Iglesia del Convento de Mercedarias de Don Juan de Alarcón.
Hacía años que no entraba en esta iglesia del siglo XVII.
Está abierta a las visitas todos los miércoles por la mañana. Muy cercana a la gran via y la calle Fuencarral.
Una fachada seria y limpia,
muy del estilo de la Encarnación solo que de piedra y ladrillo nos recibe.
Bella portada lateral con una estatúa de la Inmaculada y dos
grandes escudos nobiliarios.
Interior sobrio y austero, casi sin adornos superfluos.
La gran joya del templo, de obligada visión en este Madrid mágico, es el gran lienzo del altar mayor, de colosales dimensiones. Es como si
el todo el altar fuese en si un gigantesco marco para esta obra, la enmarca, nos
invita a contemplarla con admiración.
Representa a la Inmaculada Concepción,
obra de “Juan de Toledo”, rematado con la Santísima Trinidad en la parte
superior…la apoteosis y triunfo de la humildad y la inocencia; es
impresionante, sobrecoge y nos eleva en
ese vuelo de la mirada de la Virgen…está lleno de pequeños detalles, de ángeles
simbólicos, con una escala y gama de colores que nos sorprenden y atrapan…de
matices y rincones a descubrir…flores, instrumentos de música, espejos….
El autor, Juan de Toledo, fue todo un personaje, del que se
sabe más sus leyendas que su verdadera historia. La realidad de su obra que ha
llegada a nuestros días, muy escasa por cierto, es este cuadro que es lo mejorcito de todo, su
obra maestra; uno colateral de San Pedro Nolasco (ya hablaremos de el otro dia),
y los bancos de ambas pinturas. Queda también un “Santa Ana enseñando a la
Virgen” en Talavera de la Reina y esta atribuido “Santo Tomas presentando sus
escritos” del Colegio de Atocha. Poco más.
Dicen que fue militar y muy agresivo, gran viajero por la
Italia.
Se le llamo también “el
pintor de las batallas” (El Prado tiene siete cuadros de esta temática,
batallas, atribuidos a este pintor pero con
reservas)…
Si podéis escaparos este miércoles a verla, os sorprenderá.
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Si
pones en la cesta de los cubiertos unas cortezas de limón,
conseguirás un
ambientador natural que eliminará el mal olor de tu lavavajillas.
¡Obtendrás un
resultado magnífico!
De sorpresa en sorpresa.
En la calle, me asomaba a la ventana de mi apartamento ante
la buena tarde que quedaba, los cuatro rascacielos destacaban al fondo como
saetas energéticas hacia el universo desconocido. Me fije en un coche medio
escondido detrás de un árbol, en la zona del parque que muchas parejitas usan
para tener un poco de intimidad, muy escasa por cierto por las alturas de los
piso vecinos que circunda el mismo; coche por lo demás bien conocido por ser de
uno de los vecinos del bloque. Un mercedes gris plata, sin adornos, bastante
baqueteado y que no pega ni con cola en esta zona.
En el asiento del conductor un hombre no muy mayor, pasando
de la treintena, mal encarado, físicamente poca cosa, el del quinto B, con mala
fama, de borracho, pendenciero, traficante en pequeña escala y con denuncias, de
ladrón y además, o eso se decía, de maltrato. La mujer cansada de recibir por
todos lados se había ido con los dos niños tratando de salvarlos del tipejo
hacia ya varios meses.
En el del acompañante una chica bonita pero extremadamente
joven. Sé que tenía quince años en ese momento porque también la conozco pero
desde la distancia. Vosotros, amigos lectores, le podríais poner trece o
dieciséis que tanto daría. La mano derecha del conductor se aproximaba
peligrosamente por detrás de los hombros y su cabeza se inclinaba hacia ella
hablándole y con una sonrisa de caimán de las películas de Disney, mientras con
la otra mano gesticulaba exagerada y
artificialmente.
Nada del otro mundo, la eterna historia de siempre. La niña que quiere jugar a ser mujer antes de
tiempo y el sinvergüenza al lado.
Iba a entrar y cerrar la ventana cuando me sorprendió la
llegada del padre de la niña, porque en fin, es la aventura de una niña que
juega a ser mayor, a reafirmarse y enfrentarse a todos, sobre todo a sí misma.
