Moraleja para un final de septiembre.
Septiembre y su moraleja:
Un turista visito a un famoso rabino.
Se quedo asombrado al ver que la casa de dicho rabino consistía sencillamente en una habitación atestada de libros, solo con una mesa y una silla.
“Rabino, ¿Dónde están tus muebles?”, pregunto el turista.
“Y ¿Dónde están los tuyos?”, replico el rabino.
“¿Los míos? Pero si yo solo soy un turista. Estoy aquí de paso”, dijo el turista.
“Lo mismo que yo- contesto el rabino-Todos estamos de paso, todos somos turistas”
(Nos creamos mil necesidades y después no podemos vivir sin ellas; mp3, libros, comics, dvds, radios, transistor, televisión, tele portátil, ordenador, consolas, teléfono móvil y un largo, pero que muy largo etcétera. otros, ademas de lo habitual, colecciones falsas monedas agujereadas, o timbres inutiles sin usar, o muñecas peponas que jamas han recibido un abarzo tierno de una niña, o rosarios mas falso que Judas, o abanicos nuevos con pinturas decorativas viejas, o cristales tallados que relucen como plastico chino, o cochecitos de juguete recordando lo que nuncas tendras de verdad, o cientos de figuras de cientos de esos llamados super heroes cuando los de verdad estan en nuestro entorno, o cuadros pintados a costa del plomo y la acuarela....
En el armario, faldas largas, cortas, por encima de la rodilla, minifaldas, de verano, gruesas de lana; pantalones vaqueros negros, rojos, azules, verdes; piratas azules y negros; cortos blancos y marrones…blusas de cientos de formas y colores y tactos y diferente grosor y no hablemos de las decenas de zapatos de temporada y deportivas miles…
Si lo pensamos bien podríamos tirar a la basura más de dos tercios de nuestras posesiones y nada cambiaría en nuestro entorno y en nosotros mismos. Seguiríamos siendo unos acaparadores de pseudo basura. Y si tirásemos la mitad de ese resto aun tendríamos muchas inutilidades en nuestras manos.
Y de la mitad de ese tercio que nos quedamos aun podríamos tirar, seguramente, alguna que otra inutilidad.
Venimos al mundo desnudo ¿para qué más si al final solo necesitamos 2 metros cúbicos de hueco en la tierra?
Ligeros de equipajes, casi desnudos, como los hijos de la mar, al menos eso dijo el poeta sabio y clarividente.)