A mi amiga. (Por una abuela de 76 años).
(No hace mucho una vecina del barrio donde vivimos de siempre, donde nos criamos, donde aun están mis padre, murió, se fue cansada de vivir, de los achaques y dolores; era una persona muy especial para todos nosotros pues vivíamos puerta con puerta, separadas las casa por un murete de ladrillo que apenas escondía las voces de uno a otro lado, tanto era así que incluso nos hablábamos a través de él. Sus hijos eran nuestros amigos, fueron nuestros compañeros de clase, nuestra pandilla de playa y partidos de futbol. Quedan ya muy poquitas personas de esos primeros tiempos. Mi madre, 76 años, le dedicó un pequeño laudatorio, un homenaje a la amiga que se fue que, inicialmente, fue publicado en la revista digital del centro social de dicho barrio. Es la entereza y la pregunta de la vejez por la vida, por los recuerdos, por el enigma sombrío del porque, de donde y a donde….)
A mi amiga
Llevábamos viviendo 54 años puerta con puerta, viéndonos con solo salir a la calle. ¿ Te acuerdas cuando llegaste aquí de tu tierra?. Eramos al principio muy pocos vecinos. Yo llevaba como un mes cuando tú llegaste, traías hijos, yo también, se hicieron pronto amigos, jugaban, iban al colegio juntos y así también surgió la amistad entre nosotras. Muchas veces iba a tu casa ( de aquella no se cerraban las puertas) y te encontraba llorando, me daba mucha pena verte así, echabas de menos tu tierra y aunque tenias aquí a tu marido e hijos, habías dejado mucho atrás: madre, hermanos, etc. etc. Te consolaba pero acababa llorando yo también, mi familia estaba a 20 minutos en tranvía pero también los echaba de menos, por eso té comprendía pues tu venias de lejos de otro clima y otro ambiente, todo con el tiempo fue pasando y con mucho trabajo fuimos criando a los hijos, se hicieron mayores, gracias a Dios salieron buenos chicos, tanto los tuyos como los míos, se casaron y quedamos solas, aunque eso si, siempre pendientes de nosotras. ¿Què te pasó amiga mía? ¿ te cansaste de vivir?, un día temprano pediste un taxi y te fuiste a sabiendas de que jamás volverías. Cuanto te hecho de menos, cuando salgo a la calle miro tu casa vacía y me entra una pena inmensa.
El otro día salio como todos los años nuestro Cristo a la calle, lo acompañe un rato (pues mis piernas no pueden hacer ya todo el recorrido) me emociona siempre ver la cantidad de gente que lo acompaña, gente mayor y también mucha juventud, parejas jóvenes con sus cochecitos de bebés, en fin, esta Fe que no muere, sino que se incrementa año tras año. Cuando el Cristo pasó a mi lado surgieron mis lágrimas contenidas pensando en ti, amiga mía y le pedí que te llamara a su lado, para que puedas encontrar la paz. Adiós para siempre vieja amiga.
Estrella