Cuatro caminos.
Cuatro caminos.
Bello nombre para una plaza que, eliminado su feo y detestable escaletrix, se sitúa como centro del universo de esta tierra redonda, al menos para mí. Nombre para, como la rosa de los vientos, recrear los cuatro puntos cardinales que representa y viven en ella. Es la corona de la unión de las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia y, de ahí, a todo el mundo reflejado en su círculo mágico y cambiante.
Al Norte, sigue la calle de Bravo Murillo, que lleva a la Plaza de Castilla y la NI hacia Burgos, la Europa desarrollada y el étnico local variopinto como las regiones que lo conforman. Es una calle de mundo, variada, colorista, perversa, múltiple, llena de hombre y mujeres y niños como en un puzle gigantesco.
Al sur, dirección Plaza de España, la África natural, salvaje y misteriosa. Son los pies, la columna que se alza en el inicio de los tiempos.
Al Este, en el encuentro de la Castellana, el centro oriente y Asia, exótica, lejana, inescrutable, de filosofía rasgada como sus ojos. Es una grieta en el tiempo lógico traspasando las posibilidades y creando nuevas historias. Ucronias las llamaría alguno.
Al Oeste, con el rumbo de la universidad, la América profunda, llena de deseos, opulencia, el dorado a buscar y encontrar y conquistar. Es el sueño realizado. Son los vientos que rugen y arrojan a la playa los cadáveres de los hombres abrazados por el mar.
Allí, bordeando la redondez de la plaza, entre el tráfico de coches y autobuses, se ven los mayores grupos multiétnicos que se pueden encontrar. Quizás, salvo en Nueva York, en pocos sitios como este, podemos tropezar con la gran cantidad de gente venida de todas partes del mundo, atraídos como un imán por esta urbe de promisión. Promesas de trabajo y dinero y paz y alegría. Muchos sueños y esperanzas. Realidades todas pero escasas en estos tiempos de crisis.
Puedes encontrarte en unos escasos metros cuadrados con una maciza y morena andaluza, o ser ligado por una impresionante chica senegalesa o nigeriana, o encontrarte con los ojos profundos y febriles de una mujer magrebí o ser empujado por una frágil china que no te mira a los ojos.
Todos terminan pasando por una hamburguesa, barata y no está mal del Mac Donald pero la variedad de comidas también está presente en sus aledaños. Desde mesones gallegos (Combarro con sus empanadas y mariscos, de lo mejor. En O’ Pazo los mejores pescados. Rianxo mariscos frescos de los que salen corriendo cuando quieres cogerlos.)y marisquerías varias, se encuentran restaurantes italianos, (Maruzzela, Da Nicola.), mexicanos, ecuatorianos, peruanos, indios, japoneses (Teleshusi, Kabuki), kebabs sin fin y bien cargados de especies, pollo frito a la americana, carnes asadas argentinas, restaurantes chinos mil…se podria hacer la gran ruta gastronómica del mundo en unos metros de la plaza.
Es el centro del mundo, el centro de este Madrid en el que vivo, como, tomo un helado por la calle (es la epoca de las castañas calentitas) y, algún día, muera...