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desde poemas hasta critica social.
Gente de mi barrio: Benigno, el tendero.

Gente de mi barrio: Benigno, el tendero.

En esos lejano y felices tiempos en los que no había ni Centros Comerciales ni Supermercados ni El Corte Ingles, la cueva de los tesoros era “la tienda” y ese amigo de todos era el tendero. El de mi barrio se llamaba Benigno, nunca supe sus apellidos en cambio, siempre amable, siempre con su bata gris, siempre con su gesto justo para alcanzar los productos que se le solicitaban, el conocía todo sobre nosotros.

Todos los productos estaban ensacados y la venta era al granel, por medios kilos o por cuartos (lo risible era el medio cuarto kilo, como cuando se pide medio par de huevos fritos). Rememoro ese mostrador de madera sucia y rayada, con cristales que dejaban ver su contenido, estaba repleto de conservas, dulces, papeles, latas y evoco la sensación de misterio, de magia que inundaba aquel sitio donde había de todo.

Siempre con la libreta en sus manos y el lápiz en la oreja, allí llevaba las cuentas de cada familia que se abonaban el primer día del cobro. Le recuerdo con la radio de fondo encendida oyendo las noticias mientras atendía a la clientela. Sus “buenos días” siempre presto y rápido. Siempre con su “alguna cosa más”. Puro y sencillo marketing de andar por el barrio, pero efectivo y eficaz.

Era una delicia entrar allí con el olor de las especies (ríete tú de los bazares moros), o verduras frescas o las frutas. De lo mejor era el café que venía de las provincias portuguesas  (Angola y Mozambique, el mejor el de contrabando por supuesto, teníamos el puerto cercano y se notaba) cuando se le pedía molido, ese olor aun lo recuerdo y ese sonido sordo de la maquina que lo molía.

Un pasillo largo, muy largo, casi oscuro. Había de todo, tenia de todo. Cualquier cosa que pidieras allí iba y te lo traía, no faltaba nada. Había quesos,  aceites, vinos peleones y caseros, licores, legumbres…

Mi sueño, como el de todos los críos del barrio eran los frascos de las golosinas, caramelos mil, chicles, polvos para dar sabor a las gaseosas, los sifones, la miel, los pastelitos, etc.…

Benigno conocía a todo el mundo, saludaba a todos, cierto era que no éramos cientos o miles de personas en el barrio pero tenía su aquel. Tenía ganada una buena reputación, la confianza de todos, sobre todo de las amas de casa, esposas de obreros y operarios; no eran tiempo de mucho efectivo, no importaba.

Le ayudaba cuando hacía falta su mujer que, la verdad, tenía tantas tablas en el negocio como él o más.

Lo recuerdo ahora descargando de la furgoneta grandes sacos de patatas del pueblo o sumando, sobre el mostrador, la cuenta de la compra… con su aire medio entristecido o ausente de lo que estaba haciendo…

(La otra tienda de las mil maravillas era la instalada en la planta baja de mi abuela, alla en el lejano pueblecito de La Hermida, en  Arbo, en las orillas del padre Miño que se oia pasar desde las habitaciones de dormir pero...esa es y sera otra historia.)

 

Publicado el: lunes, 02 de mayo de 2011 8:21 por adolvafer
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Comentarios

Nacida en África ha opinado:

Mi querido Prometeo: Es una delicia leer tus escritos sobre tus vecinos del barrio porque a mí personalmente me lleva a "Fidelito" la tienda de ultramarinos a la que iba mi madre siempre a comprar y yo también a veces. Gracias por compartirlo.

Brisas y besos.

Malena

P.D/ He recibido el correo sobre Mara, esta tarde lo leeré. ¡Ah! mañana día 3 es mi cumple :)

# mayo 2, 2011 14:42

Milu ha opinado:

A mi no me hace retroceder mucho en el tiempo,si te digo la verdad me recuerda al tendero que me vende cada mes también algo de contrabando que no es café precisamente y que está regresando a Galicia por culpa de esta crisis y que como ya habrás adivinado es el tabaco.

La atmosfera es la misma,tambien desaparece por un pasillo y regresa con la preciada mercancía que es poder fumar por 1 euro 60 centimos el paquete.Siempre anda con aire distraido (aunque sabe mas que lepe) y en su caso,ademas de su mujer,le ayuda su madre a dar el "agua" en caso de cochecito con bombillas encima (ya sabes).

Ya sabes que aquí las cosas no han cambiado tanto en algunos aspectos,en otros afortunadamente si,pero esas pequeñas tiendas siguen sobreviviendo mas mal que bien para lo que llamariamos "emergencias diarias",mas que para hacer las grandes compras que esas ya sabemos quien se la lleva en cada lugar,la zonas comerciales.

Han abierto en La Coruña el centro mas grande de España y segundo de Europa,en una zona que ya estaba a rebosar de centros,a este paso ellos mismos con su voracidad,acabaran autodevorandose y sin pastel que repartir.

Saludos de Mildavia (turkia)

# mayo 4, 2011 20:15

Raquel ha opinado:

Precioso relato, Prometeo; con sabor añejo. La verdad es que me ha hecho recordar la ventita de mi barrio, el olor de las frutas, de los platanos colgados de un gancho, y las navidades cuando el dueño y su mujer nos regalaban una botella de sidra y una tableta de turrón. Eran otros tiempos, aunque no ha pasado tanto, pero la atención de estos sitios no puede compararse con la de los centros comerciales.

Me ha encantado leerte.

Un abrazo.

# mayo 5, 2011 14:34
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