Gente de mi barrio (II): el afilador.
Paragüero, afilador.
Voy andando por la acera de esta populosa ciudad en la que vivo y, de pronto, como una aparición veo una bicicleta en medio de la acera con un apoyo triangular trasero que levanta la rueda. Un señor ya mayorcito, más bien gordo, pedaleaba rítmicamente en ella, sin salir del sitio claro está.
Me acerque un tanto sorprendido y veo que en la propia bici lleva montada una pequeña rueda de afilar de tono azul, que gira de forma mansa y continua al compás de su pedaleo. En sus manos un cuchillo jamonero va rozando levemente la piedra que, con el arte de la experiencia, se van transformado en un afilado espero que casi perfecto. Un camarero de una cafetería de allí mismo lo miraba un tanto disciplente, más bien alejado, escapando de las chispas que se producen en el contacto de la piedra azul con el metal, casi fuegos de artificio.
Un afilador ambulante… ¡Dios mío!...allí ante mis ojos después de tantos y tantos años, una curiosidad, añoranzas, casi lagrimas en los ojos.
Lástima, pienso ahora, de no haber tenido una cámara de fotos, o de video o algo. Por no llevar, ni mi móvil lleva esos artilugios de última moda para sacar de fotos o bluetooth o lo que sea. (Las fotos están bajadas de este mundo de internet, mágico y que vale tanto para un roto como para un cosido)
Me vino al recuerdo al afilador de mi infancia, allá en el barrio. Aquel era también mayor, o así lo recuerdo, pero llevaba la piedra a mano es decir, iba en una armatoste de madera con ruedas que lo llevaba andando por todos lados, como una carretilla. Cuando trabajaba fijaba la estructura al suelo y pisando un pedal con el pie derecho movía una excéntrica que, a su vez, hacia girar la piedra de afilar...
Al grito de “do-re-mi-fa-sol-la-si, si-la-sol-fa-mi-re-do…Afiladooor, paragüeeeero… con el que se acompañaba siempre como adelantando su llegada, se abrían las puerta de las casas y las señoras, mi madre entre ellas, siempre tenían algo que afilar o un paraguas que reparar o una tartera que parchear. Porque mi paragüero de la niñez además de los cuchillos, sobre todo era un manitas para todo, sobre todo aquellas tarteras que de tan malas se descascarillaban y agujereaban cada dos por tres. No es como ahora que con el aluminio y el inox de calidad duran lo que duran y, por el precio, cuando se escacharran las tiramos a la basura y a comprar otra o un juego de tres al precio de una.
Venía con su grito y con su “siflon”, una especie de pequeña flauta de plastico.
“Tralalari…tralarara….tralarara…tralarari…”…Los niños lo veíamos trabajar con ganas de emularlo pero, debo confesar, que jamás me dejaron pisar aquella lamina de madera que con la excéntrica movían la gran piedra gris.
Terminado el trabajo cobraba al tiempo de un sacarse la boina negra y una pequeña inclinación y arrancaba a otros lugares:
“tralalara…tralalari…tralalara….tralalari…Paragüero, afilador…..”
El afilador de Goya.
Y la cancion que Mocedades le dedico:
Afilador (afilador paragüero)
Afilador (paragüero).
En tus pregones trais la mar
llevas la lluvia en tu morral.
En tu mirada niños hay
tú que si sabes navegar
llama a mi puerta de verdad.
Siete cuchillos que afilar
siete pretextos para amar
pan de centeno y uno más.
Afilador (afilador paragüero)
Afilador (paragüero).
Rueda que rueda tu rodar
hierro forjado al desglosar
miles de estrellas de metal
y allá a lo lejos canta el mar.
Aventurero de la mar
se te ha olvidado navegar.
Eres remero,
eres fugaz,
eres gorrión sin anidar.
Afilador (afilador paragüero)
Afilador (paragüero).
En tus pregones trais la mar
llevas la lluvia en tu morral.
En tu mirada niños hay,
tú que si sabes navegar.
llama a mi puerta de verdad.
Siete cuchillos que afilar
siete pretextos para amar
pan de centeno y uno más.
Afilador (afilador paragüero)
Afilador (paragüero).
Afilador (afilador paragüero)
Afilador (paragüero).