prometeo

desde poemas hasta critica social.
Gente de mi barrio: El mielero.

 “¡Buena mieeel, buen queeeeso!”


“¡Mieeel de la Alcarriaaaa!”

 

“¡A la riiiica mieeel!”

 

Era el grito de llamada de Xosé, que bajaba a la Alcarria (según el contaba) y subía lleno de miel y quesos deliciosos que ofrecía a muy buenos precios por las casa del barrio, uno de los grandes personajes itinerantes que pasaban por el barrio.

 

“Buena mieeeel, buen queeeeso”.

 

A su paso, normalmente después de la primavera, siempre hacia el gran negocio y, nosotros, como una rutina anual, le comprábamos el kilo de miel y dos trozos de queso de diferente curación. Queso blanco, suave como la brisa de los prados verdes y el queso curado, manchego, lleno de sabor e historia.

 

Buena persona, nunca discutía, siempre con su saludo y, lo que extrañamente me quedo en la memoria, su balanza romana con la que pesaba todo y una pesa de medio kilo que usaba para demostrar la bondad de la misma. Con todo ello y su eterna boina negra quedó la imagen para mi personal historia.

 

Cargaba de uno de sus hombres una especie de tonelete donde llevaba la miel con un cacillo de  madera de mango largo que sobresalía de la tapa. En el otro hombro un saco donde llevaba los quesos y una pequeña romana,

 

La miel de la Alcarria era color amarrillo viejo, pastosa, de la que, ahora, diríamos de mil flores, que se diluía en la boca con todo su azúcar natural. La recuerdo que olía mucho, pero que mucho, un olor a promesas sin cuento y a esperanza y dulzor…Se usaba, sobre todo en el invierno para las “papas” y ese remedio para las gargantas doloridas de agua caliente, zumo de limón y un par de cucharadas colmadas de miel disuelta. Había que tomar esa tisana bien caliente antes de acostarse. Mágica solución, milagro para todo. En voz baja se rumoreaba que ayudaba a cumplir en la cama a los machos, hoy diremos que como afrodisíaco; que ayudaba a la fertilidad de las mujeres y era antiinfeccioso de amplio espectro.

 

Me acuerdo, ahora, que la primera leyenda del brebaje mágico de los celtas fabricado por los druidas bajo el roble centenario, era aguardiente y miel, no como ahora que usamos el azúcar que es más fácil de usar.

 

Pero, un buen día, dejo de pasar con su cantinela. Los supermercados, la vida fácil, quizás la edad y su jubilación…no se, con el se fue algo, la miel no sabe lo mismo, los quesos son mas, digamos, de fabricación y la cantinela se ve sustituida por esas burdas canciones de verano.

 

“Buena mieeeel, buen queeeeso”

 

“¡Mieeel de la Alcarriaaaa!”

 

“¡A la riiiica mieeel!”

 

(mielero, ra.

1. adj. Que produce miel. Abejas mieleras.

2. m. y f. Persona que vende miel o comercia con ella.)

 

Publicado el: sábado, 14 de agosto de 2010 9:34 por adolvafer
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