Siguiendo con el repaso de géneros, y atendiendo a peticiones, haremos un repaso por el cine erótico más significativo. Ubicar un género como este puede ser inmediato cuando hay un reclamo directo, donde prima la sensualidad y erotismo por encima de argumentaciones más sólidas. Pero el erotismo también ha sido un recurso para afianzar historias con transfondo dramático.
El cine clásico, ante la censura y mentalidad conservadora ha sido reacio a cualquier muestra de erotismo directo, pero no por ello se ha renunciado a utilizar recursos que burlen la censura, y den muestra de la química y sensualidad entre dos personajes.
Hichcock, por poner un ejemplo, en Con la muerte en los talones nos muestra a una seductora Eva Marie Saint junto a Gary Grant, en una reunión en un vagón de tren culminada con un beso en un estrecho compartimento. La serie Bond se ha apropiado de recursos similares, y el último ejemplo se nos ofrece en Casino royale, en el mismo contexto con Eva Green y Daniel Craig.

Otro ejemplo de sutilezas es el mostrado en El manantial, donde la pasión que surge entre Patricia Neal y Gary Cooper, se muestra en una cantera donde él taladra la piedra mientras la mira a ella, con una correspondencia total.
Aunque si hay que escoger un mito erótico de los sesenta ese es el que nos muestra Kubrick, con una jovencita Sue Lyon, en Lolita donde se mezcla moralidad y sensualidad junto a la reinterpretación de mujer fatal, esta vez encarnada en una adolescente.

La progresión del erotismo, a lo largo de los años como recurso para mostrar pasiones ha evolucionado desde la sutileza hacia la carnalidad.
La última seducción de John Dahl, trata de la sexualidad como arma, y retoma la figura de mujer fatal, ya utilizada en las dos versiones del Cartero siempre llama dos veces. Las escenas de sexo son la culminación de un prólogo de seducción, y encumbró a Linda Fiorentino como mito erótico de los noventa. Ya en Jo, que noche, de Scorsese, tuvo un personaje secundario, de semigótica, practicante de la sumisión sadomasoquista, que la perfilaba como actriz con gran magnetismo sexual.

El sexo ya era un recurso lícito para afianzar historias en Hollywood, que además tenían un importante reclamo publicitario. Así, la mujer seductora que manipula, y provoca situaciones con carga sexual ante hombres dispuestos a los desafios, nos ofrece películas como Instinto básico ó El color de la noche, donde respectivamente se encumbra a bellezas como Sharón Stone ó Jane March, esta última aprovechando la inercia de El amante, película sobre la sensualidad de la adolescencia basada en la novela de Margaritte Duraux.

La liberación del erotismo ya tenía entonces claros precedentes del cine europeo, más independiente y con una mentalidad más progresista.
Maestros como Fellini dan rienda suelta al lenguaje de la carnalidad en Amacord, donde muestra escenas explícitas donde deja clara sus gustos por las mujeres entradas en carnes. O bien, resulta más contenido en escenas como el baño de la fontana de Trevi, en La dolce vita.
Aunque si hablamos de erotismo desde el punto más estricto del término, tenemos que recurrir al cine francés, y la elección de un lenguaje directo. La saga de Enmanuel, iniciada con Sylvia Kristel, muestra desnudos y escenas de sexo buscando la sensualidad más idealizada, acompañada con planos fijos, transiciones suaves y acompañamiento musical con instrumentos propios del romanticismo como el piano y los instrumentos de cuerda.

Siguiendo las mismas premisas se nos presenta Historia de O, que encumbra a Corinne Clery, en un relato sobre el sadomasoquismo y la implicaciones emocionales del que cede su voluntad.
Todas ellas provocaban escapadas a Perpignan de españoles deseosos de vivir el erotismo, ante la censura vivida en los últimos años de la dictadura franquista. La llegada de la transición dio lugar a un subgénero en España que buscaba el recurso fácil del desnudo para atraer al público. La época del destape, popularizo a actrices como Agata Lys, Maria Jose Cantudo, Barbara Rey o Mirta Miller, que participaban en películas con títulos tan llamativos como Deseo carnal ó Violación carnal. Directores como Mariano Ozores popularizarón comedias con ganchos como el desnudo femenino.

Una corriente paralela era la de la comedia italiana erótica. Aquellas que recurrian al personaje de Pierino, Jaimito en España, caracterizada por Alvaro Vitali. De ahí rescatamos títulos tan curiosos como La doctora del distrito militar. A este subgénero pertenecen mitos eróticos como Edwige Fenech ó Gloria Guido.

Mención aparte merece la figura de Laura Antonelly, con la mítica Malizia, con un mayor refinamiento de la comedia, y posteriores como La gabbia, donde se recupera el drama con transfondo sensual.

De esa época, destacamos la popular Ultimo tango en Paris, donde el dramatismo, los personajes al límite de su propia existencia, convierten el sexo en un escape de emociones extremadamente intensas.
Los siguientes años en España nos trae cineastas como Almodovar, sin inhibiciones, donde se atreve a mostrar fetiches como el famoso riego en Pepi, Lucy, Bom..., ó sexo entre homosexuales, tabú hasta el momento, en La ley del deseo. Su posterior filmografía ha tratado con naturalidad estas premisas, y temas como la prostitución y la transexualidad son incorporadas sin pudor alguno.
Las adaptaciones de Almudena Grandes nos ha dado títulos como Malena no es nombre de tango, donde se presenta a la mujer como un ser con deseos por experimentar. La más significativa de todas ellas sería Las edades de Lulo, con una sensual Francesca Neri, dirigida por un Bigas Luna, maestro también en la expresión de la carnalidad, dando la imagén más evocadora de Penélope Cruz en Jamón, Jamón o Valeria Marini en Bambola.

De nuevo se quedán fuera tendencias, y seguro que se hecharán en falta más títulos donde el erotismo es objeto y objetivo de la historía, pero es lo que queda, asi que a animarse aportar más.
Aportación Enero 2008.
He publicado una segunda parte del artículo titulado: Cine erótico II. Nuevos títulos. El enlace es de este mismo blog.