Leyendo Matadero cinco de Kurt Vonnegut se planteaba la posibilidad de escribir una novela con un protagonista que no fuera del agrado del lector al ser el malo de la historia. Dicha opción era desaconsejable ante la máxima regla de que debe existir empatia con el protagonista, y eso requiere al menos cierta afinidad ó comprensión respecto al personaje.
Mi amigo J, habitual comentarista del blog, me ha sugerido un artículo sobre personajes que obran mal, que pese su condición, crean un vínculo con al menos un sector de los espectadores, que hace que se tome partida en favor suyo.
Novelistas, guionistas y escritores en general son más propicios para explicar los diversos mecanismos que utilizan para sostener una historia, con el juego que se establece entre los personajes, y de estos con el lector ó el espectador. Además, sin duda, supondría un espacio amplio, que seguro resultaría insuficiente aqui. Yo me limitaré a abordar diversos ejemplos sobre personajes, a priori antipáticos, que llegan a crear vínculos por encima incluso del propio heroe.
Que un personaje, del lado del mal, nos atraiga es muy común, pues a fin de cuentas ese es el objetivo. El antagonista al heroe debe tener un carisma y unas faciones que le hagan interesante, más alla de ser un mero complemento. Cuando la empatia supera esta circunstancia, hasta el extremo de que nos simpatice por encima del bueno, estaremos hablando de casos significativos, que no siempre formaban parte del objetivo del autor.
Hay películas como El coleccionista, con Terence Stamp, cuyo protagonista es un perturbado, que secuestra a la chica de la que se enamora, Samantha Edgar. A priori el personaje es detestable, pero el desarrollo de la trama nos hace comprender su actitud, y aunque la lógica y la ética más básica, nos impida aprobar el secuestro, nos hacemos participe de su amor sincero, y de su intento por ganarse el amor de la chica.
Almodovar nos ofrecia esa revisión en Atame, donde Antonio Banderas, nos ofrece un perdedor de buen fondo que emula al protagonista de El coleccionista.
Se trata de personajes que terminan siendo del agrado del espectador, pues es el objetivo de la historia. La empatia con el protagonista pese a su condición.
Esos personajes, quizás sean herederos de Drácula, especialmente el que nos ofrecia Coppola en el cine (posterior a dichas historias, pero basado en la novela de Bram Stocker, de carácter más atemporal).
Gary Oldman dibujaba un hombre perverso, bajo la apariencia de la fealdad, la vejez y el deterioro del rostro, asi como de su transformación en bestias salvajes. Pero Drácula es también el hombre sólo, inmortal, marcado por la muerte de su amada, y obsesionado con la reencarnación en el personaje de Mina, Winona Ryder.
Es inevitable sentir lo que siente el conde, y evolucionar como lo hace Mina Hagen hacia la comprensión, llegando incluso a odiar al mismísimo Van Helsing, un personaje en el lado del bien, que resulta detestable por su frivolidad. Magnífico Anthony Hopkins.

Otro personaje del que no podemos dejar de sentir comprensión es Humberg Humberg, de la película Lolita. En ambas versiones rodadas, de Kubrick y Lyne, la actitud de este individuo roza lo amoral, pues busca el acercamiento a una mujer que detesta sólo por acercarse a su hija adolescente. Dicho asi, todos dirían que vaya elemento este que interpreta James Mason ó Jeremy Irons. Pero lo cierto es que también es un hombre atrapado por sus propias obsesiones, y motivado por la seducción y belleza que le ofrece una adolescente que en el fondo no es tan inocente. No creo que Nabokov, autor de la novela, pretendiera que justificaramos una actitud objetivamente inmoral, pero si nos hace las descripciones necesarias para que el juicio al personaje no prevalezca por encima de lo que mueve a Humberg.

El caso, es que sea cual sea la condición del protagonista, ó en su defecto de aquel cuyo punto de vista prevalezca y guie al espectador, debe existir un vínculo que nos le haga al menos soportable. Como en toda regla, hay sus excepciones y hay películas donde ningún personaje resulta simpático, y no me refiero a que sea un prodigio contando chistes.
El que opta por este sistema se arriesga a asfixiar al espectador en un contexto, donde todo el mundo resulta repulsivo, pero si sale bien, se nos ofrece un lienzo de personajes de lo más interesantes, que compensan el resto de carencias, incluida la de la falta de contraste.
Recuerdo la película Intacto de Juan Carlos Fresnadillo, donde ninguno de los personajes me resultaba agradable pese al interés que sin duda suscitaban. Víctimas y manipuladores terminaban en el mismo saco de personajes no agradables. No pude evitar sentir que cada uno de ellos se merecia el peor de los destinos que se les presentaban.
Una película como El método, nos ofrece una jauria de personajes, dispuestos a todo por un puesto de trabajo. Actitud que reprobamos en nuestro círculo de amistades, pero justificamos en nuestra vida laboral. Aqui el juego es superar el límite con nuestros compañeros para conseguir nuestros objetivos. Aún eso, estos personajes son de nuestro beneplácito pues se nos ofrece que también son personas, que quieren progresar en su trabajo, y que son arrastradas por un juego, que en el fondo les desagrada.
Para terminar, abordamos a esos villanos, puros y duros con los que al final nos implicamos, atendiendo a la petición de J.
No puedo adivinar si cada uno prefiere que gane el doctor No a 007, ó que Joker le abra la cabeza a Batman. En principio, el autor no pretende que sea asi, pero cada cual es libre de desear lo que quiera.
Es cierto, y siguiendo con las sagas anteriores, que Tiburón, el villano de Moonraker, interpretado por el grandote Richard Kiel, nos resulte simpático, pues en el fondo es un brutote que no es un sádico manipulador, como los villanos jefe habituales de la saga, inteligentes y malévolos interpretados por los Christopher Walker ó Christopher Lee, que son de lo más detestables.
Así, Catwoman, es una villana, que pese a ser un mal bicho, tiene una historia previa por la que nos compadecemos, de la misma forma que le pasa al propio Batman, que incluso se enamora de ella, aunque desconozca su verdadera identidad como mujer gato.
El caso más significativo es el de Hanibal Lecter, inteligente, culto y despiadado, goza de nuestra simpatia cuando un grupo de matones pretende capturarle para que sea comida para los cerdos, en la secuela de El silencio de los corderos, Hanibal, donde la mismísima Clarice Starling sufre una relación amor, odio con el psicópata.
Si sabeis de personajes malos, malísimos que os caigan bien, ó recordais películas, que os gustarón, cuando ninguno de los protagonistas os agradaban, este es el momento para decirlo, ó sino que callen para siempre, como dicen en la bodas de las pelis.