Hay algunas actitudes personales ante la vida, que no son precisamente favorables a la hora de conseguir y mantener un peso correcto. Se gestan básicamente en nuestros años de crecimiento, por necesidad de acomodación a determinadas circunstancias que nos toca vivir, por observación de nuestros mayores, por influencia de la sociedad a la que pertenecemos, etc.
Junto con las características biológicas, y entrelazándose casi siempre con otras causas psicológicas más profundas, favorecen que muchas personas ni siquiera intenten ponerse a régimen.
Algunas de estas actitudes son sumamente personales. Quiero decir que se dan únicamente en una determinada persona, o en un número muy reducido de individuos. Otras, aunque minoritarias, pueden encontrarse en un subgrupo numéricamente importante. Veamos algunas de ellas.
TODO O NADA
Dentro de la categoría de causa menor de obesidad, o lo que es parecido, de dificultad para mantener un peso correcto, está lo que podríamos llamar mecanismo de “Todo o Nada”.
Este mecanismo afecta más, aunque no únicamente, a adolescentes y a adultos jóvenes, y consiste en que ante la imposibilidad de mantener un peso y una silueta ideal, casi perfecta, se renuncia a cualquier clase de control y vigilancia del peso. O lo consigo Todo o no lucho por Nada.
Esta misma actitud de renunciar totalmente a algo si no se puede conseguir el cien por cien de lo que se desea, podemos encontrarla en multitud de detalles a estas edades. El chico que aspira a sacar sobresaliente en una asignatura, y como no puede conseguirlo deja de estudiar y abandona la disciplina de la que se trate y obtiene un suspenso, renunciando así al aprobado o incluso al notable. La chica que, al no estar de acuerdo sus padres en todo lo que ella expone, sino sólo en una parte, deja de hablar con ellos y de proponerles todo, con lo que renuncia a aquello que sí pudiese suponer un acuerdo. El incipiente deportista que ante la imposibilidad de llegar el primero en la meta, deja de competir y no disfruta de un meritorio segundo o tercero puesto, etc.
Este es un mecanismo infantil que debemos corregir. Ya se observa en niños cuando ante la imposibilidad de imitar el vuelo de superman, inician otro juego de imitación, que antes o después dejarán, pues van tropezando con sus limitaciones. La mayoría de ellos aprenden con el paso del tiempo que son limitados, y que la felicidad puede estar en disfrutar de lo que sí se consigue, renunciando de corazón a lo que no llegamos a alcanzar.
Pero la presión social en los países occidentales, vía medios de comunicación de masas, es enorme. A los ciudadanos se les proponen modelos ideales, encarnados en personajes, a veces “prefabricados”, que están en un peso óptimo, que practican deporte, permanentemente bronceados. Está claro que la mayor parte de los ciudadanos no podemos alcanzar, y menos mantener, ese nivel.
Una vez que la persona renuncia a la perfección, (siempre discutible por otra parte), renuncia a toda lucha contra su tendencia muchas veces crónica a la obesidad.
Cuando encontramos esta renuncia a conseguir parte por no poder alcanzar el todo, no sólo observamos el mecanismo respecto de la obesidad, sino que puede detectarse en otras áreas de la vida. Por ejemplo, no intentar desarrollar una pareja ya que no se va a encontrar a nadie que tenga todas las cualidades que serían de desear. No intentar una aventura profesional puesto que es imposible alcanzar un existo total ...
Estas personas pueden ser ayudadas por alguien que tenga un mayor nivel de madurez, y que ante ellas tenga prestigio y sepa ganarse su respeto. No es necesario que sea un profesional de la psicología.
Muchas veces esta persona de ayuda viene del propio grupo de amigos, en donde siempre hay alguien más avanzado en el proceso de maduración personal. Pero, por desgracia, se da muchas veces que la persona se ha ido apartando de los miembros más maduros del grupo, y forma parte de otros grupos de personas de igual falta de maduración.
Naturalmente esta actitud de todo o nada, puede estar fuertemente favorecida por padres que sólo han trasmitido admiración y aceptación a sus hijos, cuando han obtenido resultados sobresalientes en alguna tarea. Esta actitud mantenida durante la primera infancia se internaliza y la persona se la aplica a sí misma una y otra vez. Quiero decir que el individuo se trata a sí mismo, de la misma manera en que le han tratado anteriormente sus cuidadores. A su vez los padres suelen haber sufrido de igual trato por parte de sus progenitores.
Pero no es imposible salirse de este esquema, y dejar de repetirlo generación tras generación.
Admitirse de corazón que nunca se llegará al peso ideal, puede ser suficiente para conseguir no caer en una abierta obesidad. En definitiva se requiere quererse aunque reconociéndose imperfecto.
FALTA DE VOLUNTAD
Qué duda cabe que todo requiere un esfuerzo, también el adelgazar y el mantenerse en un peso aceptable.
Caminar cuando apetecería coger el coche, molestarse en pensar una dieta más acertada, renunciar a veces, solo a veces, a la comida más apetecible, y tantas otras cosas requieren fuerza de voluntad.
Algunas personas simplemente no tienen el hábito de conseguir metas basándose en un esfuerzo personal mantenido.
No es fácil precisar por qué algunas personas tienen una marcada falta de fuerza de voluntad, una gran incapacidad para el sacrificio en aras de unos objetivos finales. Quizás haya dos comportamientos extremos en las personas encargadas de cuidar a los niños, que favorezcan esta falta de voluntad. En un caso el darles todo aquello que desean, sin que tengan nunca que esforzarse en nada, sin que sus logros dependan en ningún momento de su esfuerzo. Pero en otros casos todo lo contrario. El nunca recompensarles por su esfuerzo, el provocar en el niño la sensación de que es inútil cuanto haga, pues su esfuerzo nunca será valorado.
Tampoco debemos olvidar que en todas, absolutamente en todas las facetas de la vida, influye nuestra dotación genética. Nuestros genes determinarán en buena media las características de nuestro sistema nervioso central, de esas neuronas con las que pensamos, recordamos, sentimos, y gracias a las cuales somos más o menos propensos al desaliento, o a que las recompensas nos modulen más o menos.
Con un niño o niña tenemos un gran margen de maniobra a la hora de enseñarle a esforzarse, a alcanzar metas propias de su edad gracias al esfuerzo y a la constancia. Lo primero con el ejemplo de los mayores, lo segundo premiando todo esfuerzo mantenido, aun incluso cuando los resultados son contrarios.
El margen de maniobra con un adulto es menor, pero no inexistente. Dejarle bien claras las consecuencias de su esfuerzo, y las de su no esfuerzo, y mostrarle solidaridad con sus dificultades, así como un gran refuerzo anímico cuando intenta alcanzar metas, resultará fundamental.
Pero no debemos caer en la tentación de calificar como de simple falta de fuerza de voluntad, muchos casos que realmente obedecen a causas más profundas, como las ya expuestas.
Muchas veces, las propias personas afectadas por temas como los tratados (La obesidad como forma de evitar situaciones deseables, Carencia afectiva y obesidad, Fantasías de embarazo, La obesidad como forma de castigo, etc.), califican su problema de escasa voluntad, lo que a veces es simplemente un total desconocimiento de su problemática interna, y otras veces un intento de no indagar en su vida, y de que no lo hagan los demás, ya que en realidad intuyen las causas de fondo que les afectan.
(Es parte de mi libro ¿Por qué no puedo Adelgazar? editorial Algaba)
ESTEBAN CAÑAMARES
PSICÓLOGO CLÍNICO
PROFESOR HONORARIO DE LA U.A.M.
Madrid