Santa Catalina de Alejandría obra de Escalante. Otra joya de la Iglesia de Maravillas.
Santa
Catalina de Alejandría obra de Escalante.
Firmado y fechado: «Jn. Antº. Escalante Fat. Anno
1660»
Madrid. Iglesia de Maravillas (Actual Parroquia de
los Santos Justo y Pastor).
Esta pintura ha de identificarse con la descrita por
Palomino en uno de los pilares de la desaparecida iglesia de San Miguel de los
Octoes de Madrid y a la que se refiere como una «Santa Catalina Virgen y
Mártir, figura graciosísima, y caprichosa, que parece de Tintoreto».
El templo de San Miguel de los Octoes fue pasto de las
llamas en 1790 y las obras de arte que pudieron salvarse fueron a parar a la próxima de San Justo, y de esata a la iglesia
de Maravillas.
Representa a una Santa Catalina, que, ataviada con
ricos ropajes y portando los elementos alusivos a su martirio (atención a los colores
de las ropas y sus movimientos), dirige su atención hacia el emperador Magencio,
que yace a sus pies.
La imagen de la santa derrotando al emperador tiene aquí
un sentido de exaltación del triunfo de la fe sobre el paganismo. Catalina de Alejandría,
célebre por su belleza, fue requerida por el emperador Magencio, que le propuso
matrimonio; al negarse ésta a renunciar
a su religión y a su virginidad, el emperador encargó a cincuenta filósofos
alejandrinos que le demostrasen la inanidad de la fe cristiana. Con ellos
mantuvo una batalla dialéctica de la que salió vencedora, y Magencio, furioso
por el fracaso, la condenó a ser desgarrada por una rueda dentada que
milagrosamente se rompió, siendo finalmente decapitada.
Este tipo de representación, poco habitual, tiene su
origen hacia el siglo XVI en el norte de Europa.
El alargamiento de la figura, de origen manierista,
y su postura algo nerviosa e inestable, la aleja del clasicismo que se observa en sus creaciones más maduras
del pintor, es una de las dos grandes obras maestras del pintor.