Ayer fui un rey mago.
Ayer fui un rey mago.
Como todos los años las primeras compras para los Reyes son algo muy especial, al menos para mi.
Para empezar las de mis dos sobrinos. Lo iniciamos con la búsqueda del “El lince” o similar para el pequeño de la familia, Alvarete, por ahora, con sus cuatro años está demostrando un cerebro prodigioso y es que a estas edades son como esponjas, todo lo retiene, todo lo aprenden con una facilidad que raya en la genialidad y encima con la inocencia de sus ojos y esa sonrisa picara y traviesa; la duda la tuvimos entre el típico con los personajes de Disney u otro con los personajes de “Cars”, nos decidimos por este ultimo y, encima, buen precio.
Para su hermano, Joaquin, esperemos que salga el gran futbolista que le gustaría ser, pues quería algo que aun no se su nombre, ni lo sabre nunca. De esos dibujos esos feos y horrorosos de Pokemon. Es como una bola que se tira con un cable y captura a unos muñecos de la serie y se quedan en el interior de la misma. Pues por ningún lado, ninguna juguetería del barrio la tenían. Así que a patear y patear hasta encontrarla en el único sitio, el de siempre, el que no falla: “El Corte”.
Lo de los chicos es más fácil, a su edad y sus intereses pues ya se sabe, pedirán libros, música, pelis, juegos, algo de ropa (Mara), algo de maquillaje y colonia (Mara), alguna joya (Mara) ya todo esta más que controlado y facil.
Cumplida la primera misión del auto-rey-mago.
Los Reyes ya están aquí y me siento bien; empieza la Navidad y el árbol esta puesto y el belén montado (este año el rio una pena penita pena) y, cumpliendo como pequeños ritos, hoy compraremos el turrón de chocolate “Suchard”, el de siempre, el de toda la vida, el de todos los años.
Más tarde será otra cosa, la nostalgia, la melancolía, la añoranza de los ausentes, el dolor de estomago por los dulces que me chiflan, el exceso de alcohol, la presión asquerosa de la televisión, publicidad y demás que causan en mi ánimo un cierto rechazo a todo este teatro basado en el dinero, por el dinero y para el dinero. Un asco, pero así lo hemos transformado nosotros mismos y somos los culpables de la banalización de una fiesta muy especial.
Tengo que escribir mi carta a los Reyes, la de todos los años. Escribirla a la antigua usanza y echarla al buzón de correos. Lo malo es que la petición, solo una por año, será difícil de que la cumplan. Quizás por mis pocos, o nulos, meritos o por imposibilidad de la misma. Pero la echare con toda la ilusión de todos estos años, como todos los años...
Mientras tanto, Felices Fiestas y Mejores Reyes…