Seguimos con el repaso de géneros. Tras las numerosas entradas, para este modesto blog, en los artículos del cine de terror, erótico y cómico, nos adentraremos en las historias de amor más sugerentes que nos ha dado el cine romántico.
De nuevo, el resumen será injusto con muchos títulos que no aparecerán, pero la democracia de estos blogs, que no censura comentarios, nos hará recuperar títulos olvidados.
Antes, una breve puntualización sobre lo que conocemos por romanticismo, como corriente artística, aquella que nos enseñarón en el instituto cuando leiamos a Bequer y Rosalia De Castro, y nos contaban como se centraba una historia en la relación de amor de sus protagonistas, y como la muerte ó el sacrificio tenían una presencia importante, asi como los escenarios como los cementerios. La idealización del hombre en la figura del dandy, asi como los impedimentos sociales y familiares para que los amantes pudierán mostrar su amor al mundo.
Lo que parece ser una corriente pasajera, no deja de ser una enciclopedia de esencias que el cine ha sabido utilizar y que ha actualizado en historias contemporaneas.
El género romántico, como tal, es más un mecanismo de complemento de géneros más amplios como el drama, que en casos particulares como Los Puentes de Madison de Clint Eastwood, prevalece la relación de pasión entre los protagonistas por encima de cualquier otra argumentación, adjudicándose más el término romántico.
En otros muchos casos, la historía de amor supone una trama más dentro del mosaico global de la película. Ahí van unos ejemplos.
Cine cómico mudo, con esa novia formal que espera casarse con el heroe, que dedica su tiempo a enfrentarse a problemas de mayor enjundia, con resultados cómicos, para conseguir casarse con la chica. Harold Lloyd escala un edificio para conseguir el dinero para su boda en El hombre mosca.
El thriller, que hace que dos personajes se conozcan en situaciones de tensión y peligro, que termina uniéndoles, como Speed ó Con la muerte en los talones.
Vayamos con el repaso de los títulos con mayor presencia de sentimientos y emociones.
Las películas de reencuentros de viejos amores, con heridas que no se cierran. Casablanca nos presenta al Bogard que salió escaldado de Paris, y que tras reencontrarse con Bergman, vuelve a estar jodido, pero le ayuda al menos a comprometerse con la causa de los aliados, de la que había renunciado.
Otro reencuentro, muy emotivo, es el de Robin y Marian de Richard Lester, donde Sean Connery y Audrie Hepburn, continuan en su madurez aquella historia de amor que se inició con la historía original del famoso arquero.
La mujer fuerte, que no hay quien la aguante, pero que es muy guapa y tiene a todos los babosos a su entorno, excepto el que le gusta de verdad. Vivian Leight es esa mujer en Lo que el viento se llevo, y Clark Gable, el hombre que la pone las pilas, haciendo que salten chispas por todos los lados.
La mujer que se enamora de imposibles pues ya tiene un marido, un novio, unos hijos...y llorá como nadie. Esa es Meryl Street, que no hace más que poner cuernos en Enamorarse, Memorias de Africa ó la comentada Los puentes de Madisón. Se ve que eso de abandonar maridos le salio tan bién en Kramer contra Kramer, que siempre la llaman para estos papeles.
En Memorias de Africa de Pollack, el seductor es el inconfundible Robert Redford, que siempre esta en el lado de los robamujeres, como no podía ser de otra manera. Se lleva el gato al agua a Mia Farrow en El gran Gastby, ó a Demi Moore en Una proposición indecente. Lo malo para el pobre Redford es que sale escaldado en la mayoria, no por el marido, sino por otras circunstancias. A algunas de las anteriores, habría que sumar el trágico desenlace de Intimo y personal, donde Michelle Pfeifer quedó tocada. Y es que de nuevo la muerte esta presente en el amor.
