Otoño, amanecio lloviendo.
Amaneció lloviendo, es normal, estamos en pleno
otoño.
En las calles la gente marcha huidiza, como con
prisas, escondiéndose de no se sabe que. Todo está triste, el día llora y yo,
tras la ventana, me entristezco con él. Me gustan los días de lluvia, está
claro.
Hace años, estando cerca del desierto en Marruecos,
y tras más de diez meses de sequía empezó a lloviznar. Me lleno tanto la nariz
ese olor a polvo mojado, a ozono, a hierba, que salí a la calle, tal como
estaba, en mangas de camisa, y pasee mojándome un buen rato por las calles del
pueblo. Mis compañeros, un poco más curtidos en esas labores y tiempos, me
acompañaron al final como un deje de “que le vamos hacer”. La gente del lugar
nos miraba, escondida, a salvo del agua, pensando, quizás, que estábamos un
poco locos, "los locos españoles". Allí, bajo la lluvia, la misma
lluvia de todas partes, la que nos hace iguales en su abundancia o en su falta,
me acorde de mi Galicia (Vigo, Santiago, Arbo, Orense) escuchando en su goteo
los aires de un "alala" y "muñeiras". Con una especie de
peneira improvise, rápido, un pandero y a tocar y cantar bajo la lluvia:
"Miña nai e mai a tua
pasan o día berrando
por culpa dunha galiña
que tivo amores co galo"
“El agua es la vida”. Cuando falta es cuando le damos el valor que tiene realmente.
Si hay dos películas que me gusten (las he debido ver más de quince veces) esas
son:
-Casablanca y
-Cantando bajo la lluvia.
Porque también las lagrimas son agua.
Cuando nos quedamos sin lágrimas es como si
muriéramos un poco; perdidos en los caminos del alma, las esperanzas, sin
riego, se marchitan y secan.
Sin lagrimas no somos más que vacío, menos libres que una nube, mas atados que el río sobre el valle milenario, menos fértiles que la lluvia, mas bestias que lobos en celo; peores que Saturno devorando a sus hijos cuando comprendió que no había futuro, que, si los dejaba vivir, sufrirían el dolor, el tormento, la ira de los vengativos dioses y les arrancarían las lagrimas como a un cerdo se le arranca el corazón palpitante el día de la matanza. Saturno, cuando devora a sus hijos, llora por dentro con el dolor más profundo que pueda existir.
Cuando se secan las lágrimas es como si se secase el alma, se cerrasen todos
los huecos del futuro y la negritud llenase todo el universo.
Las lágrimas calman, suavizan, serenan. Esta llena nuestra historia de lagos
cruentos y enrojecidos; están, también, lavados por las lagrimas de las mujeres
de los guerreros muertos en sus orillas.
Somos polvo, lloramos agua, con el fuego en el corazón y el aire en los pulmones (y en el cerebro la mas de las veces). La perfecta combinación de los cuatro elementos naturales: El hombre.