Un hombretón mayor, canoso, de barriga cervecera, tan cargado de hombros que
parecía tenia chepa, se le veía cansado y triste, fatigado. Otro vecino en
busca de la cría de sus ojos que tantos disgustos le iba dando, hay tantas
historias tristes en este barrio, tantas repeticiones de lo mismo. Se puso
delante del coche y llamo fuerte a la Sindi, así se llama la chica, sí señor,
Sindi. Le hizo gestos para que saliera del coche y se fuera con él. El
conductor, ante aquello, puso la mano en la rodilla de la cría y le dijo algo
bajito. Abrió la puerta con parsimonia y sin prisas, muy lentamente, salió del
coche pero como parapetándose en la misma.
“Váyase a casa abuelo, la chica se queda conmigo, quiere
quedarse conmigo. Ya ira más tarde a casa y téngale la cena caliente seguro que
tendrá hambre”, le soltó como si nada, con una chulería que rallaba en lo más
sangrante.
El otro bajo la cabeza, inspiro profundamente y volvió a
llamar a Sindi, que a casa, que la cena estaba en la mesa…con las palabras avanzaba
un par de pasos de forma temerosa, como con miedo.
El chulo ante la situación pasó por delante de la puerta del
coche y con gesto rápido, muy de película de serie negra americana, saco de la
parte trasera de la ropa una pistola que dirigió hacia el hombretón.
“Ni lo intentes viejo, piérdete de una puta vez, lárgate y
déjanos, no le pasara nada malo, ya
sabes, cosas de la vida y del crecimientos, de las hormonas revueltas y todas
esa cosas”, mientras lo decía le miraba directamente a la cara. Al cabo de un
par de segundo se volvió con media sonrisita a Sindi y con un gesto de la otra
mano, la tranquilizaba y le insistía en que se quedase donde estaba.
El viejo se notaba, lo veía desde mi altura como una reina
en su castillo a prueba de asedios y batallas, amedrentado ante el arma. Mi
alma en un puño, lo confieso. Reculó medio temblando, giró y se iba a marchar por
donde había venido cuando debió de pensárselo mejor o, tal vez, es suposición
mía, ya estaba demasiado cansado de todo y de tantos problemas, desencantado
con una vida que se las prometía muy felices y que solo era un engañabobos,
como él, como tantos como él. Pienso que en ese momento deseo la muerte como
una liberación, descansar, dormir para siempre sin preocupaciones, sin
problemas, sin discusiones, sin tener que buscar a su niña, sin tener que oír
insultos e imprecaciones por dineros que faltaban, sin sustos por algo de las
joyas de la mujer que faltasen y que al final había terminado en la casa de
“compro oro”. Se paro mirando el suelo, encogido de hombros, medio temblando (a
lo peor la que estaba temblando era yo desde mi ventana).
Se volvió.
“¡Que valiente tu con un arma en la mano ante, como bien
dices, un viejo como yo! ¿Es esa tu fuerza? ¿Es esa tu valentía? ¿No tienes
otra cosa?...¡¡Sindi!! Mira al cobarde de tu “novio” amenazando con una pistola
a tu padre, a tu viejo padre. Solo se atreve escudándose en una pistola, no
vale para nada sin ella, es basura, Sindi, tu madre te espera y yo ya sabes que
también…vente, deja a ese y todo lo que representa que, al final, ya ves solo
es cobardía, pura cobardía…no hay más que maldad y vacio en ese tipo, no vale
la pena por unos segundo de libertad como piensas…”
Conforme hablaba iba
avanzando lentamente hacia el cañón de la pistola, los brazos abiertos
de par en par como dos escuálida alas de un ángel perdido en la tierra,
encadenado a los muros por una vieja cadena oxidada y deseando más que nada la
muerte, la liberación. Avanzó poniéndose enfrente del chulo, la pistola le
rozaba el lado derecho del pecho mientras seguía llamando a su hija metida en
el coche y las palabras se le iban mezclando con las lagrimas que no podía detener,
llanto de miedo o de dolor, o de esperanza:
“Sindi ven, Sindi ven con tu padre, Sindi ven…por favor
hija, ven…”
El chulo, de verdad que no me acuerdo de su nombre por mucho
que lo intente, la cabeza no da para mucho a estas edades, ahora se, que está
huido de la policía por no sé que de una agresión, no sabía dónde meterse, la
situación se le había ido de la manos y no entendía como aquel tipo viejo, un
desecho ya de todo, no tuviera miedo, no hubiera salido por patas como tantos
otros ante él y su pistola, y en su cabeza las disyuntivas de acción se iban
acabando. La primera era pegarle un tiro que sería la muerte y la condena de
él, por otro huir sería un desastre para su fama y su negocio y no digamos su
último capricho, a la chica, Sindi, que ya la tenía en el bote, carnecita
fresca y tierna como le gustaba presumir, y no iba a quedar nada bien.
