, tiene usted un coño encantador, jajja .- mientras ella le daga un golpe en el hombro a modo de regañarle, él la volvió a besar, con esa sonrisa a la que ella no podía resistirse y siguieron caminado entre risas hacia su futuro.
El amor es como la fortuna, no le gusta que le persigan y aparece cuando quiere……cuando menos te lo esperas.