Una obra maestra formada por dos gran películas. Las banderas de nuestros padres y La cartas de Iwop jima.
Una obra maestra formada por dos gran películas. Las banderas de nuestros padres y La cartas de Iwo Jima.
Un regalo de ha ya tiempo, los críos por raro que parezca, y que por pereza aun no había desembalado, mas de dos horas cada película en una caja metálica, bellamente presentada, que incluían las películas de Clint Eastwood “Las banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”.
Dos tardes, después del sudoku, leer el periódico, tomar el café con un bombón, y empezar por la primera Las banderas….me sorprendió y eso que estaba presupuesto al film, a la aventura patriótica y americana de la guerra del pacifico (murieron en esa isla más de 20.000 soldados japoneses y 7.000 soldados americanos). La primera, debéis saber, es una versión crítica de la misma del bando americano y está enfocada en la famosa foto de Rosenthal de unos soldados levantando en el peñón de la isla la bandera americana. Pero, con las imágenes de la cruenta y brutal guerra, están las personas que están debajo de cada uniforme y es ahí donde Clint alcanza cotas de una rara y gran maestría; podríamos decir que es un director europeo, en el buen sentido de la palabra.
Aquí, como bien dicen estos personajes, los verdaderos héroes están muertos y no sirven para recaudar fondos. Hay que utilizar a los vivos pero que son grandes soldados, grandes combatientes con sus miedos, sus terrores, su compañerismo. Porque, como también puntualiza la voz en off, magistralmente utilizada, los soldados al fin y al cabo pelean por sus compañeros, luchan con y para ellos en una muestra de camarería ya eterna. Si, esta la obediencia, el honor, la nación y todo eso pero lo importante es el hombre que esta a tu lado guardando ese flanco tuyo mientras tu vigilas su otro flanco. Abnegación y compañerismo.
Pero de forma sabia y en un gran montaje, Clint no va desgranado la historia de unos jóvenes que no quisieron ser héroes, solo pasaban por allí cuando un fotógrafo les saco la gran foto: los tres vivos restantes que constituyen una excusa argumental para sacar la punta la lápiz y hacer una soterrada critica a la retaguardia, a como se ganan o se pierden unas guerras por baladíes cosas o recursos, a una sociedad lejana del frente del combate y a la que hay que hacer que se muevan por algo, darles un “leit motiv” en forma de unos hombres y una foto.
La invasión de playa esta genialmente realizada y filmada, quizás mejor que la de “Salvar al…” con trozos de acción gore, con brutalidades y entre las arenas negras y las boca de los cañones asomando por esos bunkers bien escondidos. Y ese enfermero corriendo de uno a otro lado…mientras van masacrando a todo el pelotón; ese sargento que se niega el ascenso para estar con sus hombres, esa casualidad de un gili-político que quiere una bandera y tiene que cambiarla para su capricho lo que da para jugosas reflexiones y consideraciones y al concepto de la obediencia debida, mal que nos pese.
En una segunda tarde, segunda película “Las cartas…” esta vista la guerra del otro bando. Es la película desde el punto de vista japonés y se centra en la resistencia nipona, organizada inteligentemente a través de túneles gracias a la estrategia del general Tadamichi Kuribayashi -Ken Watanabe. La rudeza y fanatismo japonés, frente a la normalidad de unos seres que no quisieron ser soldados y solo desean volver a sus casas, con sus mujeres, sus niños, sus profesiones. Con ellos, el valor ciego de los oficiales, su sentido del honor un poco arcaico, su defensa del emperador y de la madre patria pero, al revés de los que piensan de los americanos, serán ellos los que con sus rencillas, sus dudas, su distinta forma de entender la guerra y su oposición al general y sus métodos aceleren la derrota que, al ser en un trozo de la tierra de Japón, les será aun más dolorosa.
Sorprende la concatenación de las mismas escenas de la primera película pero en distintos enfoques como la captura del soldado y su tortura, el porqué los americanos en los túneles encuentran a un montón de soldados que se han suicidado haciéndose estallar granadas…hay escenas tremendas como la del oficial ciego que, dejado solo, se mata o antes, este mismo hombre atiende a su caballo moribundo...o esos soldados matando para no tener complicaciones a unos prisioneros de guerra…o ese oficial mirando a lo lejos a los americanos izando la bandera en el monte Subirachi; ese soldado que recoge los japoneses, la insumisión de Shimizu no matando al perro, etc.…
Tremenda e interesante, sorprende esa mentalidad e unos hombres que desprecian a los americanos y, al final, se encuentran con que son otra cosa y a la que terminan por valorar; los unos a los otros, los otros a los uno.
Lo mejor es el conjunto de las dos películas, una tras otra, como en un espejo, como un engarce de plata de un alarife sabio. Me ha encogido el corazón, me ha emocionado su belleza.
Y una música dulce, leve, lejana, puntúan las escenas y los personajes; una música que se solapa perfectamente con la tradicional japonesa en los altavoces de los subterráneos inundando los corazones….
Dos grandes películas que conforman un mosaico que es un autentica obra maestra, de las grandes y poco superables hoy en dia.