Ciudades inolvidables: Siguenza
Sigüenza.
Una conmemoración especial, un pequeño viaje.
Un regalo para dos con la idea de alojarnos en el gran castillo, hoy parador de turismo. Un viaje romántico, lo fue.
Una delicia de viaje en tren, escasa hora y media, el tiempo de comentar dos cosas y leer un poco. Bajar y tomar un cafecito y en busca, maleta con ruedas, de nuestro alojamiento. Toda una bella sorpresa el parador, en la colina, dominando la ciudad. Bien reconstruido, mejor conservado. Su gran patio de armas, su deliciosa capilla románica…épocas lejanas, ecos de caballeros…tranquilidad y placer dentro de un marco histórico incomparable. Decorado al estilo castellano, grandes salones, excepcional comedor con platos deliciosos y abundantes.
La cena deliciosa, la habitación mejor aun, la noche inolvidable.


La visita a la catedral de Siguenza, una de las más originales y bellas de nuestra patria, con una armoniosa mezcla de estilos que van desde le románico al gótico con influencias francesas; por encima de todo destaca la “La capilla del Doncel” (un Doncel que está vivo y leyendo), “La sacristía mayor”, “El hermoso y pacifico claustro gótico”, la deslumbrante virgen románica “Nuestra señora de la mayor” con una de las más dulces sonrisas que he visto, deslumbrante…sus rosetones (encima de la entrada es del siglo XIII), la capilla de San Pedro, la de San Marcos, la de la Anunciación, el coro del siglo XIV…el trascoro con la imagen de Nuestra Señora de la mayor

Y mucho para ver, la casa del doncel.

Las fachadas románicas de las iglesias de Santiago y San Vicente. La iglesia de Santa María.
La plaza mayor con sus pórticos y su ayuntamiento. Pasear despacio con las manos unidas como antaño.
La Plazuela de la cárcel. La plaza del Castillo. La plazuela de las cruces. Plaza Obispo Don Bernardo. Un beso robado entre dos esquinas.
Sus restos de murallas y sus puertas como el Arco del Portal Mayor. La Puerta de Hierro. La del sol, la de San Juan, la del Toril. El torreón.
No perderse el convento de Sª María de los Huertos. Una delicia de Iglesia y con, justo a la entrada, restos arqueológicos con un nuevo amigo que hicimos “El huesitos” en su tumba de piedra, con su almohada de piedra también. Compramos allí las tortas de navidad y unas trufas que están divinas de la muerte, como solo unas monjitas pueden hacer, con mucho cariño, con muhco amor.
La Ermita del humilladero, El Convento de las M.M. Ursulinas, El seminario viejo.
La alameda señorial.
El palacio de los infantes.
El barrio de San Roque….
Volveremos aunque solo sea para repetir esa noche y esos paseos por los barrios.