Parece ser que la recuperación de heroes afianzados, míticos con el tiempo, reaparecen en secuelas tardias con frecuencia. Es como si los niños y adolescentes de los ochenta demandaramos unos personajes que forman parte de nuestros recuerdos de un cine de evasión que nos cautivo.
Debe ser eso de que somos ya un importante grupo, de cierto nivel adquisitivo y somos objeto de muchas campañas, que apuntan directamente hacia nuestros recuerdos más añorados.
Desde las campañas más actuales de publicidad, donde se nos recuerda que somos la generación que conocimos las empanadillas de Móstoles, hasta la promoción de packs de dibujos animados del año de Mari Castaña, como si las series de ahora pudierán pudrir el cerebro a nuestros hijos.
Pero lo queramos o no, ya no somos los mismos que antes, y por mucho que añoremos a nuestros viejos heroes, les vemos de forma diferente y eso es algo que no se les escapa a los productores, que enfocan las películas con un cierto tono de melancolia, al presentarlos mayores, con limitaciones, pero potenciando los rasgos que les hicierón inmortales, que no es otro que su voluntad firme, sus principios inquebrantables y su capacidad de sacrificio.
Si nos remontamos hace tres décadas ya nos encontramos algunos ejemplos de heroes decadentes, desde el punto de vista de la edad, y dos de ellos interpretados por el mismo actor, Sean Connery.
El primero es Robin Hook, en la película de Richard Lester, Robin y Marian, donde el protagonista vuelve a casa, curtido por la guerra y la vida, reencontrándose con su viejo amor, una Marian, encarnada por una Audrie Hepburn, que volvia al cine tras unos años de retiro.
El espíritu de un luchador en el cuerpo de un hombre que le cuesta recuperar el movimiento de un cuerpo entumecido al despertar por las mañanas, lejos del ágil heroe de antaño. Una visión amarga, que no tuvo el beneplácito del público, por uno de esos misterios, posiblemente debidos a una mentalidad que no se resigna a que sus heroes idealizados se hagan viejos.
Algo que permitio la productora Broccoli con 007, al sustituir a Connery por Roger Moore, mayor que el primero, pero con la cautela de mantenerle ágil, aunque fuera a base de especialistas que evitaban que un señor maduro, se partiera el cuello en escenas de riesgo.
Asi, que mientras Moore mantenia intacta la fortaleza física del heroe en películas como Vive y deja morir, Connery retomaba el personaje, fuera de la productora Broccoli, en Nunca digas nunca jamás, remake de Operación trueno, donde Bond es un agente vulnerable, a punto de jubilarse, donde todos despertamos con él, al saber que el tiempo nos pillará a todos.

Los últimos años, cierran trilogias, años después de iniciadas, o en el caso más habitual continuan sagas, aparentemente cerradas.
De las primeras, tenemos el cierre de la trilogia de El Padrino, donde Michael Corleone, es como su padre Vito, al comienzo de la saga, con una vida a sus espaldas y una responsabilidad propia de un liderazgo, que pesa demasiado, y se desea ceder a las nuevas generaciones.
Además un último Terminator, nos recuerda a los dos anteriores, con un curioso enfoque, que es la autoparodia, donde tratar de competir con el mensaje apocalíptico de las antecesoras, sin resultar repetitivo era tarea imposible, por lo que se opto por recurrir al sentido del humor, y reirse un poco de uno mismo, pero con las limitaciones propias, que no hicierán de Terminator III una payasada excesiva.

De las segundas, estamos ya al corriente de que Mclane, Rambo, Rocki o Indiana Jones, han vuelto para decir que, aunque hacia tiempo que no estaban en activo, son capaces de reincorporarse a la acción que todos conocemos, con un curioso aliciente para el espectador, y es que sus vidas han evolucionado sustancialmente, partiendo de la relación con sus hijos, en sagas como La jungla, Rocki o Indiana, que han crecido y tienen una relación adulta con su padre.

Si os apetece aportar más heroes en sus años más maduros, podeis hacerlo aqui, o podeis no hacerlo, pero no olvideis, que si que PODEMOS.