En esto se le abrieron los ojos como platos cuando recibió
el primer bofetón, instantáneo, brutal, seco y duro…”Dispara si es eso lo que
quieres, dispara gilipollas”…atónito comprendió que el vejete le había pegado,
le había abofeteado, delante de todo el barrio, delante de su nueva conquista,
delante de la pistola que apuntaba al corazón. El dedo fue al gatillo y empezó
a apretar con furia pero de forma contenida. Su mente se volvió roja de ira y en
esas estaba cuando noto, más que sintió, el segundo bofetón, un poco más flojo
y débil….
Lo mire como giraba brusco la cabeza hacia su izquierda, dos
o tres segundos nada más. De forma automática, asomándome aun más, mire en su
misma dirección. No vi nada. Escuche el lejano eco de las sirenas de la policía
que se acercaba. Volvió el rostro hacia el hombretón que lo miraba desafiante,
como con una careta de papel cartón y, de improviso le golpeo con la culata de
la pistola. El viejo ni se inmuto. Grueso goterones de sangre empezaron a
correrle por la mejilla.
“No vales la pena, viejo”, con esas palabras y un gesto como
de desagrado y sin dejar de apuntarle se fue hacia el coche, paso por la puerta
abierta del mismo cuando “el viejo” en un último acto se lanzo como un miura
contra la misma cogiendo de lleno entre la puerta y la estructura del coche al
chuleta en plena huida. El ruido de huesos y metal fue tremebundo, el grito fue
terrible. Aun así se metió como pudo y, rápido, salió en estampida, a cien por
hora sin mirar ni a nada ni a nadie….el
asiento del acompañante iba vacio….
Pobres notas de una servilleta en la papelera…
Deja un rastro de cristales rotos;
Son lunas heridas por mordiscos
De perros negros; entre los lagos
Reflejos de
cobra y obsidiana,
Y de mercurio en lejanas cimas
Llenas de silencio y vientos fríos…
Santa
Catalina de Alejandría obra de Escalante.
Firmado y fechado: «Jn. Antº. Escalante Fat. Anno
1660»
Madrid. Iglesia de Maravillas (Actual Parroquia de
los Santos Justo y Pastor).
Esta pintura ha de identificarse con la descrita por
Palomino en uno de los pilares de la desaparecida iglesia de San Miguel de los
Octoes de Madrid y a la que se refiere como una «Santa Catalina Virgen y
Mártir, figura graciosísima, y caprichosa, que parece de Tintoreto».
El templo de San Miguel de los Octoes fue pasto de las
llamas en 1790 y las obras de arte que pudieron salvarse fueron a parar a la próxima de San Justo, y de esata a la iglesia
de Maravillas.
Representa a una Santa Catalina, que, ataviada con
ricos ropajes y portando los elementos alusivos a su martirio (atención a los colores
de las ropas y sus movimientos), dirige su atención hacia el emperador Magencio,
que yace a sus pies.
La imagen de la santa derrotando al emperador tiene aquí
un sentido de exaltación del triunfo de la fe sobre el paganismo. Catalina de Alejandría,
célebre por su belleza, fue requerida por el emperador Magencio, que le propuso
matrimonio; al negarse ésta a renunciar
a su religión y a su virginidad, el emperador encargó a cincuenta filósofos
alejandrinos que le demostrasen la inanidad de la fe cristiana. Con ellos
mantuvo una batalla dialéctica de la que salió vencedora, y Magencio, furioso
por el fracaso, la condenó a ser desgarrada por una rueda dentada que
milagrosamente se rompió, siendo finalmente decapitada.
