Niños, ya es verano.
Ya es verano.
El verano es sinónimo de vacaciones, de niños, de juegos, de risas y llantos en los pequeños accidentes producidos. Sobre todo niños alegres, libres de la esclavitud de la escuela, de los productos y raíces, de los ríos asiáticos o de los malos dibujos con pintura dedos, de viejas currupias de maestras o la rigidez física de los profes de gimnasia. Libres de levantarse a una hora exacta, entrar en el cole a la hora exacta y salir del mismo cansado y cansino para repetir el día.
Pero estamos de vacaciones. Se levantan mas tarde que de costumbre, hay ruidos y gritos por las casas…el parque esta lleno de niños que se pelean por el columpio, que juegan al fútbol emulando a sus héroes de talón bancario y poco arte en sus botas, o montan en bici dando vueltas sin pared a un circuito imaginario.
Da gusto verlos en estos largos veranos. Se despliegan invadiendo todos los rincones, alumbrando nuestras vidas y nuestros oídos. Los encontramos en las piscinas, en los jardines, en las playas, en los montes, en el campo, en las simples aceras o tirando de sus padres o abuelos en el centro comercial.
Se cambian los ropajes por otros mas alegres, aparecen los amarillos, los grandes rojos, los azules luminosos, los verdes naturales…y todo se acorta, pantalones cortos, faldas mas cortas, camisetas cortas, o sin mangas…desaparecen los crueles zapatos y los odiosos calcetines.
Las vacaciones son de los niños, para los niños, son los niños.
Las vacaciones son el juego con mayúsculas, la alegría de las carreras, la competición sin sentido, la emulación y, sobre todo, el no hacer nada. Si, el no hacer nada por la simple razón de poder hacer nada, lo que queramos.
Y habrá las heridas en las rodillas, los mordiscos de la pequeña de turno, la pelea por una pelota que terminara con el llanto de los dos, la acritud firme en las horas de sueño, ya caído el atardecer y el cansancio haciendo mella en todos.
Lo malo es, por otro lado, las horas frente a la caja tonta casi obligados por la familia a ver programas tontos y aburridos, donde tratan a los niños como tontos o idiotas.
O avanzan de la mano arrugada de los yayos, incapaces de seguir su ritmo, solo les siguen las palabras de mesura y miedo, si, miedo, por la energía demostrada y la locura bajo el sol que manifiestan.
Suben altos picachos de castillos encantados rojos en el parque de juegos, hasta el más miedoso, agarrándose con sus dos manos, asciende con el miedo en la vejiga. Es el símbolo, subir hacia el sol que nos vigila y sonríe a los niños que, como el, solo esperan estos días.
Verano, el paraíso de los niños y el infierno de los padres que han perdido la capacidad de sorprenderse con la infancia..
Porque todos, al final, terminan reventados incluidos los padres, sufridores de estos días. Agradecidos sufridores.