Junio: Un juez insobornable.
Junio y Un juez insobornable, ¡ojala!
Dos cazadores tenían un pleito. Uno de ellos pregunto a su abogado sobre la conveniencia de enviar unas perdices al juez.
“De ningún modo—contesto el abogado—Ese juez alardea de insobornable. Un gesto así produciría el efecto contrario”.
Pues bien ganaron el juicio y el hombre agradeció el consejo al abogado, y le explico:
-¡Al final envié las perdices al juez…bajo el nombre de nuestro oponente”.