Este tipo de representación, poco habitual, tiene su
origen hacia el siglo XVI en el norte de Europa.
El alargamiento de la figura, de origen manierista,
y su postura algo nerviosa e inestable, la aleja del clasicismo que se observa en sus creaciones más maduras
del pintor, es una de las dos grandes obras maestras del pintor.
Agua de flores
Para
que el agua del florero no huela mal, échale unas gotitas de vinagre.
Conseguirás, no sólo evitar el olor sino también mantener el agua transparente
y más duradera lo que hara que las flores duren un poco mas.
Etta James, la gran dama de la canción ha muerto. Cantara en
los cielos de la música con un coro de ángeles y hasta, imagino pues muy son listos, los pequeños demonios
irán a escucharla y bailar a su ritmo…
Escucharla con su clásico “At last”, realmente insuperable:
http://www.youtube.com/watch?v=zwxM--iDH2c&feature=fvst
http://www.youtube.com/watch?v=GPBGIBc3YV4&feature=related
Descanse en paz…
Mara y los problemas con lo de ayudar al que lo necesita…
Como decía el amigo Groucho: “Estos son mis principios. Si
no le gustan tengo otros”. De ahí al final solo queda un tiempo, un lapso, una ilusión.
A veces pagan justos por pecadores, hay que aprender y las
dudas siempre se meten en la cabeza.
Habíamos ido por la mañana al otorrino. A la pobre de Mara,
este verano, le sangró la nariz un día sí y otro también. Nos desesperamos más
de una vez pues los remedios típicos y tópicos, los de siempre, no funcionaron.
El médico de familia nos mando al especialista pero la cita nos la dieron con
más de un mes de espera para la consulta. (El que espera desespera, o eso
dicen. ¿En qué se diferencian una pera de un tren?....es fácil, es risible,
pues que la pera es pera y el tren no es-pera).
Bueno, consulta al canto, inspección desagradable con esos
tubitos (sondas) metiéndolos por la nariz, y, al final, receta de una pomada
con la indicación de que tiene muchas venitas rotas, la necesidad de una
radiografía adicional y que volviéramos en Octubre con la misma. Al salir, nos
fuimos a tomar un café, el de la media mañana, yo sí que no puedo pasar sin él;
un cafecito con leche alrededor de las once es lo ideal para todo, incluso para
dolores y malos pensamientos. Lo reconozco, uno de mis olores predilectos es el
del café recién molido o recién hecho; un olor con imágenes de selva y lluvias,
de bailes y danzas tribales, de mil colores vivos…
Y allí estábamos las dos, charlando amigablemente, el café
humeante en la taza, su olorcito llegándome a la nariz ¡que delicia! Hasta me
daba pena beberlo. Mara pidió, como no, su coca cola, eso sí, light, pues está
con la obsesión/tontería del peso y las calorías y las grasitas donde no se
deben tener. El tiempo esplendido, nada de calor a la sombra de la terracita. Las sillas, de
madera, duras como una piedra de mármol de Carrara y el precio como para
dejarnos sin blanca. Café clásico, muy a la antigua, muy de maderas con
barnices viejos, la puerta con cristales abierta de par en par.
Se nos acerco una señora, madura, en la cuarentena, con un
crio de la mano. Vestían pobremente, pero no mal del todo; llevaba, me fije un
poco más tarde, zapatillas de andar por casa. Salían de la cafetería. Nos pidió,
muy educadamente y en voz como con vergüenza, si le podíamos dejar algo de
dinero pues se había encontrado sin nada en el bolso y que tenía que pagar su
café y no sé que había tomado el crio. El niño, a todo esto, no se atrevía a
levantar la mirada del suelo con sus sucios zapatos negros y su pantalón corto,
tendría unos diez u once años.
Yo, tonta de mi, le di lo que necesitaban, tres euros con
cincuenta, sin blanca, ya lo digo y lo repito.
