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Esteban Cañamares, Psicólogo Clínico y Sexólogo, Colegiado M-09659,identificable en el Colegio de Psicólogos de Madrid y en su página web www.epecpsicologos.com te da la oportunidad de acercarte a la psicologia de manera seria evitando el intrusismo profesional, hacer preguntas y leer mini-artículos sobre temas que pueden interesarte. Se compromete a contestar en un plazo máximo de una semana. Si necesitases de mayor intimidad y espacio para tus preguntas o comentarios puedes hacerlo a epecpsicologos@hotmail.com

LOS HERMANOS DE NUESTRA PAREJA

Debemos caer en la cuenta de que no estamos ante un grupo monolítico. Cada uno de los hermanos de nuestra pareja es diferente respecto de los demás. Además cada uno ha mantenido una relación distinta con respecto a nuestra pareja. Veamos algunos posibles casos.

Entre ellos, es decir, entre nuestra pareja y su hermano o hermana, puede haber existido una relación de gran complicidad, de manera que cada uno ha sido el confidente del otro, y pueden haber incluso formado un subgrupo familiar que les haya dado seguridad dentro del grupo entero. En estos casos y lejos de lo que en un primer momento pueda decirnos la intuición, las relaciones con ese cuñado o cuñada no tienen porqué ser especialmente positivas. Más al contrario, no pocas veces, esa especial unión entre ellos, ocasiona reacciones de celos en quien no se empareja, viviendo al recién llegado como un intruso que se entromete en tan magnífica relación de tantos años. Claro que casi nunca esta animadversión del hermano o hermana del cónyuge, se manifiesta de manera directa en forma de una actitud hostil abierta y evidente.

 Más frecuente es que adopte una de estas dos formas: - La pretensión de “incorporarse a la pareja como uno más”, es decir, de convertirse de alguna manera en el tercero de la relación. Se trata de esos cuñados, o más frecuentemente cuñadas, que realizan muchas actividades junto a la pareja. Irse de vacaciones con ellos, quedarse a dormir en su casa con cualquier pretexto, estar al tanto de los secretos de alcoba en los que da su opinión, enfadarse o premiar a su cuñado/a si su comportamiento ha sido malo o bueno con su hermana/o, y un largo etc.

No creo que tenga que hacer mucho esfuerzo para convencer al lector de lo inviable de esta situación. Cuando se mantiene a lo largo del tiempo, es debido, no a la actitud de uno de los tres, pareja y cuñada/o, sino al consentimiento de todos.

 Si el problema está en su inicio, bueno será que hagamos saber a nuestro cónyuge de lo inapropiado de dicha situación. Pero sería poco inteligente intentar cortar la relación entre ambos hermanos/as, lo primero porque paradójicamente podemos estimular aun más su miedo a separarse, y lo segundo porque no es necesario que se pierda esa especial relación, pero sí que se desvincule de la vida de pareja. - La otra forma que puede adoptar la animadversión del hermano o hermana que tan unido estuvo al cónyuge, es la de la seducción, más o menos descarada hacia el cuñado o cuñada. Lo que se intenta con esto, no es necesariamente, como pudiera parecer, el “quitarle” la pareja al hermano o hermana, sino más bien desacreditarla a sus ojos.

Tampoco en este punto es necesario extendernos sobre lo potencialmente peligroso que resulta este comportamiento. Es urgente en estos casos poder verbalizar la situación y los sentimientos que nos invaden. Otra posible relación preexistente entre nuestra pareja y alguno de sus hermanos, nuestros cuñados, es la de la animadversión, o al menos la antipatía más o menos manifiesta. Se trata de hermanos que seguramente han estado rivalizando por el cariño y la atención de los padres, y que han llegado a niveles de enfrentamiento muy altos.

En este caso ese hermano o hermana, no verá con malos ojos que su rival haga vida aparte, que se empareje, se case, y de alguna manera tenga menos presencia familiar. Seguramente pues, nuestra presencia no le será molesta, pero tampoco mostrará mucha cercanía personal, ya que de alguna forma nos ve como parte de su hermano – rival. Sin duda, es preferible encontrarse como cuñados a hermanos que mantuvieron buenas relaciones, pero que se percibieron unos a otros como personas independientes, con características individuales e irrepetibles y que viven el proceso de emparejamiento de cada uno de ellos con naturalidad; un proceso no exento de molestias, como es la de “hacer hueco” a los recién llegados, pero también enriquecedor. Con independencia de la relación previa entre nuestro cónyuge y sus hermanos, es indudable que el aterrizaje en la nueva familia puede facilitar dos fenómenos aparentemente contrapuestos pero igualmente dañinos. Los sentimientos de superioridad y los de inferioridad en nuestros cuñados. Los de superioridad pueden aparecer cuando el recién llegado tiene, o sus cuñados creen que tiene, alguna característica “inferior” tal como menor grado de estudios, aspecto físico claramente menos agraciado, menos estabilidad psicológica, etc. que les sirve para menospreciar al nuevo familiar con el objetivo inconsciente de sufrir menos por sus propias limitaciones. Sería un caso en que se podría aplicar perfectamente el dicho popular de “Ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio”. Además este menosprecio del conjunto de la familia, les puede servir de factor de unión, de forma de sentirse como un grupo, obviamente porque este sentimiento sea en realidad muy débil. Este proceso es más fácil encontrarlo en las familias cerradas.

Los de inferioridad aparecen cuando el recién incorporado, cuñado o cuñada, tiene alguna cualidad muy valorada por los padres, alguna característica que está en el “ideario” familiar pero no en su realidad de cada día. El buen estilo y la elegancia de la cuñada, el olfato para los negocios del cuñado, la simpatía de cualquiera de ellos, pueden ser ejemplos si los hermanos de nuestro cónyuge fueron siempre criticados por sus padres al no poseer esas cualidades, que por fin encuentran en la hija o el hijo “políticos”.

Al llegar a una familia no se puede evitar que ocurran estas cosas, pero sí podemos conseguir amortiguarlas. Si lo que se percibe son sentimientos de superioridad, bueno será no prestarles atención, salvo que deriven en burlas o menosprecios, en cuyo caso habrá que adoptar una postura asertiva y no consentirlos. Si lo que se percibe son sentimientos de inferioridad, será recomendable no estimularlos en lo más mínimo, es más, podría ser buena idea, hacer una pública defensa de los valores de los cuñados, que sin duda también los tendrán, trasmitiendo de manera ostensible y sincera, que no poseemos más valor que ellos. Evitaremos así su actitud en contra, pero además, si somos sinceros con nosotros mismos, y nos hacemos cargo de sus circunstancias, seguramente caeremos en la cuenta de que es algo de estricta justicia.

Tener y trasmitir la sensación de que no valemos ni más ni menos que ellos facilitará la convivencia en los largos años en que compartamos este parentesco.

Esteban Cañamares

Psicólogo Cínico y Sexólogo

Madrid

 www.epecpsicologos.com .

Publicado domingo, 05 de febrero de 2012 13:28 por demadrid52
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