Etica y/o estetica.
Estamos por encima de la ética y de la estética; solo existe, como fuerza primordial el ansia de sobrevivir.
Al fin y al cabo que mas da morir diciendo un: “¡que os jodan h.d.p.!” o esa hermosa frase de “¡cuantos libros aun por leer!”. Ninguna de las frases cambia nada del hecho de la muerte, de la última duda, ni del dolor de la ruta y paso de los mundos, ni la tragedia de la propia desaparición. La muerte siempre es y será fea, ominosa, ignominiosa. La muerte duele y en el dolor se justifica.
¿Y la ética, diréis? Lo primero es que habría que distinguir “cual ética” o cuales criterio de elección eligiríamos o el “cuando” o el “como”. Hay diferentes éticas para diferentes tiempos de la historia o, dentro de una era determinada, difieren esos conceptos de un lugar a otro. ¿Es más ético el abogado neoyorkino defendiendo a un pederasta en un juicio lleno de tramas legales que cuando está de vacaciones en México y gastando el dinero, lleno de drogas o de titis? ¿Es más ético ese abogado parisino que el guerrero masai africano? Y si, hay múltiples diferencias estética, cultura, ética y económicas.
Las circunstancias también cuentan. ¿Sera ese mismo abogado más ético en el juicio contra un mafioso que perdido en las cumbres andinas sin más alimento que la carne de sus propios compañeros muertos y congelados? ¿Cuál será la ética del sacerdote ante el pecado en el día de hoy, en Madrid capital, o en el Berlín de 1939?
Podríamos parodiar aquello de que “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.
La realidad es que el hombre puede ser un ángel o un demonio y, en ambos caso, revestiremos nuestros actos de un razonamiento que los tutela y los convierte en algo más que el mero instinto. Y esos argumento lo mismo valdrán para lo mejor y lo peor, para un cosido y un roto.
Pero mataremos para vivir, esa es la realidad última.
Mamaremos para vivir. (Como dicen en Marruecos en voz baja: si hay que mamar, se mama de la ubre de una vaca o de un español)
Mentiremos por el sueldo del fin de mes.
Hubo un film que, más que actuaba, estaba, Ringo Star (Si quieres ser millonario no malgastes tu tiempo trabajando), sobre el precio de la gente para que esta hiciera algo en contra de sus principios éticos o estéticos. Todos tienen/tenemos un precio, todos se venden/vendemos. Nos meteremos por un puñado de euros en un balde lleno de mierda o enseñaremos el culo a una cámara no tan indiscreta.
Nuestra cabeza también un precio y, tal como están las cosas en este país, las han puesto a precio de saldo.
Nuestro instinto, de raza, de humanos, es connatural, innato, como esa primera inspiración que hacemos al nacer, en ese instante de ahogo en el que nos falta todo y ese nexo, es, solo, una aspiración de nuestros pulmones vírgenes. Llenamos los pulmones en el dolor de nacer y lloramos por la pérdida de la comodidad del vientre de nuestra madre que nos alumbra a un mundo en que todo es trabajo, esfuerzo, consumo.
Seremos los ogros para devorar niños cuando nuestros dientes solo puedan triturar carne tierna, muy tierna.
Seremos vampiros de la noche para saciar nuestra ancestral sed.
Seremos demonios para combatir el dolor y destruir todo lo que nos daña.
Seremos magos negros para conjugar peligros.
Seremos diablos rojos, de esos de tridente y documentos de compra-venta de almas, de cuernos y lengua bífida, en medio de un infierno de sangre.
Seremos guerreros y pelearemos y lucharemos hasta el final del contrario.
Seremos, somos, maquinas poderosas para adaptarnos al lugar, no importa si es la selva virgen, la tundra siberiana, las callejas del Sojo londinense, las neveras del Himalaya o los palacios reales marroquíes. Nos mutaremos en los hombres azules o en los inouk o en los sherpas, nos disfrazaremos de huno bárbaro o de policía loco de barrio, nos introduciremos, como hijos de la noche, en el mundo de las drogas o en el del tráfico de esclavos.
Seremos, somos, como pequeños dioses adaptándose en el tiempo, al tiempo y a las circunstancias. Los dinosaurios no pudieron y desparecieron. Nosotros, como raza, no, sobrevivimos, sobreviviremos. Como los trogloditas en la glaciación venciendo a depredadores, miedos, desconocimiento y terrores. Como los seres que inventaron la agricultura y la ganadería y, al tiempo, las formas sutiles de matar como el “empalamiento”, o el “garrote vil” o esa exquisitez para paladares exigentes que es la”guillotina” o esa humanidad demostrada en la “inyección letal”. Me olvido de esas otras invenciones como “la gota”, “la rata del caldero hirviente”, “la dama de hierro”, “El potro”, etc…
Y podemos, eso aspiramos, previa o posteriormente, aferrarnos a una idea o a su contrario como justificación de nuestros actos. La una o la otra serán elegidas a nuestra conveniencia y de las circunstancias que se nos den. Siempre todo bien justificado.
Con “Mi lucha” en una mano, la “Biblia” en la otra y “El Corán” en la boca iremos a matar infieles y robarles las riquezas añoradas, mujeres deseadas y todo lo que tenga valor. O simplemente esperar la jugosa nomina con el peluquín mal puesto.
Crearemos Dioses que nos protejan y rijan y los mataremos, mas tarde, para protegernos y dirigir a otros hombres.
¿Y el dinero? Una deleznable creación, invento, uso para corromper, cambiar voluntades, crear nuevos amos, dependencias, interrelaciones ¿Y qué es ese dinero? …Solo bagatelas artificiales, criterios partidistas poco ecuánimes. Un engaño más. Nos engañamos. Nos engañan. Engañaremos.
Incluso la madre por defender a ese indefenso bebe (como la viuda negra, que es más respetable pues no sabe lo que hace) será capaz de lo mejor y de lo peor de la raza. Lo hará todo “por amor” aunque eso signifique una guerra o la destrucción de todo un pueblo o un ecosistema.
Copenhague sigue y solo hablan de dinero: unos para pedir más, otros para no dar de mas; dinero al fin y al cabo. “El dinero de los pobres de los países ricos que va a parar al bolsillo de los ricos de los países pobres.”