Barceló y Mascaró en las calles de Madrid.
Me encanta el “arte” en la calle. Eso de ir paseando y encontrarte con algo nuevo, sorprendente, (no digo que me guste o no, pues a mí la mayor parte del arte moderno pues más bien me repatalea, me parece una total tomadura de pelo por parte de unos artista que al no ser capaces de igualar a sus maestros, por capacidad o falta de dedicación y estudio y practica-ya sabemos que hoy en día todo tiene que ser rápido y rapido y más rápidos- se dedican a amontonar cosas y a venderla, mas tarde, como obras tangibles de este tiempo moderno), eso de poder tocar algo novedoso, que ha roto la rutina visual de una calle o una plaza, eso de ver que todavía se hacen cosas y se ponen como si nada es realmente una delicia que se agradece.
Así el artista Miquel Barceló ha instalado una escultura monumental “Gran Elefant” en la plaza pública de acceso a Caixa Forum, cerca de la plaza de callao, en Madrid. En bronce fundido y cerca de los seis metros de altura, representa a un gran elegante que hace un equilibrio imposible apoyándose en su trompa muy en la línea de la película animada de “Fantasía de Disney”. La perspectiva de esta imposibilidad con el jardín vertical es una autentica maravilla visual y un cauce de sueños. Os invito a visitarla, vale la pena.
La otra, sin salir de Madrid, como una continuación, es por las calles de Recoletos y Castellana.
El artista Xavier Mascaró nos presenta un escuadrón de de hombre de hierro (en la misma plaza de Cibeles) que en su vacio interior dan pavor que se rompe por su inmovilidad.
Poco más abajo, en la plaza de entrada al Botánico, dos Budas de hiero tocan una flauta y, más bajo aun, en la plaza de Atocha, una barca de hierro de unos 17 metros de largo, con demasiados agujeros para navegar nos da el sueño ilusorio de viajar a otros mundos muy distintos a este y a unos mares aun más extraños. Esta barca de hierro en un Madrid sin mar es cuanto menos un chiste visual que se agradece. Ecos egipcios nos trae esta ultima obra.
Y así, sin vigilancia, tocando “arte” nos paseamos, de nuevo, por un Madrid un poco diferente y más agradecido.