Bella, desconocida, amable: Palencia.
Bella, desconocida, amable: Palencia.
Cuando comentando el, viaje con un cuñado este me soltó de pronto “¿Qué coño se te ha perdido en Palencia?” me di cuenta de la realidad del título. Una ciudad desconocida, medio perdida y, sin embargo, me encantó, me ha hecho pensar que cuando me jubile me iré a vivir en ella, otra más a la lista.
Bella. Palencia es una ciudad hermosa. Con los parajes del rio Carrión, verdes y deportivos, llenos de canto de pájaros, con sus puentes de piedra y el romano, cómodas pasarelas…; con la elegante plaza mayor y sus soportales, sus terracitas al sol, el ayuntamiento señorial;
la larga y cómoda Calle Mayor autentica arteria de la vida cotidiana, llena de paz y críos y comercios, de sol y sombra en sus soportales; su catedral, sus iglesias llenas de cigüeñas;
el paseo al Cristo del otero con unas vistas preciosas de la ciudad…
Desconocida pues para mi, dos o tres paradas en toda mi vida y siempre en las afueras, sin entrar en ella…
Amable. Pues es una de las características de los palentinos, se interesan y te atienden con esa media sonrisa en los labios y no te dejan hasta haberte encauzado bien en el asunto que sea, cortesías, saludos siempre aunque seas un desconocido. Se nota incluso, la confianza da asco, en la manera de tratarse unos a otros, nada de voces alta, nada de de gritos, educados con los mayores…
Bella, desconocida y amable.
Y paseando nos encontramos con la catedral y sus gárgolas;
la iglesia de San Miguel, con su transición visible del románico al gótico, sus frescos también góticos, la talla del Cristo crucificado y esa peculiar y hermosísima torre que vigila las aguas del rio y los peligros que pudieran venir de ese lado.

Nuestra Señora de la Calle, con su curioso retablo en madera de Pedro Bahamonde, sin pintar pues murió antes de acabarlo y su pequeñita Virgen de la calle, la patrona de la ciudad, una delicia.

El Monasterio de las Clarisas con un excepcional Cristo yacente “De la buena muerte”, estremecedor. Como impactante es asistir a alguna de las celebraciones litúrgicas allí, con las monjitas.
Iglesia de San Lázaro.
La ermita de San Juan Bautista, desmontada piedra a piedra de Villanueva del Rio, aun se ven los número de catalogación, románica pura, bella, en uno de los parajes más interesantes de la ciudad.
Iglesia de San Francisco, artesonado mudéjar, Cristo crucificado de Alejo de Vahia.
El palacio Barroco, etc, etc, etc…

Con ello, el museo, no perdérselo, del Palacio episcopal. Una delicia, con pocos años acuesta pero ya con una mundo de tesoros en sus alas. Lástima que la visita, guiada, eso sí, dura tan poco, una media horita más le vendría de perlas. Con autenticas joyas Palentinas y un aptio delicioso con una puerta románico recuperada de otra iglesia.
Y pasear por sus cuidados jardines rumbo al disfrute…
Bella, la ya no desconocida para mí, y siempre amable: Palencia.