Nos adentramos en el mundo de los robots en el cine, un recurso del que bebe con frecuencia la ciencia ficción, pero es ante todo una reflexión de lo que supone vivir, más alla de si somos el resultado de la concepción más natural, o el producto de un laboratorio.
Retomando la temática sobre máquinas del mes de mayo, comenzada con vehículos con vida propia, tras el paréntesis de los fetiches, nos adentramos en la forma de sentir de los robots.
La clonación ha sido un tema que ha invitado a la reflexión en los últimos años a raiz del experimento de la oveja Dolly, y el cine se ha sumado con películas como Mis dobles, mi mujer y yo, con un Michael Keaton que ofrecia un muestrario de personajes diversos en la misma película.
El sexto dia, con Arnold Schwarzenegger, añadia el aspecto de conservar la memoria por procedimientos informáticos.
En ambos casos, la vida como tal, la que tiene un valor es la del ser que ha sido clonado, el original, pero con un matiz de lo más interesante, que no es otro, que el clon siente y recuerda igual que el original, y debe resignarse a perder una vida, que creia suya.
La inteligencia artificial, en cualquier caso es un tema presente desde que el hombre tomo consciencia que la tecnologia que habían conseguido con el progreso, podria algún dia conseguir logros como el crear a un ser inteligente, más eficaz incluso que el propio ser humano.
El cine, sabedor que dichos logros son más propios del futuro incluye robots en historias en épocas que aún no han ocurrido. Películas como La fuga de Logan o Blade Runner, ambientarón un futuro entre la idealización de lo bello, y la perdida de control de nuestra propia tecnologia, que invitaba a reflexiones sobre la busqueda incondicional del hedonismo, y la aceptación de cualquier destino ante la falta de criterio del pensamiento humano. Una circunstancia que ya preveia H. G. Wells en novelas como La máquina del tiempo.

El caso es que se obtenia la plataforma para reflexionar sobre la autenticidad de la inteligencia artificial, y si bien apenas se toca esta disyuntiva en la Fuga de Logan, en Blade Runner, la sociedad entre humanos y replicantes, nos da la visión más poética de la tecnologia, y nos adentra en un mundo sobre el sentir, el vivir y el convivir.
Fue quizás la saga de La guerra de las galaxias la que popularizó el gusto por los robots, al escoger a dos de ellos, como personajes de cierto peso en la historia. Se les humanizaba con recursos, que iban desde la forma humana de C3PO, o los sonidos simpáticos de R2D2. Su fuerza radicaba en su complementaridad, como si fueran la extraña pareja. El espectador les percibia como seres vivos, que sentian, pues tan sólo tenian que ver el servicio que prestaban a sus dueños de forma tan humana, como si realmente existiera una implicación emocional por parte de dichas máquinas, que era correspondida sutilmente por los protagonistas humanos.
Pero si exceptuamos Blade Runner, el tema de seres creados por el hombre, que deben procesar el sentido de su propia existencia, ante el escepticismo del ser humano, no se había tocado con profundidad, y películas posteriores como la saga de Terminator, utilizaban al robot como un reclamo, una maravilla tecnológica, que fascinaba, pero que apenas invitaba a reflexionar sobre la vida, aunque bien es cierto, que la segunda parte, profundizaba más sobre la humanización de la máquina, pero sin salirse de la premisa, de que formaba parte de su programación artificial.

Han tenido que ser películas, de cierto corte fantástico, pero de esencia dramática, las que han abordado el tema con mayor profundización.
Asi, la película DARYL, fue de las pioneras en mostrar la historia desde el punto de vista del robot. Un niño, totalmente orgánico, pero un cerebro electrónico, es visto como un experimento más del gobierno, hasta que su comportamiento hace pensar a algunos que siente y padece al igual que cualquier humano.
Se pone sobre la mesa el valor de la vida, y lo relativo que resulta en casos como este. Como es lógico, y recurriendo al romanticismo, los valores familiares, y porque no, el deseo por creer que la vida artificial es tan válida como la natural, el dilema se resuelve en favor del robot, en una especie de alegato sobre que no se puede decidir sobre la vida ajena.
La revisión de esta historia nos llego con un proyecto de Stanley Kubrick, Inteligencia artificial, que como es sabido, adaptó finalmente Steven Spielberg. Haley Joel Osmand interpretaba a un niño artificial, al igual que DARYL, pero con un planteamiento inverso a esta, pues se conoce desde el principio la condición de robot del protagonista, lo que implica su concepción, más como un juguete, que como un ser vivo. La moraleja es la actitud inhumana del ser humano, que se comporta como en épocas tristes de la humanidad, como los genocidios, al menospreciar y maltratar a otros seres, que también son capaces de sentir.
La aceptación de la artificialidad, y la necesidad por humanizarse y ser reconocido como tal es lo que nos cuentan en El hombre bicentenario, en una película que supone un alegato a la integración y la tolerancia, ante el excepticismo que provoca todo aquello que no entendemos.
Algún dia, quizás, el hombre pueda crear a alguién capaz de vivir y sentir como lo hace un niño, y conseguir que evolucione como los hombres justos, que son aquellos que piensan como adultos y sienten como niños.