A mi viejo maestro, mis viejos libros escolares.
A mi viejo maestro: De libros y tebeos.
Mi primera imagen del colegio es una pizarra pequeña de esas negras y borde de madera con la tiza blanca atada a un agujero de la misma. Yo tratando de escribir en ella. Mis hermanas dibujando en ellas o mal borrando pues era complicado borrar totalmente aquello que antes habías pintado o escrito.
Antes de esa imagen me veo, todo un retaco que era, con solo cuatro o cinco años, por la acera de la calle rumbo al colegio peleando por no ir, negando a ir, llorando a moco perdido y agarrándome histérico a todo aquello que encontraba a mano. Mi abnegada madre delante tirando de mi por el brazo con un cabreo de no te cuento y a mi abuela, que en paz descanse la pobre, empujándome por detrás y quejándose de aquel crio, yo, do demo.
La segunda es el libro de estudiar, mas tarde ya, un único libro para todas las materias que dábamos. Era la, para mí, famosa “Enciclopedia, Intuitiva, Sintética y Practica de primer grado de Álvarez”. Un libro que tenía todo el compendio del saber, todas las materias adaptadas al ciclo escolar, toda una joya, un misterio de cómo meter de todo en tan poco en una ingente labor de síntesis y claridad, allí estaba todo lo que debíamos conocer y saber. Antes tuvo que ser “El parvulito” pero de ese sí que no me acuerdo
. Pasabas unas hojas y de las interminables cuentas y tablas de sumar llegabas a una poesía, o algo de la historia de España y sus héroes y conquistadores, o algo de esa geografía inmensa que se nos hacia cuento de hadas, o historias divertidas y poco cruentas o las interminables oraciones y vocabularios incluso con los estados de la materia y las mezclas de líquidos o los polígonos y sus perímetros y áreas…abrirlo era toda una sorpresa. Podríamos, parodiando, decir que era como el reflejo de la vida, nunca sabias que te podrías encontrar al abrirlo.
De todo, teníamos en ella de todo: Lengua española, Aritmética, Geometría, Geografía, Historia de España, ciencias de la naturaleza, dibujo, formación político-social, higiene, lecciones conmemorativas, historia sagrada…
Lo que único que hacíamos con el tiempo y los cursos que pasaban como una exhalación era sustituir una enciclopedia por otra más gorda, más gruesa, con más cosas y que pesaba mucho más. Así pasamos a la Enciclopedia de segundo grado de Álvarez y terminamos con la Enciclopedia de tercer grado de Álvarez, por supuesto ya un tomazo de tomo y lomo, un ladrillo inmenso casi más grande que nosotros.
Señalaba en el prologo su objetivo: facilitar el trabajo del maestro y lograr que el alumno se eduque y se instruya con el menor esfuerzo posible. Todo un logro pedagógico en esa época, todo un milagro.
Enfrente de nosotros la gran pizarra colgada de la pared, triste, negra, mas que usada, desgastada por años y años…y el suplicio de tener que salir a escribir en ella o a resolver alguna operación aritmética ¡qué desastre y miedo! ¡que suplicio!