Resaca de fiestas.
Resaca de fiestas.
Pasaron fiestas y más fiestas. Ya estamos con la resaca de tantos días de ocio y placer, tranquilidad y sosiego.
La fiesta del trabajo bajo la amenaza de la crisis galopante y los cuatro millones de parados; menos mal que las señales del gobierno nos dicen que no nos preocupemos, que no llegaremos a los cinco millones de tragedias familiares, no llegaremos. Las estadísticas ya se encargaran de ello y si es necesaria la policía militar, también se encargara de ayudar a bajar las cifras.
La de la Comunidad de Madrid bajo el signo de la división, sin saber que quien divide vencerás y que la fiesta de Madrid no es la fiesta de Esperanza en quien muchos tienen depositadas muchas esperanzas. Se proscriben unos y abandonan el campo a los cuervos; huyen como ratas y los perros con el rabo entre las piernas, síndrome de estampida, si no podemos con ellos al menos no los vemos pero, no recuerdan, quien paga, quienes les pagan que somos nosotros y si no vamos a trabajar nos descuentan el sueldo y hasta nos despiden por falta reiterada...…
La de la madre que solo hay una, nunca mejor dicho. Fiesta de manos y arrugas, celebración de abrazos y besos y carantoñas. Las flores que no falte, algún detalle también, una pequeña alegría en el menú, como no. Reuniones familiares en torno de la reina, la madre.
¿Qué queda de todo esto?
De la primera me quedo en un análisis de alguien en un bar, sabiduría popular, no por ello menos mala: que habría que aplaudir en los carrillos a los sindicalistas de Chivas en Londres y cobrar por no hacer nada hasta que desaparecieran avergonzados o se ocultaran bajo toneladas de estiércol de cerdos ibéricos y un buen zapateado, con tacones y reforzamiento de acero, sobre los cojones a esos nuevos ricos que, ahora, tras largos años de bonanza y beneficios sin límite, piden ayudas para seguir con su puto nivel de vida y “no tener que despedir a nadie más”. ¡Hay que tener cara dura!
De la segunda, que les quiten los salarios a los que no hacen el trabajo para el que los han elegido los madrileños. La huida es de cobardes y esos no merecen ni sueldo ni saludo, ni voto alguno.
De la tercera que nada hay más humano que el amor de la madre. Nada más hermoso. Ningún sacrificio es de tan gran merito. ¡Ah! Si las madres alzaran sus cabezas y se rebelaran, verían ahora lo que es de verdad paz y justicia en este mundo de tramposos y mentirosos. ¡Ahhh, madres al poder!