Es muy habitual que la sensualidad aparezca de forma sútil en publicidad y en el cine. La reiteración y exposición explícita de elementos sexuales, hace que la película pierda coherencia en favor de elementos que sólo están ahí para apoyar determinadas secuencias. El ejemplo de Spiderman tiene ejemplos sutiles de erotismo light, que acompañan por lo general a escenas violentas o intensas en acción. Todo ello supondría un análisis freudiano de lo más amplio sobre el sexo y su capacidad de provocar diversos estímulos ante la percepción de imágenes cinematográficas.
El recurso del que más bebe la saga de Spiderman es el fetichismo por los pechos. No se abusa en exceso, y no se llega al desnudo, pero a lo largo del metraje de cualquiera de las películas de la saga se muestran diversas escenas de actrices escotadas, o en su mayor variante, con unos pechos de lo más sugerentes marcados tras una ropa intencionadamente ajustada.
Estos son los ejemplos escogidos de la primera parte.
La presentación de Mary Jane como chica de instituto con un llamativo escote.

La pelea en el instituto con un público de lo más atractivo.

La sutiliza pierde en favor del erotismo más intencionado con el vestido mojado de la protagonista, también en una secuencia violenta concluida en romanticismo.

El traje con motivos orientales de Mary Jane en un contexto romántico como una catedral, posterior al ataque de El Duende verde, moldea de nuevo los pechos de la actriz.

La segunda parte muestra a una Mary Jane recatada hasta el tramo final, donde la intensidad tiene su toque de erotismo.
En esta escena, se mezcla el suspense por la llegada de Octopus que trepa el edificio, con la sensualidad que desprende una atemorizada secretaria.

Posterior a la anterior es este sugerente plano contrapicado a lo Ciudadano Kane donde las actrices miran al cielo cuando pasa Spiderman. Como curiosidad, mencionar que la actriz de la izquierda se la ve en varias secuencias más, inclusive en la segunda foto de este artículo.

El fetichismo por Mary Jane cobra protagonismo con este vestido que transparenta, previo de nuevo, de la irrupción brusca de Octopus.

El mismo vestido, como consecuencia de la coherencia de racord, es el que mantiene en la secuencia final, donde el fetichismo de las tetas se carga de mayor erotismo con la imagen cautiva de la novia de Spiderman.

Muchos profanos de los mecanismos sobre sensualidad en los medios audiovisuales, pensarán que este análisis es sólo el punto de vista de un salido obsesionado con las tetas, pero aunque reconozco que no soy inmune a los encantos de unos buenos pechos, mi análisis es sólo una reflexión sobre los medios del cineasta, que juegan con el subconsciente basándose en las teorias de Freud.
Asi que el que no se haya percatado de que Spiderman es una película de tetas que tire la primera piedra.