Ya que hablamos de cuernos, es inevitable la referencia a los triángulos amorosos, del que ya escribí un artículo en este blog. La Street vuelve en este tipo de historias en El cazador, alternando con De Niro y Walker, y La decisión de Sophie con Kevin Kline y Peter Mcnicol.

Pero si lo que importa es echarse unas risas, para que no quede la cosa muy empalagosa, tenemos la comedia romántica como Cuatro bodas y un funeral, que mientras te ries piensas en lo que le conviene a Hught Grant en lo que a chicas se refiere, pues sabemos lo que siente por Andy Mcdowell, y quieras ó no te implicas emocionalmente.
Los personajes que se conocen por casualidad y no tienen futuro alguno por las circunstancias. Eso es lo que les pasa a Itham Hawke y Julie Delphie en Antes de que amanezca, donde deben rentabilizar al máximo el día que pueden pasar juntos.
Como también rentabilizan al máximo el día los protagonistas de Titanic, de James Camerón.
Además la curiosa historia de Alan Alda y Helen Bursthen en El próximo año a la misma hora, de Robert Mulligan, donde los protagonistas se ven una vez al año de manera furtiva durante veinticinco años.
Julie Delphie protagoniza también Blanco de Kieslowski, donde el amor supone desengaño, y este conlleva venganza, y esta a su vez dolor.
El cine evolucina y sabe tratar cada vez mejor la frustración que produce amar, y recuerda tiempos en los que el cine lo idealizaba todo. Asi Woody Allen, junta ambos, y hace La rosa purpura del Cairo, donde Mia Farrow, vive la ilusión del amor con un personaje de ficción del cine, que desconoce lo imperfecto que es el mundo real.

De Allen tenemos también su reflexión sobre la idealización del heroe del cine negro, aplicado en la dura vida real de un hombre separado, enamorado de la mujer de su mejor amigo, en la magnífica Sueños de un seductor.
Un caso de clara decepción amorosa, de sensualidad, y de un profundo sentido amoral es Lolita donde Kubrick hace que Masón se sienta turbado, y en la versión de Adrian Lyne, Jeremy Irons se muestra melancólico.
Si Lolita era una turbadora mujer fatal también lo fuerón Lana Turner y Jesica Lange en sendas versiones de El cartero siempre llama dos veces.
Si bien, Lange también participo en otra famosa versión de un clásico, King Kong, una historía atípica de amor, pero historia de amor al fin y al cabo.
Las decepciones dejan hecho polvo a cualquiera, asi que un poco de esperanza y final feliz no viene mal, aunque la relación se presente como imposible. De esta manera Pretty woman, permite el final de cuento feliz.
También el mismo año, 1990, tuvo éxito Ghost, sobre el amor tras la muerte, que recupera motivos directos del romanticismo, sin recurrir a las historias clásicas de la literatura del XVII y XVIII, como La celestina, ó las versiones de Shakespeare, como el Romeo y Julieta de Cefirelly, ó la adaptación contemporanea con Leonardo Di Caprio y Claire Dances.
Esta claro que las historias más emotivas son aquellas en que por una ó por otra las cosas no resultan fáciles, y sino que se lo digan a Jack Lemon en El apartamento, donde tiene conflicto de intereses para conseguir a la bella Shirley Mclane.
El mismo rollo de siempre, ajustándose a los parámetros del romanticismo, que impiden el amor entre Ralph Fiennes y Kristen Scoot Thomas en El paciente inglés, en contraste con la historia paralela entre Juliette Binoche y Naven Andrews.
El amor como estado de conveniencia que popularizarón Spencer Tracy y Katherine Hepburn, que desencadena en amor verdadero, tiene su ejemplo en El amor tiene dos caras.
Espero que con los ejemplos comentados haya demostrado que el romanticismo del XIX todavía tiene sus aplicaciones, y si no elementos de corrientes predecesoras como las obras teatrales de Lope de Vega ó Shakespeare. Si no es asi, pues bienvenidas sean nuevas interpretaciones.