Si en un artículo anterior hablabamos de los aviones, de su potencial para crear historias en su entorno, y de la curiosa aportación de Spielberg en sus películas al conocimiento de la aviación, hoy toca hacerlo con los trenes, deteniéndonos, entre otros, en la figura de Alfred Hitchcock.
La primera a mencionar de Hitchcock, es una obra de suspense, como era habitual en su filmografía, titulada Alarma en el expreso, sobre la posible paranoia que sufre una mujer, al notar la desaparición de una anciana, compañera de viaje en un tren, a la cual niegan en su entorno la existencia de dicha mujer. Gran parte del metraje se desarrolla en el tren, donde se encuentran las pistas que clarifican el asunto. Esta tuvo su remake en los setenta con Elliot Gould y Cybill Sheperd.

Los trenes, al igual que los aviones, son propicios al secuestro, a ponerlos a toda marcha y hacer peligrar todo lo que se ponga por medio. Esto es lo que les pasa al trio protagonista de El tren del infierno, donde dos fugados, John Voight y Eric Roberts, coinciden con Rebeca de Morney, en una huida en un paraje helado.
Aunque si se trata de terroristas, el ejemplo más claro es el de Alerta máxima 2, donde se cambia el barco de la primera, por un tren, y Steven Seagal, deben enmedar el lio.
Aqui se usa un recurso, llamado macguffin, utilizado por Hitchcock en sus películas, donde se persigue algo importante, como un cd de datos secretos, que en el fondo no sabemos que es, pero que mueve toda la trama, y se desarrollan aspectos más llamativos de cara al público.
Otro macguffin en trenes es el de Misión imposible de Brian de Palma, donde Tom Cruise negocia con Vanesa Redgrave el intercambio de datos informaticos, en este caso una lista de espias.
El macguffin que mueve Con la muerte en los talones, la segunda de Hitchcock, es un microfilm, por el que persiguen a Gary Grant. En su viaje del este al oeste, como se titula originalmente en inglés, Roger Thorni, el personaje principal, tiene un apasionado viaje en tren donde conoce a Eva Kendal, Eva Marie Saint, jugando con los recursos propios de la situación, como son los camarotes reducidos y el punto de vista siempre desde dentro del tren, para que el espectador se sienta viajando constantemente, sin ofrecer planos del exterior hasta la llegada a la estación.

Esa situación de peligro se rentabiliza bien en Testigo accidental, en la huida que sufre un fiscal, Gene Hackman para proteger a una testigo, Ann Archer, que deben huir en tren, y escapar de los matones, que parten con la desventaja de no conocer a la testigo.
Los trenes también son lugares de encuentros, donde dos personas pueden enamorarse al coincidir todos los días, como les pasa a Robert De Niro y Meryl Street en Enamorarse, ó la más compremetida historia futurista, Fahrenhai de Francois Truffaut, donde un bombero quemalibros, conoce a la mujer que le abre los ojos.
Pero el encuentro más llamativo es para la tercera que nombro de Hitchcock, Extraños en un tren, donde la coincidencia con desconocidos supone la posibilidad de asociarse para confabular un intercambio de crimenes, con la garantia de no poder relacionarlos.
Aunque hablando de crimenes, los trenes son propicios a robarlos, y si bien es más propio en el western, como Dos hombres y un destino de George Roy Hill, con la pareja más emblemática, Redford y Newman, hay versiones más contemporaneas como Asalto al tren del dinero, donde Woody Harrelson y Wesley Snipes se ven envueltos en una interesante aventura.
El recurso del robo de trenes, es homenajeado en Regreso al futuro III de Robert Zemekis, cuando al parar el tren preguntan, ¿es un robo?. No,,,Es un experimento científico.

Como medio de transporte clandestino, ante los controles de aeropuertos y demás circunstancias, es muy socorrido, pues garantiza la prolongación de un viaje, y la posibilidad de subir y bajar del tren, dando mayor dinamismo a la huida. Es el caso de El expreso de Chicago donde Gene Wider, se lamenta constantemente de su mala suerte cada vez que abandona el tren a la fuerza. Magnífico, por otro lado, el acompañamiento musical de Henry Mancini.
Pero no siempre la presencia del tren es inmediata, y a veces la sugestión y lo metafórico resultan también muy impresionables. Asi en El expreso de medianoche de Alan Parker, sobre una prisión turca, deja la esencia del título para un momento que no vamos a desvelar aqui.
No podía finalizar, sin la referencia a la película por excelencia sobre trenes, un clásico del cine más universal, El maquinista de la general, y las aventuras del siempre genial Buster Keaton. Una curiosidad, al respecto de esta última, pues Buster Keaton hace un cameo en La vuelta al mundo en ochenta dias, como revisor de trenes. Esta versión, con Cantinflas y David Niven, no la faltan viajes en varios medios de transporte, donde está el ferrocarril, atraviesando Estados Unidos por el desierto que unia las costas del Pacífico y del Atlántico.
Los trenes siguen siendo un recurso magnífico de guión, aprovechando cambios de escenarios, para introducir escenas de cierto peso, ó con un protagonismo propio, donde el tren tiene una presencia importante, analoga a la que podía tener el motel Bates, de Psicosis, para despedirnos con la cuarta de Hitchcock.