La señora me dio las gracias mil veces, que me lo
devolvería, de verdad, que los sentía mucho, la vergüenza que estaba pasando por
tener que acudir a nosotras y todas esas cosas. Le dije que hoy por ella y
mañana por mí, que no se preocupase, que no pasaba nada, que ya conocía esos
problemas.
Se volvió adentro, a pagar, o eso creía yo. Pero no. Se
metieron por la puerta y se fueron directamente, los dos, con muchas prisas, a
la máquina de los juegos, la tragaperras, y, allí, delante de nuestras propias
narices se pusieron a jugar metiendo y tirando el dinero (mío) que, antes, yo
le había dado. La señora y el crio, animadísimos, felices, casi rugiendo de frustración
y fastidio cuando no salía nada y de alegría
y contento y felicidad cuando alguna jugada les daba algo, muy poco por lo que
veía.
Me quede de piedra, de Carrara, por lo menos. Se me cayó la
barbilla de puro asombro al ver la desvergüenza de la señora. Los ojos, mis
ojos, como platos, alucinaban, vecina.
Mara se tomo incluso peor que yo, se cogió un cabreo de lo más
fino, empezó a gesticular, a señalármelos con saña y enfado, a insultarlos. Conforme
protestaba se iba calentando más y mas, como una olla a punto de estallar.
Se levanto de pronto, fue rauda y veloz y se acerco a ellos,
(yo corriendo detrás de ella temiendo lo peor) y los puso a caldo, los llamo de
todo con palabras que, incluso, a mí me escandalizaban. De gilipollas a
ladrones, de putos a putera, de imbéciles a aprovechados, de que les dieran por
el trasero a…de que debiera darle vergüenza a como dejar que el crio viera las
cosas que hacía, que vaya ejemplo le estaba dando, que se lo tenían que quitar
por timadora y pedigüeña, que estaba prohibido, que la iba a denuncia…
Trate de apaciguarla pero imposible, fue como si se
destapase la olla de los truenos solo que con tacos, amenazas y palabrotas más
que con otra cosa. La cogí por los hombros, la abrace como le gusta que le
haga, y me la traje a la mesa a la
fuerza, ella seguía furiosa, fuera de sí, me costó trabajo y poner todas mis
pocas y pobres energías en ello, tenía ganas de pegar a alguien, bien podéis
suponer a quien.
La señora, acabadas las pocas monedas y sin nada ganado,
cogió al crio de la mano y se fueron, atreviéndose al pasar cerca de nosotros con
un minúsculo adiós. Se alejaron por la acera de la calle…
Los he vuelto a ver varias veces. Unas jugando en las
tragaperras, las menos; otras pidiendo dinero a la gente que no los conoce;
alguna vez, incluso, es el crio que lo
hace, aprende rápido el pobre y pocas opciones le quedan de aprender otra cosa,
me temo…
Al fondo de la residencia, en el jardincito trasero, se ve
una pequeña tapia por la que asoman varios limoneros, llenos, llenitos de fruta
dorada y apetitosa, y un naranjo que parece viejo y triste, unas pocas
naranjas medio secas aun quedan en lo más alto del mismo.
Enfrente, en el banco de madera, ya casi sin pintura, medio
húmedo, se sienta Andrés con sus gafas de culo de botella, su gorra de pico, no
se la quita ni en verano, y su grueso abrigo ya descolorido; ya con su ochenta
años y sus miles de achaques solo le queda el dormir bien, cosa que hace, hacer
de vientre como el dice y mirar ponerse el sol todos los días esperando poder
verlo otra vez si le dejan las maluras y ese Dios al que reza cuando se acuerda. Habla con su mujer Adelfa, tan mayor como el,
encogidita como un pasa seca, toda llena de arrugas, con los ojos hundidos de
tanto llorar y penar, su media sonrisa bonachona y su chal negro de siempre, el
que le regalo cuando eran novios.
Andrés le habla con frases cortas, puñaladas traperas, casi
sin resuello. Como habló toda la vida casi sin saberse expresar pero diciendo
más de lo que le parecía; como si hubiera que sacarle las palabras con pinzas
de acero al rojo vivo.
