Todo en la vida va por rachas. La lectura es una de ellas.
Todo en la vida va por rachas. La lectura es una de ellas.
La racha en la que voy es la buena, grandes libros, buenos personajes, hermosas tramas bien narradas. Una buena pesca en ese proceloso mar que es la literatura ¡hay tanto donde elegir! ¡es tan fácil equivocarse!
Empiezas por una novelita desconocida de una desconocida autoras y te encuentras con un pequeño tesoro: HERIDAS ABIERTAS de Gillian Flynn. Primera novela de la autora que fue ensalzada por el mismísimo King… ¡qué miedo! Pero la oferta (tres novelas por diez euros) y ciertas críticas por internet me animaron a cogerla y leerla. No me he arrepentido. Así como descubrí a Graham Joyce en esa gran novela que es “Los hechos de la vida”, del mismo modo descubro a esta autora en este libro.
Es una novela sobre la familia, desde el punto de vista oscuro. De los secretos a voces en los pequeños pueblos, todo está en boca de todos y, al tiempo, es un secreto difícil de explorar por el intruso. Y es, también, la forma de recelo que es acogido en cualquier parte un extraño, o una nueva familia que siempre serán los nuevos, los extraños, los que tienen secretos inexplorados de antes de llegar.
Todo ello condimentado con unos personajes extraños cuanto menos, acomplejaos los más, locura moderna pero locura al fin y al cabo.
Sorprende, de pronto, en el libro, un cambio, a medio desarrollo, que no se puede decir por no romper las sorpresas del libro, que impacta y nos crea nuevas perspectivas. Y de giro a giro, nada es como parece y la trama se transforma en una serie de cajas chinas o la katiuska rusa.
Pero si la trama es buena, la acción sorprendente y lucida, lo mejor es el retrato de ese pueblo y su gente por un lado, y de la memoria de la gente por otro; pues es la memoria de la protagonista que, en su nuevo encuentro con amigas y conocidos, no va descubriendo los oscuros rincones de la sociedad y, sobre todo, de la escuela a la que fueron y en la que tuvieron que sobrevivir. Con ello el sentimiento de la culpa por vivir mientras otros mueren y como ese fantasma se inmiscuye en unas vidas, alterándolas, rompiéndolas, mutándolas y no necesariamente en el buen sentido.
Es un libro para coger abiertos, para dejarse la piel en sus páginas, para hablar con la protagonista y seguirla por la calles de su pueblo, para sorprendernos con cada giro de los oscuros rincones del alma. Todo es fácil, la escritora nos trasmite las sensaciones y las tramas con frases nada brillantes, como contando la historia en la rivera de un rio a la luz de la hoguera. Una amiga sorprendiéndonos macabramente, alucinándonos.
Pasas a algo más prosaico y conocido, un nuevo libro, de investigación, este, sobre ese personaje que se llamo Jack el destripador:
aquí está el libro de años de investigación y miles de euros, autentico informe y que se lee con la misma fruición que una novela protagonizada por Kay Scarpetta, el alter ego de la novelista.
Lo único malo es el enfoque que da al informe, pues parte de su presunción de la culpabilidad de Sickert y va desgranado sus argumentos. No nos dice como llego a esa conclusión y más parece una búsqueda de la culpabilidad que el descubrimiento de la verdad. Se ve agravada por el personaje del pintor pues los ingleses no pueden aceptar que su gran pintor impresionista fuera el criminal, ya sabemos que lo tienen en los altares del arte. Siendo un documentado alegato en el que expones desde los análisis de ADN, hasta el análisis de los papeles utilizados, sus membretes y los viajes, es como una gran novela perdida sobre unos crímenes y un asesino que, aun hoy, desconocido. Si bien da a entender que el asesino no paro como se presumió, hubo más muertes, mas decapitamientos, mas desvisceramientos.
Prosa hábil, trama no por conocida, vista con nuevos enfoques. Eso si, la escritora avisa de la que ha llegado hasta nuestros tiempos y todo aquello que se ha perdido, de los informes destruidos, de las pruebas que desaparecieron. Es curioso así ver la diferencia de la policía científica de nuestra época y los medios pobres de ese tiempo. Patricia no avisa, pero también se la ve convencida de su verdad.
Esta profusamente editado con fotografías de los asesinatos y de cartas del Destripador y de Sickert.
Un buen libro, curioso e interesante. Elimina muchas incógnitas y desmitifica muchas cosas.
