Mi personal homenaje a la gente que tiro el muro...de la verguenza.
Hace la friolera de treinta años cayó el muro de Berlín, ¡cómo pasa el tiempo!. Fue el nueve de Noviembre de 1989.
Miles de artículos en los noticiarios, con escenas de esa época y de los bravos alemanes que cincel en mano se lanzaron a romperlo y tirarlo. Alemania se unió de nuevo.
Cientos de artículos en periódicos con fotos conmemorativas, recordando esa felicitación de Walesa al presidente alemán. Aun hay rescoldos humeantes de ese tiempo.
Los socialista recalcitrantes, los comunistas, aplauden poquito, con resquemos, con miedo y desesperanza.
El resto, los ácratas, los libertarios, los socialistas modernos y activos, lo Demócratas de verdad aplaudimos con ganas y alegrías. Un muro tirado al suelo, una victoria y a por otro. Aun hay muros por el mundo que piden un cincel y un martillo y unas manos con voluntad para ser destruidos. Poco a poco, tiempo al tiempo. Caerán, claro que caerán.
Mi homenaje fue sencillo, casi triste. Cogí la mano de mi mujer y, andando, recorrimos medio Madrid hasta el Parque de Berlín. Un pequeño rincón verde de este Madrid de coches y humos y obras. Hicimos el breve pero intenso recorrido que se merecía esta celebración: Vuelta la ruedo por el estanque donde, en el centro, están los tres trozos de muro berlinés con lo que quedan de sus pintadas (me recordaron a tumbas vacías), después un poco en lo alto, en una esquina el oso,
que está en el escudo de la ciudad de Berlín desde el siglo XIII.
Y, cómo no, buscando, encontramos el monumento al genio de Ludwig van Beethoven, un busto egregio sobre un piano. (esta foto es del blog "Mis fotos de Madrid")
Una pequeña delicia, rodeado de gente joven jugando o haciendo deporte, de los viejos tomando el sol en los bancos o simplemente paseando…