De vuelta de Orihuela, y de un gran fin de semana, Rafa Pucela regresa con el artículo semanal.
Por lo general, los personajes de cierto peso en la historia son presentados poco a poco para que nos hagamos una idea de como son. A veces, esta apariencia nos mantiene engañados, o al menos confusos, pues dudamos de las verdaderas intenciones del personaje. Es decir, no sabemos si es bueno o malo, o creemos que es bueno y luego resulta ser malo.
El cine utiliza personajes asi, pues se acercan más a la realidad, ya que nunca llegamos a conocer realmente a ciertas personas, hasta que nos sorprenden.
Pero más alla del realismo que supone la desconfianza y el engaño, supone un recurso de lo más atractivo para el espectador, que se siente vivo al dejarle que piense por si mismo. Tiene la libertad de ser engañado para luego desvelarle la verdad, como tiene la opción de no creer a determinado individuo, y anticiparse al personaje del que usamos su punto de vista.
Indagar en ejemplos concretos creo que no es muy conveniente por eso de desvelar spoilers, que en muchos casos no tendrian repercusión para la mayoria, pero que a la larga a todos se nos descubriría secretos de determinadas películas que no conociamos.
Asi, que simplemente plantearé casos generales, para que nadie tenga preocupación alguna, de que se le pueda chafar alguna película que pueda ver en el futuro.
El caso más significativo es el de mujer fatal, aunque no suelen prolongar demasiado el descubrimiento de su verdadera personalidad, al menos al espectador, que suele descubrir con suficiente antelación las motivaciones de la mujer que manipula al hombre ingenuo, enamorado de ella. Asi vive la tensión de la manipulación, que el protagonista aún no siente, pero que seguro sentirá en el último tercio de la película.
En estos casos, se nos presenta que el vecino, el amigo o el médico de la familia es cómplice de la mujer, y que además lo tenian planeado incluso antes que la pérfida manipuladora entrara en su vida, lo cual supone un tremendo palo para el hombre, que no sólo ha visto su confianza rota, sino que también sufre un cruel desengaño amoroso.
El hecho de que sean mujeres, por lo general muy atractivas, las que idean estas tramas, se debe a un príncipio básico en el comportamiento humano: la pérdida de cautela hacia la persona que se confia. El hombre tiende a la autoconfianza cuando logra que una mujer preciosa se enamore de él, y aunque puede ser cauto al principio, cede ante el encanto, y porque no, el soborno sexual, para bajar la guardia.
Lejos de pretender resultar misógino, los roles se intercambian en determinadas películas, pero el juego es diferente al de la mujer fatal. Una Linda Fiorentino o una Nicole Kidman, no tienen su equivalente masculino. No existe propiamente el hombre fatal.

Lo que si tenemos es al prototipo de psicópata, o en otros casos, el de adúltero, que hace que desconfiemos de él, en favor de la mujer que está enamorada de él. A veces, no se nos desvela hasta el final, pero lo que si nos dicen es que ella es de lo más inocente, y sufre una determinada presión por la situación que le toca vivir.
No desvelo nada del otro mundo, cuando digo que el clásico de Hitchcock, Sospecha, trata sobre la desconfianza que sufre una esposa hacia su marido, interpretado por Gary Grant, que cautiva con su carisma, pero nos inquieta con determinadas miradas.

El tercer tipo de películas con el que cierro el artículo es el thriller centrado en la investigación de un crimen. Son múltiples las cintas de este tipo, basadas en novelas de Agatha Christie, especialmente con personajes como Miss Marple, Espejo roto, o el detective Hercules Poirot, Muerte en el Nilo. O las de Conan Doyle, con Sherlock Holmes, como El perro de Baskerville.
Practicamente desde el príncipio conocemos al asesino, o mejor dicho, a los sospechosos, pues no sabemos con certeza quién cometió el crimen hasta que el detective ata los cabos necesarios al final del todo.
De hecho, sabemos muchas cosas de los sospechosos, antes de que se cometa el crimen, por lo que ayuda a entrar en el juego.
Thrillers más contemporaneos como El color de la noche, o clásicos como Frenesí, de nuevo de Hitchcock, nos adentran en personajes que no son lo que parecen, y que en el caso de la segunda, nos lo desvelán relativamente pronto, para que nadie este tan confundido como la policia, y podamos sentir la angustia del falso culpable, que aunque sea un capullo, es totalmente inocente.
Asi, que la moraleja es dejaros cautivar, y fingid sed engañados, que el propósito del engaño es el disfrute de la venganza hacia el que nos subestima.