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25 septiembre 2007

Junglas de cristal

Aprovechando la presencia de la jungla 4.0 en la cartelera, haremos un repaso de lo que supone una franquicia que se inicio en los ochenta con el título original de die hard. Las similitudes entre las cuatro películas deben exceder las coincidencias formales relativas a las secuencias de acción, que la diferencie de otras películas del mismo genero.

La primera, la jungla de cristal, es la historía de un policia de Nueva York, que viaja a Los Angeles para reunirse con su mujer, la cual trabaja para una corporación japonesa que celebra la nochebuena en el rascacielos de la empresa. Unos terroristas se hacen con el control, y el policia, John McClane, se queda sólo y oculto, y se ve obligado a afrontar la situación de crisis utilizando su instinto y aprovechando los recursos mínimos disponibles.

Los dos mayores logros son precisamente la vulnerabilidad del heroe, que si bien es un hombre de acción, no deja de ser humano, y sufre ante las embestidas del enemigo, asi como su constante lamentación por su mala suerte ante la situación que la casualidad le ha ofrecido.El otro logro es la elección del escenario. Un lugar lujoso, en un contexto civilizado, que se tornará en un lugar hostil, que se acerca a la jungla que le da título, donde prima la ley del más fuerte. Un espacio con sus salas y habitaciones, pero con sus cuartos de instalaciones, conductos de ventilación y huecos de ascensores, donde se extiende la acción al rentabilizar al máximo el entorno.

A esto hay que unir los elementos que le dan dinamismo a la historía, como es la antítesis entre heroe y villano, y la ácida crítica, no carente de humor, a los servicios de seguridad, que operan fuera del edificio.

Se juega con el refinamiento e ironia del terrorista jefe, Hans Gruber, interpretado por Alan Rickman, y el sarcasmo del heroe interpretado por Bruce Willis. Se hacen multiples referencias a la cultura pop americana, de la que es ajena el villano, y de la que en cierta manera es producto el bueno, apropiéndose de los valores que la televisión le ha dejado.

Respecto a los cargos del fbi y policia, se parodia la ineptitud y prepotencia de la que hacen gala, en clara contraposición al sentido común que impone un policia de a pie, interpretado por Reginald Veljohnson.

No se tardo en realizar una secuela de una fórmula que funciono a la perfección y que tratan de repetir en die hard 2, con resultados de nuevo satisfactorios.

Se mantiene un escenario propio, también con vida propia, como es un aeropuerto, donde los espacios privativos son ahora aún más extensos que en la primera, ofreciendo situaciones más variadas, aunque con ello se pierde la magia de la primera, al facilitar al protagonista su campo de actuación, asi como la aportación de la ayuda, que esta vez, si tiene desde dentro. Una progresión necesaria para ofrecer al público variedad de escenarios, y evitar comparaciones excesivamente directas con die hard.

El villano queda algo más disipado entre los terroristas, donde el protagonismo que mantenia Gruber, se reparte esta vez entre tres villanos que se complementan, y que dificulta la actuación del heroe.

Como en la primera, el motivo de acción es la mujer de McClane, interpretado por Boni Bedellia, pasajera de uno de los aviones que peligran ante la incursión terrorista.

Las dos siguientes secuelas estan mucho más separadas en el tiempo, y comparten una estructura de guión, donde el escenario son lugares abiertos y la amenaza terrorista abarca un campo de actuación mucho más amplio.

Die hard 3, with a vengeance, devuelve al villano refinado, hermano de Gruber, interpretado por Jeremy Irons, y se le otorga un compañero, en una acertada interpretación de Samuel L Jackson, como tendero con prejuicios sobre la policia, con buen fondo, que al igual que McClane se ve envuelto en la trama por casualidad. Se recurre de nuevo a la camiseta que Willis llevo en la primera parte, como seña de identidad del heroe despojado de dignidad ante situaciones inesperadas, pero le autentifican y distinguen respecto al resto.

Live free or die hard, es la última entrega, y si bien, parece que es una historía con transfondo sobre el terrorismo informático, que podía haber sido utilizada en otras sagas, mantiene elementos de las anteriores, como ácidas criticas al sistema. Respecto a la anterior, se mantiene el compañero casual y un villano frio y calculador que teje un entramado complot.

La saga ha evolucionado hacia una espectacularidad en perjuicio de valores más provechosos como la soledad del heroe y la rentabilidad de escasos medios. En cualquier caso, se comprende la innovación de recursos a espacios más extensos e incursión de personajes complementarios, que hacen que cada nueva entrega evite repetirse respecto a las anteriores.

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