“Los niños vienen cada
vez menos….Es una vergüenza….Al principio venían todos los fines de semana….Claro,
ya tienen su herencia, todo…Pero los
echo de menos….Casi no recuerdo a los nietos…..Hoy hace un tiempo muy bueno….Tengo
los pies fríos ¿y tú?.... ¿Necesitas algo?, te lo puedo traer…Hoy en la cena,
como siempre, crema de zanahorias y pescado….Donde este un buen chorizo del
pueblo o un poco de ese vino peleón y acido de la aldea….mira el sol como se
enrojece y agiganta, hermoso a su manera…..alguna guerra lejana, algunos
muertos como decía mi madre que en paz descanse…la mano derecha me duele un
carajo…el médico me cambio el calmante, no sé qué pero me hizo bien…la Loreto
se peleo con los Gómez por culpa del periódico…una vergüenza lo de estos que se
creen los dueños de la residencia….ya se va hundiendo, pronto nos llamaran para
el comedor….tengo hambre pero la crema de zanahorias que se la metan por…perdona,
ya sé, no debo hablar mal….a Xavi se le murió el perro, me lo dijo por teléfono
no sé cuando, por la noche, tu dormías….la tarde va dejando paso a la
noche….¡qué bien se está aquí!....¿oyes a la Loli llamando? Que pesada la
pobre, siempre preocupándose por si cogemos frio….que mas da un poco de frio o no a nuestra edad….como
con el azúcar, ¡que me dejen echar el azúcar que me de la gana!…..ser viejo es
una lata….los niños no vienen a vernos….nos quedamos solos en el mundo, tu y yo….la
que hemos pasado con ellos y abandonados al final….lo bueno es que están bien
colocados y sus familias son buenas y aguantan…la mano derecha se me está
poniendo imposible, menos mal que no tengo que hacer fuerza….ayer no fui al
váter, espero que hoy si vaya sino tendré que pedir un laxante….¿De verdad no
necesitas nada?....Nos llaman, ¿vamos?...si, mejor ver terminar como sol se
va….¿Qué te quieres quedar un poco más?.....ya es de noche, todo esta oscurecido
y el relente es muy cabrón….¿que me vaya yo solo?....sabes que no me gusta que
no me cenes y menos dejarte así sola…si, ya se, todas las noches me haces lo
mismo….voy, un beso…nos vemos arriba en la habitación…”
Andrés coge el bastón y se va cojeando al salón. Allí Petra
lo coge del codo y lo acompaña a su mesa, donde cena con todos sus amigos de los
últimos cinco años; la señora fresca y vivaracha de ya 93 años, la pareja de remilgados,
el era ingeniero y la joven, solo 75 años de doña Laura.
“No ha querido venir a cenar, como siempre, es terca como
una mula…lo siento”-dice en plan de excusa.
La charla es ligera, más bien escasa, poco hablan salvo para
recordar a los familiares y las múltiples dolencias de cada cual.
Andrés esta más que pendiente del banco de afuera, a pesar
de que no se ve en la noche oscura. No se preocupa tanto como antes pues sabe
que no la encontrara ni en la cama ni en
la habitación pero mañana, al atardecer, como todos los días se sentara con su
mujer para ver caer el sol, ese ocaso tan simbólico como sus propias vidas…
Viejas notas para un año nuevo….
Loco, bailo y sigo al rio
Tachonado de estrellas,
Someras rilan felices
En mágicas notas
de
Música, son parpadeos
Infantiles al borde
Abismal de los sueños.
No comprenden mi
pena
Ni los pétalos que huyen
En el agua cantarina,
unos
Verdes como la vida, otros
Rojos como la muerte
seca
La libélula toca
Piano, tecla con tecla,
De blanca a negra, sutil
En un salto infinito…
Sones que bordean vida
Abrazos fingidos, luz
En la mañana estival…
No comprenden mi rabia
Ni mis saltos y gritos
Yo, con mi pecho abierto, roto
Como una gran sonrisa, entre
Afiladas rocas de cuarzo….