Y se sigue con algo mejor:
Una gran prosa, no se hace pesada y al final añoramos a esos personajes que desfilan por las páginas y que nos conmueven y nos elevan. Son los malditos de las noches de un Madrid canalla y de una época dura y difícil, de cruces, de guerras y esperanzas, de revoluciones y buenas intenciones, de caldo de cultivo de otro tiempos más tormentosos y de exploración de la vida. Es sobre todo, literatura, a la antigua, de forma clásica y demuestra también un gran amor a nuestras novelas.
Esta considerada, por muchos entre los que se encuentra Pérez Reverte, como la gran novela española del siglo XX, como tal estaba perdida, inencontrable o a unos precios de oro, siendo el libro de segunda mano.
“Algunas de mis películas favoritas: Vértigo, Sed de mal, Fort Apache, Qué bello es vivir, Espartaco... Las máscaras del héroe es una novela sobre la bohemia madrileña de principios del siglo XX. Trata sobre los fracasados de la literatura y de cómo empeñaron su vida por su vocación hasta el punto de llegar a perderla (la vida).” Dice Prada en una entrevista en El Mundo, resumiendo de forma magistral el libro.
Lo curioso es el tratamiento femenino, capaces de lo mejor en la historia, mujeres de una pieza: Sara, Elena, Colombine y Teresa, musas disciplente pero con vida propia. Lo mejor de los capítulos son ellas a pesar de ser las menos
Hay capítulos escritos con sorna, otros con una jocosidad irreverente, otros con metáforas que te dejan sin aire como un golpe de boxeador, otros con la mirada lúcida y clara sobre una sociedad que ya paso, gracias a Dios.
Esta ese capítulo de la muerte del padre de Navales, ronca, deje de amargura negra como la historia de este país. O ese otro de los suicidas del Viaducto con una sonrisa torva. O el despelote en los jardines, pícaro y procaz. O el de la paliza a los homos por Buñuel y su sequito. O ese otro relatando la marcha de Gálvez con un ataúd y el cadáver del hijo nacido muerto para pedir limosnas y bebérselo de triste. O ese contubernio sexual de Navales con teresa y como acaba de pagar como uno más, no, más que uno más.
Y termino, por ahora, aun queda mucho por leer:
La elegancia del erizo es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida.
Reconozco que me sorprendí al tener este libro en mis manos y leer el primer capítulo; la reacción fue instantánea: comprarlo. Lo he devorado lentamente, si me permitís lo raro de la frase. He tenido que esforzarme en leérmelo en una sentada. He estado unos días cautivado por la prosa, los conceptos, la humanidad trágica que destila. He sonreído con unos personajes deliciosos y la critica soterrada y dura que está detrás de sus páginas. Está en la Francia, la grande, la burguesa, la de la libertad y todas esas cosas; podría estar perfectamente en esta España de hoy y nuestra. La portera, la de nuestro edificio. Esa chica, la rarita de las gafas que mira al suelo y no le hacemos ni caso. El edificio, el nuestro.
Y sobre todo, es humor del bueno. Una mirada lúcida y brillante sobre todas las cosas. Sonreímos, nos sorprende la autora y, sorprendidos, nos introducimos en las vidas de esa gente que, un poco, somos nosotros.
Va, en capítulos alternos, en primera persona, la portera y la niña narrándonos sus inquietudes y sus esperanzas o desesperanzas, al cabo es lo mismo. Hay una bella poesía en la forma de narrar, en la forma de filosofar, fácil y sencillo, como la vida a la que pertenece. Hay un ataque total a la hipocresía y etiquetas, siempre con humor. Es de destacar la idealización de la cultura japonesa en el papanatismo occidental que hace que la novela este llena de pequeños haikus y tankas (Por el contrario ese oriental que adora a los escritores rusos, en especial y con sus gatos con nombres en homenaje a los mismos).
“La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera.”
“Ser pobre, fea, y, por añadidura, inteligente, condena en nuestras sociedades a trayectorias sombrías y desengañadas a las que más vale resignarse lo antes posible”
Leerlo, será uno de las momentos más interesantes de estos tiempos, yo, lo reconozco de nuevo, llore, llore sin tapujos con su personajes y sus dramas. No me avergüenza, será el sino que, sin embargo, me impide leer y reír a carcajada limpia con los libros de Mendoza a la vista de la gente.
Ahora estoy leyendo, esta sobre la mesilla de noche como mi guardian y amigo, "Kafka en la orilla". ya contare.