prometeo

desde poemas hasta critica social.
Primera etapa en Zamora.

Una constante de Zamora es el rio Duero, una corriente de agua lenta y calma, placida y que llena de una cierta musicalidad calles y rúas y plazas.

Si hay rio hay puentes y especialmente el de piedra como bien canto Blas de Otero:

Por los puentes de Zamora,
sola y lenta, iba mi alma.

No por el puente de hierro,
el de piedra es el que amaba.

A ratos miraba al cielo,
a ratos miraba al agua.

Por los puentes de Zamora,
sola y lenta, iba mi alma.

Cuna de la ciudad, centro de amoríos y devaneos, galanuras y escapadas, juegos de amores, juegos duros de la barca y el barquero, riadas furiosas, inundaciones, molinos de harina, experimentos….

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras
.

 

Con el rio, que es al fin y al cabo todo un gigantesco espejo que le da una luz especial con el sol, o la luna, reflejada en sus aguas, todo movimiento y vida articulada, continúo fluir hacia el mar que es el morir…

Rio y energía total y avasalladora para crear una urbe y sus industrias.

Así el agua se transforma en energía para moler la harina. Aceñas de Olivares, molinos de agua medievales,

Y poesía como la de Claudio Rodríguez, el poeta de Zamora:

Como el Duero en abril entra la casa
del hombre y allí suena, allí va dando
su eterna empresa y su labor, y, entonces,
¿qué se podría hacer: ponerse a salvo
con el río a la puerta,
vivir como si no entrara hasta el cuarto,
hasta el más simple adobe el puro riego
de la tierra y del mundo?; y bien, al cabo
así nosotros, ¿qué otra cosa haríamos
sino tender nuestra humildad al raso,
secar al sol nuestra alegría, nuestra
sola camisa limpia para siempre?

 

Publicado el: martes, 15 de noviembre de 2011 7:42 por adolvafer
Archivado en:

Comentarios

Raquel ha opinado:

Una entrada magnifica; las imagenes, la poesía y el texto. Un lugar maravilloso y muy inspirador por lo que se ve.

Un abrazo :)

# noviembre 15, 2011 19:48
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