De joya a joya y tiro porque me toca…..una bellísima y muy clásica en su concepción pictórica: Inmaculada, atribuida a Maella (del S. XVIII)
Hermoso cuadro lleno de una serenidad extrema por el uso de esos colores amarillo y ocres, azules desvaídos contrastando con ese ropaje soberbio en su movimientos, ese azul fuerte y ese vestido blanco con miles de tonos al movimiento de los pies…avanza y vuela, angelical y un rostro dulce y modesto que nos lleva a ver sus manos juntas en pose de oración, con es ligera inclinación hacia el cielo. Una imagen que se eleva sobre un mundo que parece empequeñecido, más bien pobre.
Una autentica joya, una maravilla en la Iglesia de las Maravillas..
Adiós al polvo
¿Cuántas veces has intentado limpiar el polvo y te has desesperado viendo que lo único que conseguías era depositarlo en otro sitio? Muchas, ¿verdad? Pues aquí tienes la solución: compra un paño de los de limpiar el polvo y mójalo en una mezcla de agua y un poco de glicerina. El paño retendrá perfectamente el polvo y no se dispersará por la habitación.
Ha dicho que quiere ser de los malos.
Me explico, os explico.
Tan solo tiene siete años y es un encanto de crio. Formal, estudioso, inteligente, educado, deportista, un niño que definiríamos como buenecito. Una delicia con pantalones cortos. También es tozudo como una mula, cuando dice que no pues imposible o casi; como con las gafas que no se las pone ni para presumir.
Todas las niñas del colegio quieren jugar con él, normal, un niño normalito, con alguien así que no le pega, ni les tira del pelo, ni las empujan, ni les hace trastadas. Un poco de agobio si debe sufrir el pobre.
Pues, de pronto, ha dicho que este año se va a portar mal, que ya no aguanta a las niñas tras él; que se portara como los malos para que lo dejen en paz, que así vivirá mejor y estará más tranquilo.
Nos ha dicho, muy serio el, que va a pasarse al bando de los malos, que está seguro que se lo pasan mucho mejor, que sí, que tienen muchos castigos y siempre están con los deberes para aquí y para allá pero lo pasan mejor que él. Ellos al menos se divierten y no aguantan a nada ni a nadie… y como los Reyes Magos ya han pasado y dejado sus muchos y buenos regalos…pues ya puede portarse mal…. (esto último lo dijo con esa sonrisa inocente y luminosa de los críos de siete años, YA CREEN SABER ALGO DE LA VIDA…)
Veremos.
Joyas en la Iglesia de la Maravillas.
Podemos contemplar allí un maravilloso Cristo gótico, del siglo XV, excepcional de hechuras y composición, con ese rostro ligeramente inclinado hacia el suelos, ya la fatiga de la cercana muerte, la boca semiabierta…
Casi enfrente un Cristo barroco, El Cristo del perdón, siglo XVIII, que tuvo que ser restaurado después que en la guerra civil lo “fusilaran”. Al lado el poema, un soneto clásico, que le dedicó Manuel machado (lo podéis leer abajo). Soberbia imagen llena de fuerza, con ese gesto de la cabeza hacia el cielo, con esos músculos y hueso tan marcados, duelen sus heridas al verle, duele en el corazón el dolor que se siente, dolor y esperanza en una imagen más que excepcional.
Atribuido a Alonso Villabrille.
EL CRISTO DEL PERDÓN DE MARAVILLA
Perdón, es la palabra. Del primero
Que sabe perdonar es la victoria.
Del odio y rencores en la negra noria
Caber no puede triunfo verdadero.
Herido y mutilado, en el madero,
Vence siempre Jesús, porque su gloria
Es toda Amor. Y es el perdón de la historia
De Cristo, Dios y hombre verdadero.
Llanto de Amor, cual agua de la peña,
De nuestro corazón brota a raudales,
Grato a la caridad que Él nos enseña
-entre oraciones puras y sencillas-,
Para bañar las plantas divinales
Del Cristo del Perdón de Maravilla.
(Manuel Machado)
Feliz año nuevo a todos,
que sea un año de prosperidad y felicidad
para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Os deseo mucho amor, mucha felicidad, mucho cine, muchos libros, muchos viajes, prosperidad (dineros incluidos).....¡Que seais muy felices!...
¡Que se cumplan todos vuestros buenos deseos!