prometeo

desde poemas hasta critica social.
Un gran poeta se nos va, ya pocos quedan: Victoriano Cremer.

VICTORIANO CREMER.

Ha muerto el último gran poeta español, con sus 102 años a fallecido Victoriano Cremer.

Nacido en Burgos aunque vivió desde niño en león, obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1963.

Estuvo preso después de la guerra civil y durante su vida, tuvo más de un problema con el régimen desde la revista que editaba “Espadaña” que fue el medio de expresión de muchos autores de la llamada “poesía desarraigada”.

Tiene hermosos libros de poesía como “Las horas perdidas”, “La espada y la pared”, “Nuevos cantos de vida y esperanza”, “Furia y paloma”, “Tiempo de soledad” , “El amor y la sangre”, “Poesía total”, “El fulgor de la memoria”, “Cualquier tiempo pasado”, o “El último jinete” con el que obtuvo el premio Gil de Biedma de 2008, con sus 101 años de edad.

Escribió novelas, pocas, destacando su “Libro de Caín” y “Los trenes no dejan huella”.

Me permito reproducir, ¡qué mejor homenaje! Alguno de sus poemas que, para mí, son de los más representativos, mezcla de temas actuales y sociales con el amor en su vertiente más dura y real.

Si podéis coger algún libro de este hombre y descubriréis algo distinto, muy diferente y muy valido hoy en día. O simplemente pararos a leer estos bellos poemas de este hombre que no paro de trabajar hasta el dia de us ausencia...

AMOR

¿Serás, amor, un largo adiós que
no se acaba?
                      Pedro Salinas

Extenso mar, o renovado velo;
cuna del sueño, en la que el ser madura;
alondra vertical ganando altura
en la flotante música del vuelo.

Si látigo, te ciñes con anhelo.
Si beso, resplandece tu blancura
y la tierra redime su clausura
en la pradera extática del cielo.

De la raíz del hombre te alimentas,
de sus juegos más nobles, y le dejas
como una negra tierra fecundada.

¡Mírame ciego, Amor, buscando a tientas,
en un mundo de adioses y de rejas,
la salvadora luz de tu mirada!

 

CANCIÓN PARA LA GUITARRA

            Y canto para adentro
            porque no tengo afueras...
Me aprieto la guitarra
y siento la madera.
Se me llenan de música
las oscuras cavernas...
            Yo soy yo, limitado
             por carne sorda y venas.

Si alguna vez levanto
los ojos de las cuerdas,
me siento fugitivo
de lo que vale y cuenta.

Y no me reconozco,
y me doy tanta pena
que enmudezco y me duele
la raíz de la lengua

              Por eso cuento y canto
              para adentro las penas:
              Porque me sueno a hombre
              y me duelo de veras...

Y puedo decir: Hambres,
en plural; Vida Perra;
o simplemente Amor;
y escupir a la Tierra...

Canciones que me arranco
de las furiosas piedras
del montón de la sangre
que llevo siempre a cuestas.

Palabras con sentido,
efectivas vivencias.
No, Sol, Luna, Nenúfar
o Arcángel sin Fronteras.

Me escucho y no me importa
que los demás entiendan;
me basta con sentirme
el alma en la madera.

             Que canto para adentro,
             porque no tengo afueras.

 

 

 

 

 

DULCE AMOR

Las cosas suceden así,
sencillamente:

Vuelven del trabajo
con sabor de cal viva entre los dientes.
La esposa les contempla con costumbre.
-¿Quién dice amor, si la palabra estalla?-.

Y cogen del pan,
como si fuera barro y arena,
un puñado tan sólo.
(Es pan de pobres, desalado y negro
y triste como el silencio de la casa toda.)

Y se marchan.

(La esposa les oye cerrar la puerta,
pero no dice nada. ¡Está tan cansada!
Prefiere aquella fría soledad
con olor de abandono.

Pudiera recordar su juventud y dormir,
pero ¿quién sueña o duerme?
Los pobres no recuerdan;
mueren como las piedras roídas de las murallas.

Ellos, en tanto, beben
un agrio vino con sabor de azufre;
y si ríen y gritan y golpean,
es porque -¡Dios, qué vida!-
da rabia beber sin alegría.

Acaso entonces lleguen hombres
de esos que velan por la paz de las familias,
y les hablen del dulce amor de las esposas
y del descanso junto al fuego,
escuchando, por la radio, una dulce canción,
mientras los niños buscan en el atlas
países coronados de yedras o corales...

Si esto sucede, gritan con más fuerza
y beben más vino agrio con sabor de azufre,
hasta que ya no saben dónde tienen los ojos,
ni por qué les duele el corazón.

Les arrojan con prisa.
La calle es larga, y en el firmamento
las estrellas relucen.

Regresan a la casa -¡oh dulce hogar!- llorando.
La esposa les contempla con costumbre.
-¿Quién dice amor, si la palabra estalla?-.

 

 

Aquí contemplo vida...

     

Aquí contemplo vida, me hago llama
      de esta hoguera de manos que levanta
      sus negras lenguas a lo alto, siento
      que soy un hombre más entre los hombres,
     
      y un vestido de angustias me abandona
      sencillamente, así la noche deja
      desnuda el alba y libre, aunque con frío,
      cuando lejanos sones la presienten,
     
      frío tengo en el alma, pero canto,
      ahora que estoy aquí de nuevo y veo
      tanto gozo y dolor, tanta miseria
      y tan clara esperanza compartida.

Publicado el: domingo, 28 de junio de 2009 9:00 por adolvafer

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