Limpiar sobre limpio.
Ahora, delante del ordenador, estoy con las piernas levantadas mientras una persona, por mi muy querida, pasa la mopa por los suelos del salón limpiando sobre limpio, que es la mejor manera de limpiar. Limpiar lo sucio es banal y asqueroso, fácil de detectar y hacer. Lo hace cualquiera. Pero eso de limpiar algo que se ve limpio no es tan fácil; la suciedad es un enemigo sutil y falso, ataca donde y cuando menos te lo esperas. Se ve limpio, te das la vuelta, todo sucio. ¡A limpiar! Pero, se ve limpio, pasas la mopa, te das la vuelta y sigue todo limpio......pues a pasar la mopa de nuevo, la suciedad huye en desbandada otros lugares mas acogedores. Por ejemplo, huye rápido a pisos de estudiantes, chicos por supuesto. Por ejemplo, huye rápido a pisos viejos de viejos habitantes; a veces, lo caza con una sutil ironía del todo vale en ese complejo, ¡por que a todo hay que ponerle un nombre concreto, latinizado o griego! llamado de Diógenes. O huye donde mas le gusta, por zonas industriales ensuciando prados, montañas, ríos, valles y llegando al mar que es el morir, de miles de peces, por supuesto.
Hay pueblos encantadores por lo limpios que son. Pueblos blancos a las laderas de las montañas andaluzas y valencianas: Nerja, Mijas, Frigiliana, etc.....pueblos maravillosos, encalados todos los años en una tradición que aúna estética, limpieza y salud. Y hay botellones, en grandes ciudades y no tan grandes, que dejan toneladas de suciedad, como si el divertirse fuera un revolcarse en la mugre, generar mierda y perder la compostura. ¡Ya limpiaran otros! Cuando es mejor NO ENSUCIAR QUE TENER QUE LIMPIAR
Las madres dirán otra cosa, además, pero lo fundamental es eso. Ensuciar es caro. Limpiar lo sucio es caro. Limpiar sobre limpio es muy barato, es ecológico y hace bonito.