Ni una, ni dos...tres joyas en la Iglesia de San Ildefonso de Madrid.
IGLESIA DE San Ildefonso, Madrid.
Muy cerca de Tribunal, casi vecina de la iglesia de las
Maravillas.
Una iglesia que para muchos hasta es fea, con una fachada
triste y antiestética, que no dice nada, no invita de forma especial a entrar y
ver o contemplar (de hecho no es destino turístico alguno) pero, dentro, hay
como mínimo tres joyas que hacen de esta iglesia una visita imprescindible.
Hay que alabar, además, como tiene todo bien explicado en los
distintos paneles a pie de las imágenes, ojala otras iglesias y edificios lo
copiaran.
Entrando a la derecha según se mira de frente hacia el altar
mayor, nave de la epístola, esta la
primera maravilla. Un San Antonio de
Padua en un retablo neoclásico, obra de todo un Francisco Vergara “El mozo”,
una obra singularmente bella, realista, con ese juego de ropajes tan singular,
esa diagonal entre la mirada del santo y el niño. (Hay otra con un San José
también atribuida lejanamente a este escultor pero no parece de el o de su calidad,
de hecho en el panel explicativo de la propia iglesia ni lo nombra)
Siguiendo encontramos un retablo neoclásico con el Santísimo
Cristo de la Misericordia, del siglo XVII, bien acompañado por la Virgen de la
Soledad (siglo XIX).
Es un Cristo impresionante, bellísima talla, expresiva y
dolorosa, armónica, toda una lección de proporciones y anatomía, colores pálidos,
antesala de la muerte…ya solo por esta imagen valdría la pena venir a ver esta
iglesia. (Gracias Belok por las fotos)
Y ya como remate el altar mayor, neoclásico, con el relieve
de la imposición de la Casulla a San Ildefonso, de Gaspar Becerra, siglo XVII.
Impresiona, bellísimo y eso a pesar de una restauración cuanto menos que
exagerada, con unos colores que la desmerecen un tanto. Composición con dos diagonales
marcadas formando una “V”, y un juego de sombras que resaltan las figuras y le dan movimiento
Como una curiosidad añadida aquí se casaron la poetisa
gallega Rosalía de Castro y Manuel Murguía el 10 de Octubre de 1858, hecho
señalado por una placa conmemorativa colocada por el centro gallego de Madrid.
Destacaría, además, el retablo de la Transverberación de
Santa teresa, siglo XIX y casi enfrente la Virgen del Carmen.