Tesoros de Madrid. La iglesia de la Buena Dicha.
Que en Madrid hay tesoros eso lo sabemos todos; que hay tesoros a la luz del día y en la calle, también, solo están esperando que alguien, un transeúnte, un viandante, se de cuenta, los encuentre.
Así a escasos metros de la Gran Vía, en el número 21 de la calle Silva está la Iglesia de la Buena Dicha. Toda una joya modernista en medio de los grandes ejemplos barrocos de la villa y de la zona más moderna y cosmopolita. Su arquitecto fue Francisco García Nava, no adscrito de forma fija al modernismo pero que aquí da buen ejemplo de su buen hacer y que se acompaña de la casa que está al lado. Equiparable al trabajo de ese genio que fue Antonio Palacios y su genialidad del Hospital de Jornaleros de Maudes que se merece otra visita y su artículo respectivo.
Yo que adoro el modernismo de Gaudí, siguiendo sus huellas en Barcelona, el palacete de Astorga, edificio en León, que llegue a comer, si, a comer, en EL capricho de Comillas, toda una experiencia vital y artística y un clavo a la hora de la dolorosa.
Este edificio se levanto sobre el solar del antiguo Hospital de la Buena dicha fundado en 1594, donde atendieron a combatientes heridos del 2 de mayo y en su cementerio fueron enterrados muchos de los muertos destacando a Manuela Malasaña y Clara del Rey.
Todo fue derribado a finales del XIX y con el patronazgo de los Marqueses de Hinojales se construyo la actual iglesia, 1914 a 1916, en la que el arquitecto hace una mezcla de gótico, mudéjar, nazarí e influencias netamente centroeuropeas. Destaca ese exterior, toda una fantasía ensoñada.
En el interior destaca, sobre todo si lo visitáis por las mañanas (de 12 a 13,30 horas), por su luminosidad conseguida con esa cristalera inmensa y la que entra por los distintos sitios que van descubriéndonos. Luz mágica que nos cubre, que crea una sensación de paz y una capacidad de visión que va un poco más allá de la realidad tangible, creando ilusiones mágicas porque esta joya es pura magia.
Gran conjuncion con elementos modernos y de fantasias lejanas con esos otros mas clasicos como el altar mayor.
Lo más valioso es la capilla de la Virgen de la Misericordia, con el grupo escultórico del siglo XVII, esta justo en el exterior (sin entrar en la iglesia), lado derecho, tras una verja y cristales por desgracia sucios y poca iluminación. Se ve mal y es una pena porque es una maravilla de talla y de policromía.